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La mejor forma de conservar tomates no es secándolos ni convirtiéndolos en salsa, es aplastarlos y meterlos en botes

Preparar conserva de tomate no exige técnicas complicadas ni ingredientes especiales, aunque sí prestar atención a las medidas de seguridad alimentaria. El método consiste en pelar, trocear y envasar el tomate en condiciones higiénicas, para después someterlo a un tratamiento térmico que prolonga su vida útil

Conservas de tomate. (Getty)
Conservas de tomate. (Getty)
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En verano, los tomates alcanzan su mejor punto de maduración y muchas personas se preguntan qué pueden hacer para que duren. Hay quien prefiere secarlos o preparar salsas, pero existe una alternativa sencilla y práctica que permite mantener el tomate con todo su sabor y textura: hacerlo conserva.

La mejor forma de conservar tomates

El primer paso para preparar esta conserva casera es elegir tomates frescos y en buen estado. No hace falta recurrir a ninguna variedad concreta, pero sí es importante que estén maduros y sin golpes ni zonas estropeadas. Lo primero que hay que hacer es pelarlos, para lo que no es necesario escaldarlos previamente: basta con retirar la piel con un cuchillo o un pelador. Una vez pelados, los tomates se cortan en trozos grandes y se aplastan. Se recomienda, aunque no es imprescindible, añadir una pequeña cantidad de sal para ayudar a la conservación.

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Los trozos de tomate se van introduciendo en tarros de cristal limpios y secos. Es fundamental compactar bien el tomate dentro del bote, apretándolo con una cuchara o con las manos, para reducir al máximo la presencia de aire. Esto ayuda a evitar la aparición de bolsas de aire que pueden afectar a la conservación y hace que el producto final se mantenga más tiempo en buen estado. Una vez llenos, los tarros deben cerrarse con tapas que estén en perfecto estado, sin óxido ni abolladuras.

Antes de llenar los tarros, es recomendable esterilizarlos junto con las tapas. Para ello, se pueden hervir durante unos quince minutos en agua abundante y dejar escurrir sobre un paño limpio. La higiene es clave en este proceso, así que conviene lavar bien las manos y evitar cualquier contaminación durante la manipulación de los ingredientes y los envases.

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Una vez cerrados los botes, llega el momento del baño maría. Se coloca un paño en el fondo de una olla grande para que los tarros no golpeen durante la cocción. Los botes se distribuyen en la olla y se cubren completamente de agua. La cocción debe durar entre veinte y veinticinco minutos a partir de que el agua comience a hervir. Este proceso de pasteurización es fundamental para que el tomate se conserve durante meses sin problemas.

Al terminar la cocción, los tarros pueden dejarse enfriar dentro de la olla o sacarse y colocarlos boca abajo sobre un paño. Ambas opciones ayudan a que el cierre sea hermético. Cuando estén a temperatura ambiente, se recomienda comprobar que las tapas no se han deformado y que no hay fugas. Cualquier bote que tenga la tapa abombada, presente fugas, óxido o un aspecto extraño debe descartarse.

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recuerda que, aunque la conserva de tomate es una forma eficaz de aprovechar el producto de temporada, es imprescindible seguir unas normas básicas de higiene y conservación. El organismo aconseja utilizar siempre tomates frescos, tarros y tapas en perfecto estado y desechar cualquier conserva que ofrezca dudas sobre su seguridad. Además, recomienda hervir el contenido de los tarros antes de consumirlo, ya que así se elimina cualquier posible toxina. Una vez abierto el bote, el tomate debe guardarse en la nevera y consumirse en pocos días.

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