¿Y si el miedo a envejecer fuera en realidad el miedo a no ser suficiente? Vivimos corriendo detrás de un ideal de perfección que la sociedad inventó, olvidando que la verdadera magia ya vive dentro de nosotros.
En una profunda charla sobre salud mental y el paso del tiempo, la psicóloga clínica Andrea Escamilla nos regala una brújula emocional: la valía no se negocia ni se busca en la mirada ajena.
La especialista abordó cómo las presiones sociales, la autoimagen y la cultura influyen en la percepción del envejecimiento y en el bienestar emocional de las personas.
Andrea Escamilla es psicóloga clínica con experiencia en la atención de personas mayores, adultos, adolescentes, niños, parejas y familias.
Su trabajo se ha centrado en problemáticas como la ansiedad, la depresión y la dependencia, además de haber brindado apoyo en procesos de duelo y en el manejo del estrés, especialmente en personas con enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión.
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Miedo a envejecer y presiones sociales
—¿Se observan muchos casos de miedo a envejecer en El Salvador y Centroamérica?
—Fíjate que sí. Normalmente se está dando esta crisis de miedo a envejecer a partir de los treinta años. O sea, ni siquiera estamos hablando de edades de cuarenta y cinco o cincuenta, no. A partir de los treinta años comienza una lucha contra el reloj interno, de que, yo no sé si estoy viviendo bien mi vida.
No sé si, si es lo que yo quiero hacer, si me voy a arrepentir en un futuro, o las presiones sociales de que debería de tener esto, debería de tener una casa, debería tener un carro, debería haber viajado más, debería tener una pareja, hijos, etcétera.
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Normalmente, estas presiones sociales vienen más o menos, si soy sincera, eh, a partir de los veinticinco años. Tengo muchos pacientes de edad de veinticinco años que consideran de que ya, ya no, no hacen mucho por su vida, que están estancados, que quizás lo que les espera son cosas muy negativas, que van a quedarse solos. Entonces, hay mucha presión interna, pero a partir de los veinticinco en adelante. Entonces, y ya no hablamos de las personas que tienen treinta años, que comienzan con las presiones de: ya tendría que tener una familia y no la tengo.
—¿Existe algún término en psicología para designar el rechazo a envejecer?
—Fíjate que en sí nombre no hay, pero sí hay algo que conocemos como edadismo.
—¿Qué es el edadismo?
—Son los prejuicios que se tienen sobre la vejez. O sea, más que todo son creencias, ideas que están ahí presentes de manera despectiva sobre envejecer.
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Edadismo y percepción cultural de la vejez
—¿Es normal tener miedo a envejecer?
—Sí, y bueno, realmente es complejo por el tema del nivel cultural. O sea, dependiendo lo que nos digan del envejecimiento, puede generar en las personas mucho miedo o al contrario, tomarlo con mayor aceptación y como un proceso normal y natural de la vida.
Lo que sucede es que se nos ha vendido la idea de que envejecer, ¿qué es? Pérdida. Es decir, nuestra salud se ve afectada, va disminuyendo, tenemos cambios físicos, cambios hormonales. En el nivel de trabajo también se ve afectado porque a cierta edad tenemos que jubilarnos ya. Entonces, comienza la sensación de presión, de que voy a ser una carga cuando realmente no es así.
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—¿Cuáles son las principales causas de que una persona acepte o no el hecho de que está envejeciendo?
—Realmente, si nos vamos a la parte del desarrollo, a partir de los veinticinco años sí comienza un declive en ciertas producciones de algunas hormonas. Sin embargo, el proceso de envejecimiento es a nivel paulatino. O sea, el cuerpo va avanzando y eso es algo también importante saber. La edad cronológica. O sea, nuestro cuerpo tiene una edad, por decirlo así. Son los años que tenemos a nivel biológico. Pero la edad subjetiva es otra cosa. Porque si personas de treinta años se consideran ya personas mayores, como que, ah, ya estoy viejo, es una percepción que ellos tienen.
