Álvaro Bilbao, neuropsicólogo: “Esto es lo que hago cuando veo a mis hijos llorar”

El experto señala que estas lágrimas emocionales ayudan a aumentar la calma del niño al activar el sistema parasimpático

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Ciertas frases como "deja de llorar" motivan a los niños a guardarse sus sentimientos, lo que no enseña una buena gestión emocional. (Freepik)
Ciertas frases como "deja de llorar" motivan a los niños a guardarse sus sentimientos, lo que no enseña una buena gestión emocional. (Freepik)

No existe un manual universal para ser padre o madre. Cada niño reacciona de manera distinta ante el miedo, la frustración o la tristeza, y eso hace que muchas familias se enfrenten a dudas constantes sobre cómo actuar en momentos cotidianos. Entre horarios imposibles, responsabilidades y el cansancio del día a día, gestionar las emociones de los hijos puede convertirse en uno de los mayores desafíos de la crianza.

Las rabietas, los lloros o los enfados forman parte del desarrollo infantil, aunque a menudo generan incomodidad en los adultos. En supermercados, parques o incluso dentro de casa, muchos padres intentan detener cuanto antes el llanto de sus hijos, bien para evitar que sufran o para recuperar la calma lo antes posible. Sin embargo, especialistas en neuropsicología infantil insisten en que detrás de esas lágrimas existe mucho más que un simple berrinche.

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El neuropsicólogo Álvaro Bilbao (@soyalvarobilbao en TikTok) ha compartido recientemente una reflexión sobre la importancia de acompañar emocionalmente a los niños cuando lloran. Su mensaje pone el foco en cómo responde el cerebro infantil ante el malestar y en la necesidad de que los adultos comprendan mejor esos procesos antes de intervenir. “Esto es lo que hago cuando veo a mis hijos llorar”.

“No le digas que deje de llorar”

“Nunca les pido que dejen de llorar. Y esta es la razón científica”, explica el experto. Según Bilbao, muchos padres desconocen que existen distintos tipos de lágrimas y que no todas cumplen la misma función en el organismo.

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El neuropsicólogo Álvaro Bilbao señala que en estas situaciones es fundamental el apoyo y no minimizar el problema. (Freepik)
El neuropsicólogo Álvaro Bilbao señala que en estas situaciones es fundamental el apoyo y no minimizar el problema. (Freepik)

“Las lágrimas basales están siempre presentes para lubricar el ojo. Las lágrimas reflejas aparecen cuando hay un cuerpo extraño, como polvo o una brinda de hierba. Pero cuando tu hijo llora por dolor o tristeza, aparecen otro tipo de lágrimas”, señala. Son precisamente esas lágrimas emocionales las que, según explica, tienen un papel importante en la regulación del cuerpo y de las emociones.

“Las lágrimas emocionales contienen prolactina y endorfinas que le ayudan a calmarse y activan el sistema parasimpático, haciendo que su respiración se vuelva más profunda y eso le calma también”, afirma. Desde el punto de vista neuropsicológico, el llanto no sería únicamente una expresión de malestar, sino también un mecanismo natural para aliviarlo.

Por ello, Bilbao considera que cortar el llanto de forma inmediata puede resultar contraproducente. “Así que la próxima vez que tu hijo llore, dale un abrazo, dile que se le pasará pronto y permanece a su lado hasta el final. Pero no le pidas que deje de llorar, porque sus lágrimas le están ayudando a superar su malestar”, sostiene.

Pautas para acompañar las lágrimas de los niños

El especialista también comparte una serie de pautas para acompañar a los niños durante esos momentos de desborde emocional. La primera, explica, comienza por el propio adulto. “Regula tus emociones primero. No puedes calmar a nadie desde los nervios. Respira antes de acercarte. Tu sistema nervioso influye directamente en el suyo”, recomienda.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

Después llega el momento de acompañar sin presionar. “Presencia sin palabras. Acércate, pon una mano en su espalda y deja que llore. No le pidas que pare, no le digas que no es para tanto. Solo dile con tu presencia ‘Aquí estoy’”, señala el neuropsicólogo. La idea, explica, es que el menor se sienta seguro mientras atraviesa la emoción.

Otro de los pasos consiste en ayudar al niño a identificar lo que siente. “Pon palabras a sus emociones. Cuando hayan pasado unos segundos dile: ‘Estás muy enfadado’, ‘te ha dolido mucho’. Nombrar la emoción activa el córtex prefrontal y ayuda a reducir la intensidad del llanto. Lo ha demostrado la neurociencia”, afirma Bilbao.

Finalmente, el experto aconseja esperar antes de intentar corregir o dar soluciones. “Dale tiempo antes de reparar. Cuando el llanto empieza a ceder, ese es el momento de darle un consejo o proponerle alternativas para que supere el malestar. Si lo haces antes posiblemente solo empeoraras su malestar”, concluye.

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