
Ha pasado menos de un mes del suicidio de Sandra Peña, la joven sevillana de 14 años que se quitó la vida tras sufrir durante meses acoso escolar en el Colegio Irlandesas Loreto. Su muerte ha provocado una ola reivindicativa en todo el país contra el ‘bullying’. Bajo el lema “Por Sandra y por todas las que hemos sufrido y sufrimos la lacra del bullying“, miles de estudiantes salieron a la calle en 40 ciudades españolas para recordar su memoria y exigir que se apliquen siempre que sea necesario los protocolos antiacoso, los mismos que la familia de la adolescente solicitó y que nunca se aplicaron.
Este jueves, 6 de noviembre, se conmemora el Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar y, tras el caso de Sandra, parece más necesario que nunca la visibilización de esta lacra en España. El pasado curso, uno de cada diez estudiantes sufrieron los insultos, la indiferencia y el acoso de sus compañeros. Según el VII estudio La opinión de los/as estudiantes, En concreto, el 12,3% de los estudiantes afirma que él o uno de sus compañeros está sufriendo acoso escolar, ya sea en el aula o a través de la pantalla. Lejos de disminuir, la violencia se diversifica. Del total de los alumnos encuestados, el 6,5% sufre acoso presencial, el 2,2% corresponde a casos de ciberbullying y un 3,6% sufren acoso de ambas formas. Pero, ¿qué hacen los profesores y equipos directivos de los centros al respecto?
Un 15% de los docentes, que también fueron encuestados para el estudio, dijo tener conocimiento de algún caso. Las situaciones que detectan en mayor medida son de acoso presencial y en la mayoría de las ocasiones son conscientes de la situación porque se lo cuentan compañeros de clase de la víctima y, en menor medida, solo en la mitad de los casos, porque es el propio docente en que se da cuenta. Una vez son conscientes de lo que sucede. La actuación de los centros, no obstante, no es la adecuada. Buena parte de los docentes, en concreto el 64%, considera que los centros solo intervienen “a veces” frente al acoso escolar, especialmente en secundaria (71%). Es más, disminuye, respecto al año anterior, el porcentaje de aquellos que consideran que los centros intervienen de forma adecuada. En su opinión, las barreras que condicionan la falta de atención a las víctimas son la falta de recursos (88%), los problemas burocráticos (65%) y la falta de formación entre el profesorado (51%).
Cómo saber si un niño sufre bullying
Este escenario deja a los padres ante la duda de si sus hijos están lo suficientemente protegidos contra el bullying y todas sus consecuencias. La Fundación ANAR, que brinda apoyo través de una línea telefónica (900 20 20 10) a la que pueden acudir niños, niñas y adolescentes que atraviesan situaciones complicadas, entre ellas el acoso escolar, detalla que hay síntomas que nos pueden hacer sospechar que un menor sufre esta situación.
- El niño o adolescente se aísla y deja de relacionarse como antes.
- Dice que tiene enfermedades, como el dolor de barriga o de cabeza, que pueden ser indicadores de ansiedad relacionada con el acoso.
- Pone excusas para no ir a clase.
- Cambia su carácter y forma de ser de forma drástica. En este sentido se pueden observar sentimientos de tristeza, de ira o desgana. También puede volver más introvertido y mostrarse preocupado.
- Evita hacer actividades que antes le gustaban y experimenta el aislamiento social.
- Vuelve del colegio con material roto o perdido y no da explicaciones de cómo ha sucedido.
- Disminuye su rendimiento académico al sufrir dificultades para concentrarse.
- Cambia sus hábitos de vestimenta para cubrirse y esconderse.
Qué hacer si sospecho que mi hijo sufre acoso
El manual para madres y padres de ANAR recoge una serie de pasos a seguir en caso de sospechar que su hijo sufre bullying y, por lo tanto, precise de la atención de adultos, se deben tener en cuenta varias pautas. “Recuerde que nunca se debe resolver el problema por nuestra cuenta, llamando a otros padres o compartiéndolo a través de un grupo de WhatsApp, entre otras cosas, porque en caso de haber delito se pueden destruir pruebas”, explican. También es importante acudir en primer lugar al centro para compartir la información con del tutor y el equipo directivo. El protocolo del centro escolar variará en función de la comunidad autónoma de residencia. No obstante, si el centro no se muestra con la predisposición necesaria, el siguiente paso sería acudir a una inspección educativa o interponer una denuncia, en última instancia.
Una vez se activen los protocolos, es importante valorar si el niño o niña necesita asistencia psicológica para trabajar las dificultades y el desarrollo de habilidades sociales que les permitan establecer nuevos vínculos. Un 85% de los casos en los que el alumno es cambiado de centro escolar, vuelve a sufrir la misma situación en el nuevo centro. Por ello, aunque lo ideal sería quelas escuelas y aulas se convirtieran en espacios seguros, la solución más eficaz es que el menor también desarrolle habilidades sociales para generar vínculos y poder enfrentar este tipo de situaciones, para lo que puede resultar muy útil la terapia.
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