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¿De dónde viene más que todo este miedo a no aceptarlo? Factores sociales, o sea, la cultura. ¿Qué nos han vendido? De que tu mejor momento son tus veinte. O sea, disfrutas tu juventud, recalcan. ¿Y qué es lo que ofrecen más que todo las empresas? Personas jóvenes, necesitan personas jóvenes, les dan más oportunidades. Eh, también se asocia la juventud con éxito, con belleza, con deseo, con mayores oportunidades a nivel laboral, financiero, entre otras. Entonces, ver que alguien está envejeciendo, dicen ya no voy a ser productivo, ya no seré tan exitoso porque se espera que yo tenga tal edad.
Entonces eso es uno. Lo otro es también el valor que le damos. O sea, si para nosotros ser exitoso tiene mucho que ver con ser joven, entonces comenzar a envejecer y que nuestro propio cuerpo comience pasando factura, es decir, ya no tengo tanta fuerza como antes, me canso más rápido y para mí, mi valor estaba en trasnocharme, ir a discoteca y todo lo demás, o de cuánta carga yo podía agarrar en el trabajo, sí va a comenzar a generar un declive en la autopercepción de la persona, porque ha dejado su identidad con la juventud. Y también está el otro factor, los duelos que se ven atravesados. ¿Por qué? Porque a medida que vamos envejeciendo vamos perdiendo, eso sí, vamos perdiendo cosas. Perdemos familiares, perdemos amigos, perdemos salud en algunos momentos. Cambia la etapa. Entonces sí va generando ese temor y es como que no, no quiero envejecer.
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Autoestima, identidad y aceptación de los cambios físicos
—¿La autoestima y la identidad personal tienen relación directa con la edad?
—No, realmente no, pero si te fijas, pueden haber factores muy importantes. Por ejemplo, si nuestra identidad se basa mucho en lo que producimos, sí puede tener mucho que ver cómo nos han educado, las experiencias previas que hemos tenido y también, el entorno en el que estamos puede también influir. Pero también puede ser si hemos escuchado adjetivos o mejor dicho, palabras un poco negativas sobre el adulto mayor, ¿verdad? Si hemos escuchado es que mira tu abuelo, mira, él no hace nada, solo pasa ahí sentado en el sillón. O mira, escucha a tu abuelito, porque si no tiene con quién hablar. O sea, si lo ven desde la lástima o al contrario, si lo ven como que ay no, es que mira tu abuelo, o sea, ya comienzan a verlo como algo molesto. Entonces sí va generando como una idea de que la persona al envejecer ya no es útil, entre comillas, cuando realmente si lo es, dependerá mucho lo que conozca la persona, sus experiencias previas.
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—¿Envejecer implica necesariamente una pérdida de calidad de vida o puede resignificarse esa etapa?
Más allá de ver como estoy perdiendo cosas, es de ver cómo quiero vivir esta etapa, porque realmente va cambiando. O sea, son procesos, son etapas que requieren cambios. Tener ya sesenta años no es decir: “Ah, ya se me acabó la vida”. No, es ver cómo quiero vivir esa etapa, ¿verdad? ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo quiero realmente disfrutarla? Porque a medida que vamos creciendo, sí va cambiando la forma en como vamos viendo la vida. Y eso también es algo importante. El ser humano tiene mucho miedo al final de la vida. El miedo a la muerte, tiene mucho pánico. Entonces, llega un punto que el adulto mayor se plantea desde otra perspectiva el decir: “Okey, ¿Cómo quiero vivir mi vida ahora?” Ya muchas cosas cambian de prioridades, o sea, las experiencias cambian. Lo que busca la persona a medida que va creciendo es calidad sobre cantidad, paz.
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También lo más importante, vivir el presente. Ya el futuro se vuelve como una ganancia más, pero realmente disfrutan más el presente. Entonces, es cambiar la perspectiva de cómo lo vemos, saber que es una etapa, como todas requieren cambios, pero también requiere un cambio a nivel de cómo tú percibes esto y qué quieres hacer con esa etapa, qué proyectos te quieres comenzar a hacer y también cuál es tu propósito.
