
Por casi cinco años, Linda Evangelista desapareció del ojo público. Una de las mujeres más fotografiadas del mundo, ícono de la moda y rostro de cientos de portadas, vivió en silencio y en aislamiento mientras enfrentaba las secuelas de un procedimiento estético que cambió su vida para siempre.
“No podía seguir viviendo con este dolor. Estoy dispuesta a hablar finalmente”, declaró entre lágrimas a PEOPLE en 2022.
El origen del trauma fue un tratamiento llamado CoolSculpting, una técnica no invasiva aprobada por la FDA en 2010 que utiliza un proceso conocido como criólipolisis para “congelar y eliminar células de grasa”.
Popular en clínicas estéticas y spas médicos por su accesibilidad y bajo tiempo de recuperación, este procedimiento decía ser capaz de reducir depósitos localizados de grasa sin necesidad de cirugía.

Entre 2015 y 2016, Evangelista se sometió a múltiples sesiones del tratamiento, sin saber que sería parte del menos del 1 % de pacientes que desarrollan una rara y devastadora condición conocida como hiperplasia adiposa paradójica (PAH). Esta reacción adversa provoca que las células de grasa tratadas, en lugar de reducirse, se vuelvan más grandes, duras y visibles.
“Pensé que estaba haciendo algo mal”, contó a PEOPLE en 2022. “Comencé a hacer dieta y a ejercitarme más. Llegué al punto en que ya no comía. Pensé que me estaba volviendo loca”. Fue en junio de 2016 cuando un médico finalmente le dio el diagnóstico. “Le pregunté ‘¿qué demonios es eso?’ y me dijo que no había dieta ni ejercicio que lo solucionara”.
Las consecuencias físicas fueron severas. Evangelista comenzó a desarrollar bultos duros en áreas donde se había aplicado el tratamiento: el abdomen, entre los muslos, debajo de las axilas.
“Las protuberancias son duras. Si camino sin una faja con un vestido, el roce es tan fuerte que puede sangrar. Porque no es grasa blanda, es grasa dura frotándose”, explicó en esa ocasión. “Ya no puedo poner los brazos rectos a los lados del cuerpo”.

La exmodelo demandó a Zeltiq Aesthetics, la empresa matriz de CoolSculpting, por 50 millones de dólares, alegando que quedó “brutalmente desfigurada” y que perdió su capacidad de trabajar. Aunque el caso se resolvió con un acuerdo, el daño psicológico persiste.
“Todavía no me miro al espejo”
Evangelista fue la portada del mes en la revista Harper’s Bazaar Beauty, y en su entrevista exploró su perspectiva de la belleza y la salud cerca de los 60 años.
La modelo reconoció que sigue en proceso de sanación y que recurre a la terapia para intentar reconstruir su autoestima.
“Tengo que ir a terapia para poder verme en el espejo, y todavía no me miro”, confesó. “No quería verme al espejo porque no me amaba ni me gustaba lo que observaba ahí”.

“Pero estoy haciendo el trabajo, y estoy tratando de llegar al punto en que me gusto, con defectos y todo, y tratar de amarme”, explicó en la revista.
A lo largo de la última década, Evangelista también enfrentó problemas de salud más allá del CoolSculpting. Superó dos diagnósticos de cáncer de mama y se sometió a una doble mastectomía, además de varias cirugías de pulmón, tratamientos para queloides, cicatrices de tubo torácico y una cesárea.
“Acepto mi doble mastectomía. Estoy bien con eso”, expresó a Harper’s Bazaar. “Me puse implantes muy pequeños. Lo que me sacaron, lo puse de vuelta en términos de volumen. Hubo muchas cirugías, pero estoy bien con eso”, dijo la supermodelo de los 90. “Gané. Estoy aquí y sigo viva”.

Respecto a los tratamientos cosméticos, Evangelista también decidió disolver todos sus rellenos faciales. Aunque aún recibe inyecciones de botox, ahora busca reconectar con su rostro real.
“No me importa cómo envejezco. Solo quiero envejecer”, afirmó a Harper’s Bazaar. “No tiene que ser con gracia. Realmente, realmente, realmente no quiero morir. Aún tengo mucho por hacer. Finalmente me estoy sintiendo cómoda conmigo misma y con todo, y ahora quiero disfrutarlo”.
En ese contexto, también aprecia que el tiempo la haya distanciado de la fama que tenía en su juventud. “Por años sentía que todos ponían sus ojos sobre mí. Ya no lo siento más. Y estoy bien con ello”, explicó Evangelista. “No era sostenible, lo que sea que fuese en esa época. Y me siento aliviada de que no estoy viviendo esa vida”.
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