
Tengo en mi mano una foto de cuando iba a la escuela secundaria. Además de la nostalgia por pensar en aquellos jóvenes años, me tomé unos minutos para reflexionar sobre la dinámica a partir de la cual construía mis aprendizajes. O quizás recibía información.
Automáticamente me vino a la mente la idea de loop, que, sin ser experta en el área de programación, entiendo que se refiere a un proceso que se repite una y otra vez: formar fila, izar la bandera, ir al curso, escuchar al profesor, responder algunas preguntas, salir al recreo, volver al curso, escuchar, y así sucesivamente hasta que llegaba la tan preciada hora de volver a casa o ir al club a entrenar. Lugares en donde sí quería estar.
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Si pienso en la distribución física del aula: filas, siempre filas que, cada tanto, se convertían en grupos de trabajo. Muy cada tanto. ¿Cómo eran las evaluaciones? De dos tipos: las orales se hacían al azar y me daba pánico el nivel de exposición que generaban; y las escritas, siempre al final de una unidad. En retrospectiva, al pensar en la metodología de estudio que utilizaba, asumo que estudiaba de memoria y la verdad, ¡eso me funcionaba!, ya que nunca me llevé a rendir una materia.
Si bien estos recuerdos se refieren a mi trayectoria como estudiante de un nivel en particular, la foto no varía demasiado si tengo que reflexionar respecto a las experiencias educativas que transité con posterioridad, lo que me hace pensar que no se trata de un lugar, más bien de un sistema.
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Los procesos cognitivos designan aquellas operaciones mentales que nos permiten conocer y procesar la información proveniente del entorno. Reconociendo la existencia de distintas taxonomías, a grandes rasgos podríamos decir que estos procesos se clasifican en básicos y superiores. A modo de ejemplo, son considerados procesos cognitivos básicos la atención, la memoria y la percepción; mientras que los procesos cognitivos superiores se refieren, por ejemplo, al pensamiento, la creatividad, la toma de decisiones, entre otros. Teniendo en cuenta esto, vuelvo a mis recuerdos y me pregunto qué tipo de procesos cognitivos estimulaba predominantemente aquel tipo de educación. No se me presentan muchas dudas al momento de responder esta pregunta, ese formato escolar me brindó la posibilidad de poner en práctica y desarrollar, especialmente, mi atención y memoria.
En la actualidad, son muchos los autores que plantean que existe una distancia significativa entre la preparación que otorgan las instituciones educativas y los desafíos que plantea el contexto.
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La información está a un clic de distancia, circula y de hecho, abunda. ¿La escuela prepara a los estudiantes para tomar decisiones respecto a qué fuente de información elegir? ¿Estimula en sus estudiantes el pensamiento crítico? La tecnología, por ejemplo, ha impregnado cada una de las áreas en las que nos desenvolvemos. ¿Qué competencias tecnológicas está desarrollando la escuela en sus estudiantes? En una sociedad en la cual el individualismo cobra cada vez más protagonismo, ¿cómo estimula la escuela la cooperación y el trabajo en equipo? En un contexto en el cual los desastres medioambientales forman parte de los titulares habituales de los medios de comunicación, ¿de qué manera las escuelas fomentan el compromiso y la responsabilidad social de sus estudiantes?
Estas son algunas preguntas que nos pueden ayudar a pensar cuál es el rol de las instituciones educativas en la actualidad, a reflexionar respecto a los procesos cognitivos que éstas predominantemente promueven --¿memoria enciclopédica o aprendizajes para la vida?-- y a identificar qué tipo de correlato encuentra todo ello con los desafíos que plantea el contexto.
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En línea con lo anterior, existen diversas iniciativas dedicadas a investigar y mejorar la calidad de los aprendizajes. Una de ella es el enfoque de “Enseñanza para la comprensión”, un marco metodológico creado por la Escuela de Educación de la Universidad de Harvard. Como su nombre lo indica, ubica a la comprensión como eje de la propuesta de enseñanza y aprendizaje. Para este paradigma, un estudiante comprende cuándo es capaz de utilizar lo que sabe de forma creativa. Así no bastan sólo las buenas respuestas, la comprensión va más allá que el conocimiento.
Si bien detallar cada uno de los supuestos de este marco puede llevarnos varias publicaciones, en el caso que se quiera implementar este enfoque se deben considerar especialmente cuatro elementos los cuales se describen sintéticamente a continuación:
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1. Tópicos generativos: se refieren a ejes temáticos centrales de una disciplina, susceptibles de generar conexiones con la experiencia de los estudiantes y otras disciplinas. Estos tópicos resultan atractivos y generan curiosidad a los estudiantes.
2. Metas de comprensión: involucra aquellos conceptos, habilidades e ideas que forman parte de los tópicos generativos y que se busca que los estudiantes comprendan.
