
La coliflor, el brócoli, el romanesco o las coles de Bruselas pertenecen al grupo de las brásicas o crucíferas, verduras saludables propias de la temporada invernal que, a pesar de su fama por nutritivas, siguen arrastrando prejuicios por su mal sabor y aroma. Porque sí, al cocerla, la coliflor desprende un olor desagradable que puede generar rechazo a muchos. Pero esto no implica que debamos abandonar estas riquísimas verduras, grandes aliados para una dieta completa y saludable.
Existen maneras de evitar este desafortunado efecto y de cocinar la coliflor sin pasar un mal rato. Para encontrar estos pequeños trucos, nada como escuchar a quienes más saben del tema: los fruteros y verduleros que nos guían y aconsejan a la hora de llenar nuestra cesta con lo más fresco del mercado.
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Hoy seguimos los consejos de Gema, verdulera en Frutas y Verduras Caty, el puesto que su familia maneja en el Mercado de Maravillas desde hace varias generaciones. En uno de los vídeos compartidos por el propio mercado en sus redes sociales, la experta en frutas y verduras hacía un repaso por los productos más suculentos de la temporada de invierno, mencionando entre ellos, por supuesto, la coliflor. Dentro de su explicación, la frutera desvelaba un truco de lo más curioso: “Cuando la cocemos, huele bastante, que como mi madre dice, hay que poner las hojas estas que sobran encima para que no huela”.
El olor que desprende la coliflor al cocerla es consecuencia de una sustancia azufrada presente en la composición de la coliflor, los isocianatos, que se desprende a través del vapor generado por el agua de la cocción. Aunque no podamos deshacernos por completo de este efecto, sí podemos reducir la intensidad de los sulfuros o enmascararlos ligeramente para que la experiencia de cocinar esta verdura invernal sea un poco más agradable.
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La experta en frutas y verduras habla de un truco muy sencillo, de esos que se transmiten de generación en generación y que superan cualquier demostración científica. En este caso, al tapar la coliflor con sus hojas, estas contrarrestan el mal olor con su poder aromático, reduciendo el efecto de este azufre natural.
Existen además otros sencillos trucos de la cultura popular que podrían ayudarnos a reducir este desagradable aroma. Una de las más conocidas es añadir un poco de leche en la cocción, neutralizando así los componentes azufrados que hacen que huela. Es además un ingrediente perfecto si se va a utilizar la coliflor para una crema o un puré, pues da también sabor a la crema. También podemos incorporar chorrito de vinagre de manzana o zumo de limón, componentes ácidos que neutralizan los isocianatos, evitando que huela.
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Otras formas de cocinarla para evitar el mal olor
Todos estos trucos podrán tener más o menos eficacia, pero lo cierto es que nunca conseguirán eliminar al 100% ese olor natural de la coliflor que tan molesto resulta. Sin embargo, existen otras formas de cocinar esta saludable verdura, más allá de la cocción en agua hirviendo, que reducirán significativamente el olor que estas van a desprender por nuestra cocina. Y que, por qué no decirlo, nos conseguirán un resultado más sabroso.
Una de las mejores formas de cocinar la coliflor es asarla al horno, una forma sencilla y deliciosa de mejorar su sabor y textura. El calor seco del horno nos dará sabores mucho más intensos, con un exterior caramelizado y tostado que asegura además una mordida más firme. Mejor aún si añadimos algo de grasa por encima, ya sea aceite de oliva virgen extra o mantequilla y hierbas o especias para aportar más sabor. Para un resultado perfecto, no amontones los arbolitos en la bandeja y córtalos todos de un mismo tamaño.
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Otra alternativa es cocerla al vapor tradicional, un método que consigue una coliflor más firme y que, a la vez, libera menos sulfuros (aunque huele igualmente). Al igual que cuando se cuece en agua, podemos evitar este desagradable aroma añadiendo elementos aromáticos al agua que se convertirá en vapor. Por último, queda la alternativa de saltear la coliflor en una sartén; al no haber ese exceso de agua, no hay tanto vapor que transporte el aroma por toda la casa. Además, nuestra verdura se tostará cogiendo un sabor con más matices y conseguirá una textura firme, casi al dente, que evitará ese mordisco blanduzco que a muchos genera rechazo.
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