Alexander James McLean, conocido como AJ McLean e integrante de Backstreet Boys, compartió en el canal de YouTube We Need To Talk un testimonio sobre la fama, la adicción, la autodefinición y la familia.
Alejado de la figura pública que interpretó durante décadas, relató su proceso de reconstrucción personal, desde la cima del estrellato mundial hasta la confrontación con su realidad más vulnerable. La salud mental, la transformación y la paternidad atraviesan su relato, donde reconoce: “Estoy viviendo para ser la mejor versión de mí”.
El impacto del éxito y las dinámicas del grupo
El fenómeno Backstreet Boys impactó profundamente la vida de su público y de sus miembros. “Tener éxito mundial siendo adolescentes nos puso bajo una presión inimaginable”, recordó McLean en la entrevista con We Need To Talk.

A los 14 años, integraba la formación original junto a Howie y Nick, antes de la llegada de Kevin y Brian. “Había semanas en que no sabíamos dónde estábamos; giras interminables, fechas cruzadas, la prensa esperando cualquier error”, rememoró.
Las dinámicas internas del grupo oscilaban entre la camaradería y el conflicto. “Los roces y gritos eran habituales”, reconoció. “Incluso llegamos a pelearnos físicamente por cosas sin importancia. Nick y yo nos golpeamos por una historieta”, agregó.
El legado de Lou Pearlman y la superación de conflictos
El legado de Lou Pearlman, promotor musical condenado por fraude y creador de Backstreet Boys, es valorado con ambivalencia por McLean. “Sin él, probablemente nadie sabría quién somos. Pero también nos vimos arrastrados por su caída: contratos engañosos, manipulación, amenazas y una demanda que nos obligó a pagar para seguir usando nuestro propio nombre”, contó.

Asimismo, explicó cómo la banda enfrentó bloqueos legales y tensiones internas tras descubrir los delitos financieros de su representante: “Bryan animó al grupo a actuar y, aunque cada uno necesitó su tiempo para cerrar ese capítulo, ahora sabemos que lo superamos juntos”.
“Cada integrante tiene un rol. Ahora establecemos límites y respetamos la voz de todos. Somos una democracia, y aunque los roces persisten, la comunicación se fortaleció con la madurez y la paternidad”, dijo sobre la convivencia y los egos dentro del grupo, los cuales evolucionaron con los años.
McLean afirmó que, a pesar de las pausas y rumores, “nunca" se separaron. “La prensa hablaba de regresos, pero siempre continuamos trabajando, de gira y reinventándonos”, reconoció.
La dualidad entre AJ y Alex

La dualidad entre AJ, el personaje escénico, y Alex, la persona real, es central en el diálogo con We Need To Talk. “AJ es quien la gente ve sobre el escenario. Alex es quien siempre fui y como me llaman mi familia y mis amigos cercanos”, manifestó.
Además, se refirió a las adicciones e indicó que, tras finalizar la gira mundial DNA, buscó ayuda en Scottsdale, Arizona: “Hice un programa ambulatorio intensivo de salud mental, aunque ya llevaba dos años sobrio. Quise comprender el origen real de mi adicción. Descubrí que el consumo era solo un síntoma: lo profundo era una autoestima muy baja y la convicción de que no merecía el éxito ni el cariño”.
En ese sentido, el artista detalló que su inseguridad nació en la infancia, marcada por el divorcio de sus padres y la ausencia de una figura paterna constante.

“Mi madre y mis abuelos me cuidaron, pero también me protegieron en exceso. Crecí creyendo relatos que después descubrí que no eran ciertos. Mi padre nunca fue malo, pero hubo distancia y muchos malentendidos”, compartió.
Actualmente, McLean mantiene una relación directa pero cauta con su padre, tras conversaciones que permitieron aclarar antiguos mitos.
Aprender a poner límites y la reconstrucción de vínculos
Esta etapa implicó establecer límites y exigir respeto incluso a sus padres. “En Scottsdale aprendí el valor de la autenticidad y de fijar límites personales, algo que nunca había hecho con mi entorno. Incluso con mis compañeros de banda pido que fuera del escenario me llamen Alex”, dijo.
La adicción y la recuperación funcionan como el eje más crudo de su testimonio. “Toqué fondo cuando mi hija menor se negó a abrazarme al volver a casa. Todavía olía a alcohol y no había dormido. Me miró y me dijo: ‘No hueles como mi papá’”, recordó.
Y agregó: “En ese instante sentí que todo se detenía”. Al día siguiente buscó ayuda y, sin rodeos, lo admite: “Mi hija me salvó la vida”. Desde entonces, asegura, lleva más de cuatro años y medio sobrio.

El cantante subrayó que comparte historias de su pasado con sus hijas mientras crecen. “Quiero que sepan quién fui, para que tengan las herramientas y no deban atravesar lo que yo viví. Son mi orgullo y mi responsabilidad. Cuando por fin me dijeron que se sentían orgullosas de mí, fue un instante que guardaré siempre”, relató.
Familia, paternidad y el valor del presente
La familia y la paternidad se convirtieron en el centro de su nueva etapa. “Antes vivía con miedo a fracasar. Hoy entiendo que equivocarse es parte del camino y que uno aprende a levantarse con el apoyo de los demás”, reflexionó McLean. Convencido de haber roto patrones de su propia infancia, aseguró que, aunque sigue cometiendo errores, su prioridad es clara: “Estar presente y no perderme más momentos con mis hijas”.
Sobre su relación de pareja, habló con la misma franqueza. “Los dos hicimos un trabajo personal muy profundo”, explicó. Aunque actualmente viven separados, afirmó que el objetivo es volver a compartir el mismo hogar. “Aprendimos la importancia de dialogar, de acompañarnos y de apoyarnos sin dejar de ser quienes somos”, concluyó.
Salud mental y el aprendizaje de Brené Brown

La salud mental y el autocuidado ocupan un lugar central en su visión de la vida y la recuperación. McLean destacó el aprendizaje recibido de la investigadora y autora experta en vulnerabilidad Brené Brown.
“Me marcó su concepto de vivir cada día con valentía, responsabilidad, integridad y gratitud. Aprendí que existe una forma saludable de anteponerse uno mismo sin egoísmo”, reveló.
Homenajes, recaídas y un mensaje para quienes buscan ayuda
Su testimonio incluye homenajes a compañeros de profesión como Liam Payne, con quien compartió procesos creativos y confidencias sobre la adicción.

“Tuvimos largas conversaciones mientras él estaba sobrio. Momentos así muestran hasta dónde puede llegar la soledad en este oficio y el riesgo latente en la vida artística. Dolió mucho su partida. Conservo sus mensajes y recuerdos como recordatorio de que nadie está exento de una recaída”, declaró.
Además, aprovechó la entrevista en We Need To Talk para enviar un mensaje a quienes atraviesan situaciones similares: “Aprendí que no hay que esperar a tener todo resuelto para estar bien. Sigo aprendiendo y priorizándome para poder cuidar de los demás. Como enseña Brené Brown, hay una forma saludable de priorizarse y nunca es tarde para buscar ayuda”.
Transformación y serenidad: una nueva etapa
Durante la grabación de su último disco, el músico reflejó su proceso de transformación. “El epílogo del álbum lo grabé una noche helada en Austria. Quise crear algo que pudiera escuchar quien necesite saber que buscar la mejor versión de uno mismo es válido, con trabajo y aceptación”, sostuvo.
Al concluir la entrevista, Alexander James McLean afirma que, lejos de buscar la perfección, elige la serenidad que nace de reconocer —con honestidad— su humanidad y su proceso de cambio constante.
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