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3. Desempeños de comprensión: de alguna manera, es el núcleo de esta propuesta. Se refiere a la estrategia que se va a utilizar para que los estudiantes demuestren su comprensión. Este marco menciona que existen distintos tipos de actividades, a partir de las cuales, los estudiantes pueden demostrar su comprensión.
4. Valoración diagnóstica continua: alude a la posibilidad de lograr un proceso de retroalimentación continuo que le permita a los estudiantes conocer en detalle de qué manera pueden lograr las metas de comprensión planteadas por el docente. Para comprender, los estudiantes necesitan retroalimentación clara y específica respecto a sus desempeños desde el inicio hasta el final de un proceso.
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Mientras que en el marco de la educación tradicional el rol de los estudiantes queda reducido a la escucha y la reproducción del conocimiento, lo que plantea este enfoque resulta útil no sólo para reflexionar sobre nuestras prácticas sino también para orientar nuestra tarea docente a la búsqueda de evidencias que nos permitan distinguir cuándo estamos navegando sobre las aguas de la comprensión de aquellos momentos en los cuales nos estamos desplazando por las aguas del conocimiento. Estos aportes, además, implican repensar el rol que se les suele adjudicar a los estudiantes en el marco de las clases tradicionales en las cuales se suele enfatizar el saber por sobre el hacer.
A modo de síntesis, lo que plantea este enfoque se diferencia de aquello que conocemos bajo el nombre de “educación tradicional” en, al menos, dos sentidos: la educación tradicional se sustenta en una dinámica en la que los estudiantes adquieren un rol pasivo y “aprenden” de todo lo que el docente tiene para decir quién, por su puesto, es la figura que ostenta el saber. ¿Cómo el docente evalúa los aprendizajes? Predominantemente a partir de la reproducción. En este punto considero que se presenta una incógnita: ¿qué diferencia la memoria de la comprensión? El enfoque de enseñanza para la comprensión resuelve esto con su constructo, los desempeños de comprensión son una invitación a “poner en movimiento” a los estudiantes, a lograr cierta articulación entre el saber y el hacer para lograr que en el proceso de enseñanza y de aprendizaje los estudiantes realmente comprendan los tópicos que están abordando.
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Hace ya varias décadas que distintas corrientes vienen resaltando la necesidad de revisión y actualización de las estrategias didácticas utilizadas para mejorar la calidad de los aprendizajes de nuestros estudiantes. Una de ellas está representada por distintos movimientos que coinciden en señalar el rol determinante que tienen las instituciones educativas no solo en el aprendizaje sino también en el desarrollo de las llamadas “Habilidades del Siglo XXI”: el pensamiento crítico, el liderazgo, la comunicación, la capacidad para aprender a aprender, la inteligencia emocional, entre otras. Habilidades meramente humanas, útiles para la vida y que, generalmente, suelen quedar a merced de la experiencia y curiosidad de cada persona. Para estas corrientes teóricas también el hacer es una instancia definitiva para el aprendizaje.
¿Cómo puedo brindar espacios en los cuales los estudiantes sean protagonistas activos de sus propios aprendizajes? ¿Cómo pensar un aula que estimule el desarrollo de “Habilidades del Siglo XXI”? Comparto algunas ideas que pueden resultar útiles:
- En principio, romper con la distribución tradicional del aula, procurar que el docente deje de ser el centro de la escena y pase a ocupar otro lugar dentro del proceso, el de facilitador, orientador, el de guía.
- Implementar estrategias didácticas como el aprendizaje basado en proyectos, el aula invertida, el pensamiento de diseño aplicado a la educación, entre otras.
- Estimular el trabajo en equipo, proponer diversos formatos de evaluación que permitan a los estudiantes poner en práctica otras habilidades, variar las actividades dentro del aula: que los estudiantes busquen evidencias, establezcan analogías, encuentren formas creativas de explicar un tema.
- Retroalimentar los desempeños de nuestros estudiantes en términos de habilidades. ¡Cuánto me hubiese gustado que mis docentes me dieran consejos para mejorar mi comunicación oral y así evitara el pánico que sentía cada vez que tenía que hablar en público!
- En vez de que los estudiantes “completen” las evaluaciones, proponerles que sean ellos quienes las corrijan.
- Destinar espacios para conversar sobre las emociones y la importancia que reviste saber regularlas, fomentar la metacognición, implementar el uso de diarios de aprendizaje.
Entre infinidades de ideas más. Para quienes trabajamos en el ámbito educativo, conocer y compartir este tipo de aportes teóricos puede darnos pistas importantes respecto a la forma de llevar adelante nuestra tarea y lograr que nuestros estudiantes alcancen los objetivos previstos. Experimentar, compartir buenas prácticas y el deseo genuino de formar estudiantes que no sólo “sepan” sino también “hagan cosas con eso que saben”; serán indispensables para lograr el giro de una educación enciclopédica hacia una educación basada en desempeños.
Susel Jacquet. es coordinadora de Habilidades del Siglo XXI de Ticmas.
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