El pollo frito tiene a KFC. La pizza, a Domino’s y a Grosso Napoletano. Las hamburguesas tienen el dominio dividido; de Burger King y McDonald’s a Goiko o TGB. Y los dumplings... ¿A quién tienen los dumplings? Es la pregunta que se hicieron los hermanos Kéril y Yerai Gómez en 2024. La respuesta se materializó con una marca, Dum Dum, un restaurante especializado en estas empanadillas de origen asiático que cuenta ya con dos locales en la ciudad de Madrid, uno en Chamberí (C. Blasco de Garay, 10) y una reciente apertura en Bernabéu (C. Infanta Mercedes, 17).
Un negocio que bien puede representar la premisa que triunfa en el mundo del branding: hacer pocas cosas y hacerlas bien. “El dumpling es un producto que todo el mundo reconoce, todo el mundo sabe cómo se consume y cómo se comparte, pero no había una marca que lo identifique. Por eso intentamos ubicarnos ahí”, cuenta Yerai, una de las patas de este proyecto. Publicista de profesión, aprendió del buen comer en casa, pues sus padres llevan toda la vida vinculados al negocio de hostelería en Alicante.
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Las marcas y anuncios se convirtieron en su obsesión, mientras que la de Kéril, su hermano, acabó siendo la profesión heredada. “Mi hermano estudió en el Basque Culinary Center y fue chef ejecutivo durante años. Después de que ya le hubiera mandado setecientos millones de ideas a lo largo de nuestra vida, me dijo que sí a esta”. Dicho y hecho: hallado el nicho de mercado, se lanzaron a crear esa marca de dumplings que echaban de menos. Cocina y publicidad, unidas en un concepto que ya va por su segundo local en Madrid.
Sabores reconocibles en forma de dumpling
Kéril se quedó al frente de la dirección gastronómica y operativa, y Yerai se convirtió en responsable de la dirección de marca. Juntos, buscaban redefinir el formato dumpling rellenando cada empanadilla con recetas del imaginario colectivo. Desde una carbonara hasta una hamburguesa con queso o un pepito de ternera; pero siempre dentro de los confines de esa masa suave y elástica cocida al vapor.
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“Nuestra ambición es ser masivos. Y entendíamos que si ofrecíamos producto asiático, nos estábamos limitando a aquellos a los que les gusta la comida asiática. ¿Por qué no intentamos abrir un poco el mercado?“, se pregunta Yerái, explicando el proceso creativo detrás de este concepto. “Queríamos ser reconocibles, pero sorprendentes. Esa es nuestra máxima. Reconocibles porque el formato lo reconoces y porque la receta del relleno también, sorprendentes porque juntos no lo has visto nunca. Por eso un dumpling de cheeseburger; sé lo que es un dumpling, sé lo que es una cheeseburger, pero junto...”.
Este rompedor concepto, a lo que ellos llaman ‘ser desobediente’, se aplica a todas las recetas que aparecen en su breve carta, conformada por dumplings con rellenos diferentes que van variando durante el año. “Hay nueve estancos con los que vamos haciendo variaciones, en función de las métricas. Cada mes sacamos uno nuevo y ese nos sirve para dinamizar la propuesta, para generar oportunidades de comunicación, para que la gente no se aburra”.
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A día de hoy, encontramos creaciones como el ‘Muay Thai’, con pollo, salsa de cacahuete, cebolla roja y maní crujiente; el mencionado ‘Cheese Burger’, con ternera, cebolla pochada, cheddar, pepinillo, kétchup y mostaza; o el ‘Carbonara’ relleno de bacon con salsa de yema y Parmesano. A estas referencias se suman propuestas como el dumpling ‘Pepito de ternera’, el ‘Chicken teriyaki’ o el ‘Gamba K-Pop’, con gamba, col y mayo kimchi. La carta se completa con opciones aptas para vegetarianos como el ‘Honey Pumpkin’, de calabaza asada, gorgonzola, cheddar curado, salsa de miel y cúrcuma y pipas de calabaza. De postre, mochis de tarta de queso y de petisuis.

Una propuesta diferente con elaboraciones dignas de un chef, tiempos de fast food y un ticket medio que ronda los 25 euros. Un concepto que se salta las normas y que se basa en tres pilares imprescindibles: producto, operativa y branding. “Tenemos una operativa limada al milímetro para que, cuando vengas, la comida esté en doce minutos, nunca nos equivoquemos y que la experiencia dure 50 minutos en total”. Ocurre en sus dos locales, de estética urbana y minimalista, y ocurrirá en todos los que abran más adelante. “Si podemos acabar el año con otro local, sería fantástico”, asegura Yerái con precaución, aunque sin ocultar la confianza que confiere a su marca.
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Porque la comunicación, repiten, es conditio sine qua non. “Confiamos realmente en el branding. Y aparte nos lo pasamos bien haciéndolo”. Se explican así sus campañas virales en redes, cortos grabados a gran calidad, con temáticas llamativas y personajes conocidos conformando el elenco. “Tenemos un instinto de no querer pasar desapercibidos, porque la experiencia con un restaurante no ocurre una vez entras, sino mucho antes”.
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