Qué son los incendios de sexta generación y por qué son tan peligrosos: tienen varios focos, un comportamiento impredecible y son capaces de crear su propia meteorología

Los megaincendios son la generación más peligrosa de incendios debido a la incertidumbre de su expansión e intensidad

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La Adrada, uno de los municipios del Valle del Tiétar (Ávila), ha sido evacuado de forma preventiva este sábado ante el avance del grave incendio de Burgohondo que, junto con el de Madrid, tienen en vilo a la población aledaña y que han quemado ya más de 45.000 hectáreas.
Varias personas observan el fuego durante las labores de extinción del incendio forestal, a 25 de julio de 2026, en La Adrada, Ávila, Castilla y León (César Vallejo Rodríguez / Europa Press)

Los incendios forestales en España ya han arrasado hasta el 26 de julio las 152.678 hectáreas, según datos provisionales del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Esta cifra se ha multiplicado por seis con respecto a los datos de 2025 en las mismas fechas (24.133 hectáreas). La superficie afectada ha aumentado porque también lo ha hecho el número de los grandes incendios (los que superan las 500 hectáreas) que, a comparación con los siete del año pasado, hasta este mes de julio se han contabilizado un total de 32.

Después de la catástrofe en Los Gallardos en Almería o en La Mierla en Guadalajara, la emergencia por incendio ha llegado a Madrid, Ávila y Toledo con el incendio de Sierra Oeste y Burgohondo, y Castellón en Vall d’Uixó. La propagación de todos ellos se ha debido, en parte, a los cada vez más frecuentes incendios de sexta generación o megaincendios, originados por la crisis climática y el abandono de los montes.

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Estos incendios no se caracterizan únicamente por la gran cantidad de hectáreas quemadas, sino por su virulencia y capacidad de alterar la atmósfera. Tal y como describen desde WWF, estos fuegos liberan tanta energía que modifican las condiciones meteorológicas a su alrededor. El calor extremo hace que el aire caliente y el vapor asciendan rápidamente, formando grandes columnas convectivas que originan pirocúmulos (nubes de tormenta generadas por el propio fuego). Si estas columnas se desploman, provocan fuertes rachas de viento erráticas y esparcen material incandescente a kilómetros de distancia, abriendo focos secundarios casi simultáneos e impredecibles.

La Adrada, uno de los municipios del Valle del Tiétar (Ávila), ha sido evacuado de forma preventiva este sábado ante el avance del grave incendio de Burgohondo que, junto con el de Madrid, tienen en vilo a la población aledaña y que han quemado ya más de 45.000 hectáreas.
Una persona trabaja en las labores de extinción del incendio forestal, a 26 de julio de 2026, en La Adrada, Ávila, Castilla y León (César Vallejo Rodríguez / Europa Press)

El monte abandonado es un polvorín continuo

Debido a la gravedad de este fenómeno meteorológico, numerosas instituciones han estudiado sus efectos. En un estudio publicado en la revista Global Ecology and Biogeography en 2022, proponen calificar de “megaincendio” un fuego espacial y temporalmente continuo que supera las 10.000 hectáreas de superficie, ya que el 94% de los megaincendios documentados a nivel mundial sobrepasan esta barrera física. Dentro de este trabajo, Dale G. Nimmo también acuña los términos de “gigaincendio” (más de 100.000 hectáreas) y “teraincendio” (más de un millón de hectáreas) para describir la alarmante escala que están alcanzando las llamas en el planeta.

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Los factores detrás de esta peligrosa realidad combinan la crisis climática con el cambio en el uso del territorio. Por un lado, las intensas olas de calor y las sequías prolongadas secan la vegetación, convirtiéndola en combustible disponible para arder casi de forma inmediata. Por otro lado, como detalla el Informe del Centro Tecnológico Forestal de Cataluña de 2016 (elaborado dentro del proyecto e-FIREcom), el progresivo abandono del campo y de la ganadería extensiva ha propiciado que los bosques se vuelvan densos, continuos y cargados de biomasa sin gestionar.

Esta sobrecarga forestal alimenta la “paradoja de la extinción”, como advierte un informe de la WWF. Gracias a la excelente preparación técnica, los equipos de bomberos extinguen con rapidez el 98% de los incendios iniciales, lo que impide que el monte se limpie de manera natural. Esto provoca una acumulación continuada de vegetación que, al coincidir con condiciones meteorológicas extremas, propicia incendios incontrolables que exceden por completo la capacidad de los medios mecánicos y aéreos. A ello se suma, como detalla la Cruz Roja en un reportaje, que la desconexión de la población urbana (el 80% del país) respecto al entorno rural ha provocado una pérdida de cultura y conciencia forestal sobre más del 60% del territorio nacional, que actualmente está desatendido.

