Espías en la universidad: cómo los servicios de inteligencia reclutan y controlan a los profesores

"Spy schools", recién publicado, da cuenta de las operaciones encubiertas que la CIA, el FBI y agencias extranjeras realizan en universidades estadounidenses. En diálogo con Infobae, su autor Daniel Golden dijo: "Una vez que le pagan a un estudiante, son dueños de él"

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(Getty Images)
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Antes de que se firmara el programa nuclear, la CIA intentó impedir que Irán desarrollara su armamento. Lo hizo, por más que parezca no existir relación, a través de las universidades. Organizaron conferencias académicas simuladas en Europa para identificar un científico nuclear clave en Irán. Los disertantes no sabían que formaban parte de un operativo ficticio; los oyentes, mucho menos.

Un día durante el congreso, un agente tocó la puerta del científico: "Soy de la CIA y quiero que se suba en un avión conmigo hacia Estados Unidos", le dijo sin tiempo para miramientos. "Al parecer, algunos científicos fueron inducidos a desertar de esa manera", señaló a Infobae Daniel Golden, premio Pulitzer en 2004 y autor del recién publicado Spy Schools: How the CIA, the FBI and Foreign Intelligence Exploit America's Universities.

La investigación, que indaga en la intromisión de los servicios de inteligencia en las universidades norteamericanas, surgió a partir de un artículo que Golden escribió para Bloomberg. En él, daba cuenta de la maniobra de presión que el FBI ejerció sobre Dajin Peng, un profesor chino que enseñaba en la Universidad del Sur de Florida. Querían que espiara a su país natal e incluso le pidieron a la casa de estudios que estableciera una sucursal en China como base para el espionaje.

"Durante la investigación para ese artículo, supe que la situación no era tan poco habitual como creía. Así que decidí explorar actividades encubiertas por parte de los servicios de inteligencia locales y extranjeros en las universidades estadounidenses. Mi investigación tomó aproximadamente dos años", contó el periodista.

-¿Con qué obstáculos se topó?

-Uno de los mayores obstáculos que encontré fue la oposición del FBI a proporcionar documentos, lo que condujo a una batalla legal. Tuve que buscar otra forma de reunir la información. Mediante el envío de solicitudes de registros públicos a universidades estatales, solicitando sus comunicaciones con la CIA y el FBI, logré datos relevantes. Cuando me puse en contacto con una escuela, el Instituto de Tecnología de Nueva Jersey, que elegí porque tiene muchos estudiantes extranjeros en ciencias que podrían ser objetivos de reclutamiento, me prometieron enviarme 4.000 páginas de correos electrónicos con el FBI. Pero cuando llegó el paquete, casi todas las páginas estaban tachadas.

-¿Se solucionó el inconveniente?

-Sí, contraté a una firma de abogados pro bono y demandé al instituto. Su respuesta fue: "No es culpa nuestra. El FBI envió ocho agentes al campus que revisaron las páginas y las clasificaron". Luego, el instituto se dio vuelta y demandó al FBI, que asumió la posición legal de que todavía era dueño de los correos electrónicos que había enviado a las universidades. Al final, temeroso de establecer un precedente perjudicial, el FBI cedió y me dio la mayoría de los documentos.

Daniel Golden, autor de “Spy
Daniel Golden, autor de “Spy schools”

-¿Qué buscan los servicios de inteligencia instalándose en las universidades?

-Los servicios de inteligencia extranjeros están interesados ​​en acceder a investigaciones sensibles financiadas por el gobierno y realizadas en universidades estadounidenses, así como en reclutar informantes sobre política y economía de los EE. UU. Mi investigación se centró principalmente en los servicios de inteligencia de Rusia, China y Cuba.

-¿Y los locales?

-El FBI y la CIA reclutan estudiantes e investigadores internacionales a quienes esperan enviar a casa como nuestros agentes. Además alistan informalmente y recopilan información de estudiantes y profesores estadounidenses que viajan al exterior.

-¿Cómo es el proceso de reclutamiento de los espías?

-Hay muchas formas de reclutar espías. Un enfoque estándar es que el oficial de inteligencia utilice una identidad y ocupación falsas, cultive el vínculo con el objetivo y cree una relación financiera. Por ejemplo, dice ser un consultor de negocios y le paga a un alumno para que escriba un documento o proporcione información. Una vez que un servicio de inteligencia le paga a un estudiante, es dueño de él o ella.

-¿En qué universidades o áreas de investigación suelen buscar?

-El espionaje se lleva a cabo en todo tipo de universidades: privadas de elite, estatales, incluso de artes. Probablemente esté más concentrado en las universidades de Washington y Nueva York, que están más cerca de las embajadas y las misiones diplomáticas. Los objetivos tienden a ser los mejores científicos; profesores que trabajaron en el gobierno federal o que probablemente lo harán en el futuro; y profesores y estudiantes que hablan varios idiomas y cuyo trabajo académico los lleva al extranjero a áreas de tensión en política exterior como China, Pakistán y Medio Oriente.

Harvard intentó frenar el avance
Harvard intentó frenar el avance de la inteligencia sobre las universidades

Los servicios de inteligencia, cuenta Golden, estuvieron activos durante décadas en las universidades estadounidenses, pero el ritmo aumentó en los últimos años a raíz de la globalización.

En lo que respecta a la CIA y el FBI, las casas de estudio ahora ignoran o aprueban actividades encubiertas que alguna vez se hubieran considerado "escandalosas". Las universidades reciben fondos considerables de la inteligencia, en parte, por miedo a parecer "anti patrióticas".

-¿Hubo algún intento de frenar el avance de la inteligencia en las universidades?

-El último intento importante fue en la década de 1970 y fracasó. Después de que una investigación del senado de EE.UU. revelara que la CIA estaba utilizando varios cientos de académicos para "proporcionar pistas y, en ocasiones, realizar presentaciones con fines de inteligencia", la Universidad de Harvard comenzó a preocuparse. Prohibía a estudiantes y profesores realizar operaciones de inteligencia y ayudar a reclutar estudiantes extranjeros bajo falsos pretextos. Sin embargo, la CIA rechazó las pautas de Harvard.

-¿Qué pasó?

-Dejaron en claro que no tenían la intención de seguirlas, y casi ninguna otra universidad las adoptó, por lo que el esfuerzo no llegó a nada. Desde entonces, y especialmente desde el 11 de septiembre, las universidades se volvieron mucho más complacientes con la inteligencia de los EE.UU. La propia Harvard cedió ante la presión de la CIA.

-¿Está mal visto que la CIA financie a los investigadores?

-El fenómeno es bastante común, pero a veces se desaprueba. La CIA, a menudo, usa una compañía intermediaria para patrocinar conferencias académicas y pagar a los investigadores por discursos y consultas, para que no tengan que poner a la CIA en sus currículums.

-¿Cuál es el futuro de los servicios de inteligencia en las universidades?

-Lo más probable es que la actividad encubierta no solo continúe, sino que incluso se intensifique. Me gustaría que todas las universidades adoptaran las directrices de Harvard y las extendieran a los servicios de inteligencia extranjeros, así como a la CIA. Pero dudo que suceda.

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