La psicóloga salvadoreña Andrea Escamilla analiza la crisis de miedo a envejecer, un fenómeno que asegura, comienza a manifestarse a partir de los 25 y 30 años debido a la intensa presión social y las expectativas personales. (Infobae Centroamérica/Emerson Del Cid)
—¿Cómo puede una persona aceptar los cambios físicos, como las arrugas?
La belleza no solo es la piel totalmente lisita, O sin arrugas, sin imperfecciones, porque la piel es un órgano más y también va envejeciendo con nosotros. Verlo como experiencias que hemos tenido en nuestra vida, nuestras líneas de expresión. Cuando sonreímos, es también de ver cuántas veces hemos disfrutado de una carcajada, cuántas veces también hemos sonreído al ver a alguien que nos gusta. O sea, verlo como la experiencia material que hay en nuestro rostro. También descubrir nuestras canas, que es algo totalmente natural en el cabello, pero no tiene nada que ver con la edad, curiosamente. Pero la gente lo asocia con eso. Entonces, ver también que es parte de cuántos años he vivido. Y también ver que nuestra belleza no es que se vaya, se transforma.
Obsesión por la juventud y consecuencias psicológicas
—¿Ocurre igual en hombres y mujeres la preocupación por el envejecimiento y la autoimagen?
—Sí, es igual en hombres y mujeres. Es igual esa sensación de que a veces se sienten que: “Ah, no soy tan atractivo o no soy tan atractiva”. Es igual. O sea, tienen que ver qué es lo que realmente son. O sea, quiénes son ellos, cómo han vivido su vida.
—¿Cómo se llama el hecho de no aceptarse y excederse en productos o cirugías para la juventud?
— No es que exista un término clínicamente sobre eso, pero sí comienza algo llamado obsesión, las personas se definen que su valor radica en su físico, por ejemplo, cuando realmente no es así. Lo que genera sufrimiento en las personas no es tanto las problemáticas, sino cuando nos apegamos a una irrealidad. Por eso la gente que se practica muchas cirugías no se siente conforme. Llega un punto en que aunque se hagan varias cirugías, no se sienten conformes consigo mismo, porque el problema no está afuera, está adentro. Cuidarse está bien. Está bien hidratarse la carita y todo lo demás, pero cuando ya raya el momento en que no quiero verme de mi edad y quiero verme como que tuviera quince o veinte años, sí ya es un problema que tenemos que trabajar, porque le está quitando felicidad y salud emocional a la persona.
¿Existe un término para la obsesión por parecer joven? Una especialista en salud mental explora las raíces de la no aceptación, el valor que le damos a la apariencia física y cómo el apego a ideales irreales nos afecta. (infobae Centroamérica/Emerson Del Cid)
—¿Cuándo suele una persona buscar ayuda profesional por este problema?
— Normalmente lo hacen cuando ya les genera mucho sufrimiento, cuando comienzan ciertas bromitas de la edad y ya no es, ya no le genera tanta gracias. Llegan un punto en que por más productos que utilicen o por más cosas que hagan, se sienten como frustrados en su vida y nada les genera placer ni tampoco diversión. O sea, como que poco a poco siente que se van apagando. Y ya la sensación de verse joven o verse, de cierta edad, les está quitando salud. Entonces, ya ahí es cuando deciden acudir a consulta psicológica. Lo ideal es que si nos está creando mucho dolor este tema, es mejor ir con un profesional de salud mental y también comenzar a explorar cómo quiero vivir. ¿Para quién estoy viviendo? ¿Cómo quisiera disfrutar mi etapa de la vejez? Y también cuidarnos, está bien cuidarnos, ¿verdad? Está bien alimentarse bien, está superbién hacer ejercicio, ¿verdad? Tener redes de apoyo, amistades que nos sumen, que nos aporten y también tener mucho cuidado con lo que consumimos en las redes sociales.
Influencia de las redes sociales y género en el envejecimiento
—¿Qué papel juegan las redes sociales en la percepción del envejecimiento y la autoimagen?
