Alfonso Navarro, psicólogo experto en adolescentes: “Los 13 años es una edad muy difícil. Están desregulados emocionalmente y no soportan a los padres”

La convivencia con jóvenes de esta edad suele volverse más complicada debido a transformaciones internas que los llevan a desafiar las conductas habituales de sus padres y a buscar su propia identidad y autonomía

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Dos personas usan el teléfono móvil, a 1 de febrero de 2024, en Barcelona. David Zorrakino / Europa Press)
Dos personas usan el teléfono móvil, a 1 de febrero de 2024, en Barcelona. David Zorrakino / Europa Press)

A los padres de adolescentes, y especialmente a quienes tienen hijos de 13 años, les resulta habitual enfrentarse a una etapa de convivencia compleja en la que surgen roces prácticamente diarios Alfonso Navarro, psicólogo experto en adolescentes y familias que divulga a través de su cuenta de TikTok (@alfonsopsicologia) explica en una de sus últimas publicaciones que “a los 13 años muchos padres sienten que todo molesta a sus hijos”, una percepción que, lejos de ser anómala, tiene un fundamento claro en el desarrollo psicológico.

“Los trece años es una edad tan difícil, están completamente desregulados emocionalmente y además, no soportan nada de lo que hacen sus padres”, indica. Pero, ¿por qué? Una de las claves radica en que, a partir de los trece años, los hijos “empiezan a intentar plantearse quiénes son ellos realmente” y “empiezan a construir su identidad, lo que llamamos su personalidad”. Este proceso representativo implica que cualquier actitud que no se ajuste a ese naciente yo es percibida de manera hostil.

¿Por qué discutir suele agravar el problema?

La construcción de la personalidad en la adolescencia conlleva reacciones inesperadas ante actitudes cotidianas de los adultos. Según ha aclarado Navarro en su video, “cualquier cosa que hagas que no encaje perfectamente en esa personalidad que están creando les genera como un chirrido, como un rechazo, porque sienten que no les entienden”. Sin embargo, ambas posiciones resultan problemáticas: “Cualquier cosa que hagas que sí que encaje con esa personalidad que están creando también les molesta, porque sienten que estás copiando o haciendo algo que es suyo o estás intentando ser guay”.

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Esto provoca que intentar agradarles “puede resultar completamente caótico y casi perjudicial”, ha considerado el psicólogo. Discutir cada conducta puntual tampoco ayuda. En este contexto de altibajos y clima de enfado, la recomendación que ofrece Navarro es optar por una combinación de firmeza y validación emocional. No sirve darles todo lo que piden ni contradecirles constantemente; la clave está en saber promediar. Por ello, recomienda establecer una serie de límites claros y mantenerlos.

En primer lugar, aconseja a los padres que traten de no discutir con ellos por todo y priorizar los límites “que de verdad importan”. Y en segundo lugar, recomienda validar lo que sienten, no lo que hacen. Es decir, las actitudes que sean negativas o dañinas merecen una conversación para reconducirlas, pero no se puede restar importancia a las emociones y sentimientos que expresan. “Aunque es una etapa de muchos altibajos, con un poco de paciencia y mucha coherencia se puede sobrellevar”, asegura.