Infografía de Infobae con seis paneles que muestran la evolución y características de las generaciones de incendios forestales.
Una infografía de Infobae detalla la evolución de los incendios forestales a través de seis generaciones, desde fuegos por abandono rural a fenómenos que alteran la atmósfera. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuál es la diferencia entre un gran incendio forestal y un incendio de sexta generación

La evolución en el comportamiento de los incendios forestales, provocada por los cambios en el uso del territorio, el clima, la economía y los propios sistemas de extinción, se clasifica en seis fases históricas. El estudio técnico, elaborado por miembros de la Unidad Técnica de GRAF de los Bomberos de la Generalitat de Cataluña, detalla las características y las respuestas tácticas asociadas a cada una de estas generaciones:

  • 1.ª generación, la continuidad del combustible. Se desencadena debido al abandono rural, que elimina la compartimentación del territorio. Al no haber discontinuidades agrícolas en el paisaje, el fuego se propaga de forma continua e ininterrumpida, haciendo que las maniobras tradicionales (líneas de agua y herramientas manuales) sean insuficientes para cubrir perímetros que se extienden rápidamente hacia zonas remotas e inaccesibles. La respuesta del sistema consistió en profesionalizar los primeros retenes de extinción y crear infraestructuras de anclaje lineales para confinar el fuego en distintas teselas del territorio.
  • 2.ª generación, continuidad y velocidad. Las antiguas zonas de cultivo abandonadas son colonizadas por matorral joven, un combustible fino y altamente inflamable que, sumado a la falta de aprovechamientos forestales y ganaderos bajo el arbolado, incrementa notablemente la velocidad de propagación del fuego. El intenso calor generado deseca la vegetación que se encuentra por delante de la línea de llamas, permitiendo al incendio saltar las infraestructuras preventivas de la generación anterior. El sistema de extinción respondió potenciando el ataque inicial rápido y contundente mediante despachos automáticos, construyendo redes de vigilancia y lanzando campañas de concienciación y control de accesos.
  • 3.ª generación, una mayor intensidad. La gran acumulación de combustible forestal sin gestionar (normalmente en una superficie de 500 hectáreas) propicia la aparición de los Grandes Incendios Forestales (GIFs). Estos fuegos alcanzan tal intensidad que sobrepasan la capacidad de extinción en ataque directo de los brigadistas y son capaces de lanzar focos secundarios (ascuas) a largas distancias. La respuesta obligó a pasar del plano de las maniobras físicas al análisis táctico y la previsión de escenarios de riesgo, reintroduciendo el fuego de forma controlada mediante quemas prescritas y buscando “ventanas de oportunidad” naturales en el terreno donde el fuego sea vulnerable.
  • 4.ª generación, la amenaza a viviendas y urbanizaciones. Los grandes incendios penetran de lleno en la Interfaz Urbano Forestal (IUF), amenazando directamente viviendas y urbanizaciones. Los equipos de emergencia pierden la iniciativa y se ven forzados a actuar a la defensiva para proteger vidas humanas, sufriendo “infotoxicidad” (saturación y ruido de información irrelevante en la toma de decisiones). La respuesta técnica pasa por priorizar el no colapso del sistema de extinción aplicando un Sistema de Comando de Incidentes (ICS) adaptado, dividiendo las urbanizaciones en sectores funcionales y filtrando el exceso de información para mantener la anticipación al fuego.
  • 5.ª generación, dos frentes abiertos. Se produce la simultaneidad de múltiples GIFs de tercera y cuarta generación a escala de paisaje, amenazando con el colapso absoluto de los sistemas nacionales de emergencias. Estos megaincendios ocurren en un entorno donde el cambio climático ya juega un rol activo. La respuesta exige dar un salto del análisis táctico a decisiones estratégicas globales a futuro, asumiendo que los GIFs actúan como gestores del paisaje. Se implanta el modelo de mando “Mission and command” y se integra la piroecología para generar paisajes resilientes mediante el diálogo con la sociedad.
  • 6.ª generación, cuando se altera la atmósfera. Son los incendios modernos, viables debido a una atmósfera muy cálida y bosques severamente estresados por sequías. Su comportamiento físico es tan extremo que modifican la estabilidad meteorológica a su alrededor, generando tormentas de fuego y enormes pirocúmulos cuya física vertical es imposible de modelizar por la ciencia actual. Al tener nula predictibilidad y capacidad de anticipación, la respuesta se centra rigurosamente en la gestión de la incertidumbre. Los analistas utilizan matrices de incertidumbre y mantienen un diagnóstico diario constante del escenario para garantizar la seguridad de los bomberos en el terreno.
La Adrada, uno de los municipios del Valle del Tiétar (Ávila), ha sido evacuado de forma preventiva este sábado ante el avance del grave incendio de Burgohondo que, junto con el de Madrid, tienen en vilo a la población aledaña y que han quemado ya más de 45.000 hectáreas.
Una persona trabaja en las labores de extinción del incendio forestal, a 26 de julio de 2026, en La Adrada, Ávila, Castilla y León (César Vallejo Rodríguez / Europa Press)

Ante este gráfico, la catedrática de Análisis Geográfico y experta en gestión forestal en la Complutense de Madrid, Cristina Montiel, ha aclarado en el Science Media Centre España que “el concepto de generaciones no significa que haya una sucesión, y que cuando estamos en la sexta ya no tenemos de la tercera generación”. Más bien, pueden convivir y coexistir.

Por eso es preciso dar una buena respuesta ante estas generaciones. Los expertos de la Unidad Técnica de GRAF proponen que los bomberos estructuren su actuación en tres niveles. El primero sería diseñar una estrategia, donde se asume un coste de oportunidad para garantizar la seguridad común; por ejemplo, decidir confinar un fuego en una ladera concreta para evitar que salga a viento directo.

Después habría que organizar y secuenciar una táctica. Para ello se priorizan los esfuerzos temporales y espaciales dentro de las “ventanas de actuación” para cumplir el objetivo de la estrategia, evitando el colapso de los recursos. Por último, se llevan a cabo las técnicas específicas de trabajo sobre el terreno que ejecutan la táctica según la cualificación del personal y las características del combustible.

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