- Juegan bastante. Ahora, las redes sociales sí tienen mucha influencia en la salud mental, porque la mayoría de personas tiene redes sociales y las consumen todo el tiempo. Entonces, si cada uno hiciéramos un experimento de cuánto tiempo pasamos en las redes sociales, no pasamos veinte minutos, pasamos entre tres horas o cinco horas. En algunos casos llegan a pasar hasta ocho horas al día. Entonces, sí, si vemos siempre en las redes sociales como las exigencias de cómo deberíamos vernos tantas rutinas que están saliendo de cuidado de la piel para evitar arrugas, llegan incluso algunas que son demasiado extremas. Pueden caer en la desinformación y pueden afectar mucho en la salud mental de las personas, de cómo se perciben. Es importante cuestionar qué es lo que vemos y también evaluar si hay un contenido que me está generando mucha ansiedad, y me genera mucha más presión de la que ya tengo, mejor hay que bajar el contenido y buscar otras formas para entretenernos.
—¿Esto depende más de la personalidad que de la imagen?
—Exacto, es más cuestión de personalidad y de autoestima, y también de cómo han sido criados. Tiene mucho que ver estos factores, porque sí, puede que una persona no le importe su apariencia física y diga: “Yo sé que voy a envejecer, no pasa nada. Yo disfruto mi vida tal y como es”. Hay personas de setenta años que son felices, de hecho, hasta se arreglan superbién y muestran su cabello tal cual es, sin ninguna cirugía, sin tanto producto, se sienten plenos y felices.
Impacto en relaciones familiares y transmisión generacional
—¿Afecta el miedo a envejecer la relación con la familia y la pareja?
—Por supuesto, afecta un montón. Por ejemplo, con la pareja, eh, puede sentirse como que mi pareja no me ve, mi pareja no me quiere, eh, y cualquier cosa puede generarle inseguridad. Con la familia, similar, porque se siente frustrado por un tema de la edad.
—¿Cómo romper con ese ciclo generacional de temor a la vejez?
—Reconocer que cada experiencia es diferente, de que si a mi papá le pasó eso no quiere decir que a mí me va a pasar. Y también decir: “Yo quiero comenzar una, una vida saludable, sí”, pero saber de que puedo vivir mejor el presente ahorita sin enfocarme tanto en el futuro de así prevengo eso, así prevengo lo otro. Enfocarme en el día de hoy, vivir el hoy. Si me quiero alimentar saludable es por mí. Si quiero cuidarme mi piel es por mí, no es para quitar algo que sé que va a pasar, que es la vejez.
Reconciliación, resiliencia y mensaje final
—¿Cómo puede una persona empezar a reconciliarse con su edad?
—Más que todo es aceptar. Cuando uno logra reconciliar, es aceptar de que no puedo hacer nada contra ello, ¿verdad? Pero también puedo ver y ver realmente todo lo que yo he logrado. O sea, porque muchas veces nos enfocamos mucho en lo que nos hace falta.

—¿Cuáles son los recursos para fomentar la resiliencia y la autoaceptación?
— Tenemos que enfocarnos más en lo que yo tengo, en lo que ya logré. Entonces, parte de aceptar es ver toda la experiencia que he logrado acumular, lo cuáles son mis recursos actuales, cómo he podido salir adelante en ciertas ocasiones y creer de que si yo pude antes, puedo ahora, podré en un futuro, pero que ese futuro no se vuelva una obsesión más en mi vida, sino más bien sea como una garantía de que voy a poder seguir adelante. Y si en algún momento no sé qué pueda pasar, sé que en ese momento sabré qué hacer. De lo contrario, pues mejor me enfoco en lo que tengo ahorita.
—¿Qué mensaje daría a quienes no logran encontrar la felicidad en la apariencia o la edad?
—Quizá el mensaje podría ser el siguiente: que al final nosotros vamos sufriendo cambios a lo largo de la vida, pero también hay que enfocarnos en cuántas veces hemos salido adelante, cuánta gente nos ama aun siendo imperfectos, cuántas personas se alegran por vernos en el día, sin importar si hemos sido groseros con ellos en algún momento, si hemos estado con los ánimos bajos.
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