
El pasado 26 de enero, David Jenkins, un trabajador del puerto de Port Kembla, en Nueva Gales del Sur, en Australia, solicitó una baja a su empresa, Qube, con motivo de que había fallecido una tía por la que tenía un gran afecto. Apenas unos meses atrás, Jenkins había perdido a su madre, por lo que su situación emocional era delicada, según relató más tarde en el litigio.
Ese día, Jenkins no accedió a su puesto al comienzo del turno, a las 16:00 horas. Asegura que pasó el día acompañando en el duelo a sus familiares, incapacitado para desempeñar su trabajo, que exige una alta concentración, al consistir en la conducción de vehículos pesados en las instalaciones portuarias.
Avanzada la tarde, Jenkins accedió a la petición de su pareja y salieron a cenar. Acudieron al Lagoon Seafood, un elegante establecimiento con vistas al mar. Allí, de forma inesperada, se encontró con su jefe, Bernie Ryan. Según figura en la documentación del proceso, Jenkins se acercó a Ryan y le ofreció la mano, pero este declinó el saludo.

Pasada esta situación incómoda, Jenkins permaneció con su pareja en el local, donde cenaron y tomaron algunas bebidas. Posteriormente, asistieron a un espectáculo de fuegos artificiales que se celebraban por el Día de Australia y, tras finalizar el evento, se retiraron a su domicilio.
Una “conducta inaceptable”
El 28 de enero, dos días después del encuentro, Jenkins recibió una carta formal de Qube. En la misiva, la empresa le comunicó que se le investigaba por una posible “conducta inaceptable”, ya que había acudido a un restaurante mientras se encontraba de baja por motivos personales argumentando incapacidad para trabajar.
Junto a la apertura de la investigación, Qube le notificó que quedaba suspendido de sus funciones, aunque seguiría percibiendo su salario mientras se resolvía la situación.
Apenas 24 horas después, el 29 de enero, Jenkins recibió un nuevo comunicado. La empresa elevó la acusación, imputándole ahora una falta grave. Qube alegó que Jenkins había realizado un uso indebido de la licencia personal y había infringido el código de conducta y ética de la compañía.

La empresa consideró que el trabajador había simulado estar afectado para ausentarse y posteriormente había asistido a una cena en un establecimiento público sin aparentes signos de sufrimiento o incapacidad, a juicio de la dirección. Además, en aquella comunicación, la compañía le advertía de las consecuencias disciplinarias que podían derivarse de estos hechos.
Despedido
El 7 de marzo, el proceso interno culminó con la comunicación formal del despido por parte de la empresa. Jenkins perdió su puesto de trabajo en el puerto de Port Kembla. Frente a esta decisión, el empleado presentó una reclamación ante la Fair Work Commission, el organismo australiano encargado de dirimir litigios laborales.
Ante la Comisión, Jenkins defendió que solicitó la baja siguiendo la política interna de la empresa, que su situación emocional era real y estaba directamente relacionada con el fallecimiento de dos familiares cercanos en poco tiempo, y que en ningún momento buscó aprovecharse de la licencia personal para fines de ocio.
Jenkins argumentó que el duelo y el impacto psicológico de los acontecimientos le impedían estar en condiciones para realizar su trabajo de forma segura. Explicó además que sus traslados en coche aquel día eran muy poco exigentes y no tenían comparación con la actividad que suponía operar maquinaria pesada durante toda una jornada de trabajo.
Qube, por el contrario, defendió que Jenkins había actuado de forma deshonesta, utilizando la baja personal para evitar ir a trabajar y así poder salir a cenar. La empresa consideró que el empleado había vulnerado la ética y las normas internas, y que su comportamiento después de comunicar su baja no era compatible con la justificación aportada para ausentarse.
La compañía añadió que, si el trabajador fue capaz de conducir y salir a cenar, también podría haber cumplido su turno en el puerto.
La resolución
La Comisión analizó todas las pruebas y testimonios. En su resolución, comunicada hace apenas unas horas, rechaza la versión empresarial y da la razón a Jenkins. Expresa que era comprensible que Jenkins, después de acompañar muchas horas a su familia, se sintiese abrumado y no apto para desempeñar sus funciones laborales ese día.
El tribunal recurre a una diferencia clara entre realizar un corto viaje en coche y trabajar durante horas con responsabilidad y riesgo. Además, insiste en que el trabajador “habría supuesto un riesgo para su seguridad y la de los demás si hubiese acudido a su turno de las 16:00 horas”.
El tribunal considera acorde a derecho que un trabajador pueda realizar actividades sociales leves, como salir a cenar brevemente, si ha solicitado baja por motivos de duelo y no por una incapacidad física incompatible con ese tipo de actividades. La decisión remarca que la política de la empresa no prohíbe expresamente este tipo de conductas en caso de baja personal.
Por tanto, la Comisión declara el despido improcedente, ordena la reincorporación de Jenkins a su puesto de trabajo en Port Kembla y exige que Qube le abone 33.798 dólares australianos (unos 20.400 euros), cantidad correspondiente a los salarios que ha dejado de percibir en el periodo comprendido entre el despido y la resolución del caso.
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