La violencia, clave en la Canarias aborigen: uno de cada tres habitantes sufrió lesiones violentas en el cráneo

Los investigadores han encontrado lesiones craneales en el 70% de los enterramientos analizados

Guardar
Google icon
Durante casi 1.300 años, hasta la llegada de los conquistadores europeos en los siglos XIV y XV, los pueblos amazighes que habitaron Gran Canaria conformaron un mundo casi aislado por completo del exterior donde la violencia tuvo un papel estructural en el mantenimiento del orden social. En una muestra de 1.213 cráneos de yacimientos aborígenes de la isla que abarca desde el siglo III al XV, uno de cada tres (33,8 %) presenta traumatismos violentos. Esta imagen de El Museo Canario muestra ubicación de las lesiones detectadas, las curadas (antemortem) y las vinculadas directamente con la muerte del sujeto (perimortem). EFE
Ubicación de las lesiones detectadas, las curadas (antemortem) y las vinculadas directamente con la muerte del sujeto (perimortem). (EFE/El Museo Canario

La violencia fue una estrategia clave para mantener el orden en la Canarias aborigen, según un estudio. Durante casi 1.300 años, la sociedad amazigh de Gran Canaria vivió en un aislamiento casi completo y los restos óseos de estas poblaciones parecen mostrar que la violencia estaba extendida como una forma de control.

Así lo muestra una reciente investigación publicada en Journal of Archaeological Science: Reports. El estudio, llevado a cabo por el Museo Canario, Tibicena Arqueología y el Cabildo de Gran Canaria, ha examinado restos humanos desde el siglo III hasta el XV, antes de la llegada de los conquistadores europeos.

PUBLICIDAD

El análisis revisó 1.213 cráneos de población aborigen procedentes de 83 enterramientos distintos y concluyó que el 33,8% presentaba una o más lesiones compatibles con actos violentos. La publicación sostiene además que la presencia de heridas no depende de unos pocos yacimientos excepcionales: las marcas de golpes en el cráneo estaban presentes en el 68,7% de los enterramientos examinados, un dato que apunta a una extensión amplia de estos episodios en el conjunto de la isla.

Golpes fuertes, pero no letales, para controlar a la población

Durante casi 1.300 años, hasta la llegada de los conquistadores europeos en los siglos XIV y XV, los pueblos amazighes que habitaron Gran Canaria conformaron un mundo casi aislado por completo del exterior donde la violencia tuvo un papel estructural en el mantenimiento del orden social. En una muestra de 1.213 cráneos de yacimientos aborígenes de la isla que abarca desde el siglo III al XV, uno de cada tres (33,8 %) presenta traumatismos violentos. Esta imagen de El Museo Canario muestra ubicación de las lesiones detectadas, las curadas (antemortem) y las vinculadas directamente con la muerte del sujeto (perimortem). EFE
Cráneos analizados en el estudio. (EFE/El Museo Canario)

Los resultados distinguen entre violencia no letal y golpes mortales. El 30,8% de la muestra presentaba traumatismos curados en la parte frontal del cráneo y en la cara, mientras que solo el 5,1% tenía lesiones mortales, localizadas sobre todo en los laterales o en la nuca.

PUBLICIDAD

Los autores, vinculados a El Museo Canario, Tibicena Arqueología y el Cabildo de Gran Canaria, interpretan esa diferencia como la huella de enfrentamientos cara a cara. La mayoría de los golpes habrían respondido a peleas destinadas a resolver disputas internas sin intención de matar al adversario.

Sin embargo, también había casos fatales: el estudio ha identificado también traumatismos fulminantes (minoritarios), que aparecían sobre todo en la parte trasera de la cabeza. Esto sugiere que los ataques se daban por la espalda, como emboscadas o asaltos sorpresivos en conflictos entre grupos.

Por sexos, los autores han visto que los hombres eran más propensos a protagonizar y sufrir esta violencia: entre los hombres, el porcentaje de cráneos con lesiones violentas alcanzaba el 41,6%, frente al 22,8% registrado entre las mujeres.

En los varones afectados, casi la mitad, el 48,2%, presentaba al menos dos lesiones traumáticas en la cabeza. Esa acumulación de heridas apunta a una exposición repetida a situaciones de violencia, no a episodios aislados. El estudio también analiza la distribución por edades, mostrando que los jóvenes adultos eran el grupo más afectado, lo que coincide con los periodos de mayor actividad física y social dentro de la comunidad.

Respecto a los golpes fatales, la investigación sitúa la mayor parte de los traumatismos letales en hombres de entre 20 y 35 años. Los autores relacionan ese perfil con el de los combatientes implicados en choques entre grupos diferentes. Casi todas las lesiones detectadas fueron causadas por traumatismos contundentes. Ese rastro osteológico encaja con las armas documentadas en la Canarias prehispánica, donde la ausencia de metales se traducía en el uso de piedras, garrotes y varas de madera.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD