Sí, tu mascota puede convertirse en un problema ecológico: los gatos que deambulan libremente amenazan especies en peligro y pueden provocar extinciones de otros animales

Tanto los perros como estos felinos pueden convertirse en especies invasoras, pero la percepción social y la normativa sobre su presencia callejera difieren mucho

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Los gatos asilvestrados pueden convertirse en especies invasoras. (Magnific)
Los gatos asilvestrados pueden convertirse en especies invasoras. (Magnific)

Estamos cada vez más acostumbrados a escuchar las graves consecuencias que las especies invasoras provocan sobre los ecosistemas en los que se introducen. Es el caso, por ejemplo, del cangrejo rojo americano, el mapache o la cotorra argentina. Sin embargo, las mascotas que muchas personas tienen en su casa también pueden convertirse en parte de este mismo problema.

Esta cuestión causa polémica e incomodidad, pero cada vez más estudios científicos lo avalan: los animales domésticos pueden ser un peligro para la fauna silvestre, por lo que pueden convertirse en especies invasoras.

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Sobre esta cuestión escriben los autores de un reciente estudio publicado en la revista European Journal of Wildlife Research, en el que se analiza el impacto de gatos y perros domésticos sobre la biodiversidad, las percepciones sociales que condicionan su manejo y las obligaciones legales intencionales vigentes en cuanto a este aspecto.

Los gatos domésticos con acceso al exterior sin supervisión pueden ser un problema ecológico. (Magnific)
Los gatos domésticos con acceso al exterior sin supervisión pueden ser un problema ecológico. (Magnific)

La investigación —liderada por Carlos Javier Durá Alemañ, del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC), y en la que participan expertos de la Universidad de Tilburg (Países Bajos), la Universidad Miguel Hernández (Elche) y la Universidad de Alicante, así como investigadores independientes— señala que estos animales que viven en la calle o tienen libertad de deambulación deberían ser trasladados a recintos cerrados o santuarios y ser paseados con correa.

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Una amenaza para especies en peligro

Según la revisión del estudio, los gatos han contribuido a la extinción global de al menos 63 especies y, además, suponen una amenaza para al menos 367 vertebrados amenazados incluidos en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Los perros también forman parte de este problema: 11 extinciones a las que han contribuido y 188 especies a las que amenazan.

Especialmente grave es la situación en las islas, ya que en muchas de ellas existe fauna endémica que ha evolucionado sin este tipo de depredadores. Así, su introducción merma significativamente las poblaciones.

Los animales domésticos pueden entrar en conflicto con la fauna silvestre. (Freepik)
Los animales domésticos pueden entrar en conflicto con la fauna silvestre. (Freepik)

“Para dar otro ejemplo, en la isla de Gran Canaria (España) se estima que el número de gatos con dueño es de 50.000, y alrededor del 17 % de ellos regularmente llevan presas a casa. Estos datos indican que los gatos sin un control adecuado pueden suponer un problema de conservación para los vertebrados nativos de Gran Canaria", escriben los investigadores.

De esta manera, el impacto de los gatos sobre la biodiversidad es más severo y afecta a un mayor número de especies amenazadas que los perros. Esta distinción, sin embargo, puede estar motivada por las diferencias en las percepciones sociales y las prácticas de manejo de ambas especies.

El problema de la deambulación libre

Mientras que existen prohibiciones más generalizadas sobre la deambulación libre de los perros, exigiéndose que sean paseado con correa y supervisados en la mayoría de los contextos urbanos y áreas protegidas, no ocurre lo mismo con los gatos. Además de que socialmente la presencia de perros callejeros es percibida como negativa o peligrosa.

Primer plano de un gato atigrado gris y blanco con un ratón marrón en la boca, visible en el hocico. El fondo desenfocado muestra la entrada abierta de una casa.
Un gato doméstico sostiene un pequeño ratón marrón en su boca. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el caso de los gatos, los autores del estudio indican que, debido a la creencia histórica y actual de que contribuyen a controlar plagas de roedores, se tolera su libre circulación. A esto se suma que se asume que su bienestar requiere acceso al exterior y que la presencia de colonias felinas se ha normalizado en muchas zonas.

No se tienen en cuenta ni las cuestiones relacionadas con la biodiversidad ni con la salud: un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Columbia Británica (UBC) y publicado en PLOS Pathogens concluye que el riesgo de enfermedad, aunque se asocia comúnmente con los gatos asilvestrados, es también alto para los gatos domésticos con acceso al exterior sin supervisión. Algunos de los patógenos a los que se exponen pueden infectar a los humanos.

Prácticas de control diferentes para perros y gatos

Los investigadores señalan que tanto la regulación internacional como la europea no justifican diferencias legales significativas en cuanto al control entre perros y gatos. Pese a ello, los estados miembros de la Unión Europea suelen aplicar normativas más estrictas para los perros, como es el caso de España.

No es este el único estudio que analiza esta cuestión. Una investigación publicada en la revista Biological Conservation por el profesor Miguel Ángel Gómez-Serrano, del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva de la Universidad de Valencia, incide sobre esta cuestión.

Más de 286.000 perros y gatos abandonados en España al año: estos son los motivos más comunes.

El especialista señala que los gatos abandonados o escapados pueden formar poblaciones autosuficientes en la naturaleza que repercuten en la supervivencia de las especies autóctonas. “Aunque los gatos asilvestrados cumplen todos los criterios para ser clasificados como especie invasora, las autoridades han evitado en gran medida reconocer esta designación. Si bien la UE posee el marco legal para abordar este problema, resulta evidente que actualmente falta el compromiso político para incluir a los gatos en la lista de especies invasoras”.

Bienestar animal y conservación

Los autores apuestan por soluciones responsables que respeten el bienestar animal a la vez que prioricen la conservación de especies. “La clave ética radica en entender que los gatos son víctimas de la irresponsabilidad humana, por lo que la gestión debe priorizar soluciones humanitarias que integren la conservación ambiental sin recurrir al exterminio masivo".

Así, el tratamiento legal de los gatos debería ser al menos tan restrictivo como el de los perros y promover el realojamiento de los gatos libres en santuarios o recintos seguros para eliminar gradualmente las poblaciones en áreas naturales y urbanas. Junto a todo esto, es importante concienciar a la población sobre la tenencia responsable y los potenciales daños que pueden producirse en la biodiversidad.

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