
La Cámara Panameña de Energía Solar colocó sobre la mesa uno de los temas más sensibles para el desarrollo energético del país: la necesidad de certeza regulatoria en un contexto donde la tecnología avanza más rápido que las normas.
Durante la quinta edición de RENPOWER, el gremio impulsó un espacio de diálogo entre actores públicos y privados, en el que se abordaron tanto los retos de inversión como las oportunidades que ofrece una matriz energética cada vez más renovable.
El encuentro reúne a representantes del sector energético de Panamá y de otros países de la región, con el objetivo de compartir experiencias, comparar políticas y analizar hacia dónde se dirige el mercado en los próximos años.
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En el marco del evento, la Cámara concretó la firma de un memorando de entendimiento con el Sindicato de Industriales de Panamá, un acuerdo que busca articular la demanda energética del sector productivo con la oferta tecnológica solar.
La iniciativa no apunta a la provisión directa de energía, sino a generar capacitación, intercambio de conocimiento y acercamiento entre empresas que desarrollan soluciones solares y quienes requieren reducir costos operativos.
La energía, como explicó Mónica Escalante, miembro de la junta directiva de la Cámara Panameña de Energía Solar, sigue siendo un componente altamente sensible dentro de la estructura de costos de la industria, lo que convierte a la tecnología solar en una alternativa estratégica.
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Además de resaltar la importancia del acuerdo firmado con el Sindicato de Industriales de Panamá, Escalante comentó que la incertidumbre regulatoria en torno a los límites de la generación distribuida, es decir, la energía que producen los propios usuarios con sistemas como paneles solares para autoconsumo o para inyectarla a la red.

Actualmente, el tope se ubica en 5% en energía y 16% en demanda, una restricción que, según el gremio, no cuenta con un sustento técnico claro ni con una hoja de ruta definida.
El problema, advirtieron, no es únicamente el porcentaje, sino la falta de previsibilidad para proyectos que tienen una vida útil de hasta 30 años, lo que obliga a los inversionistas a tomar decisiones bajo condiciones cambiantes.
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La representante del sector fue clara en este punto: más que frenar directamente la inversión, lo que se genera es un clima de incertidumbre que termina afectando la planificación de largo plazo.
En un mercado donde las decisiones energéticas requieren estabilidad, la ausencia de reglas claras puede convertirse en un obstáculo tan relevante como cualquier limitación técnica o financiera.
El llamado del gremio es que, si se mantienen estos topes, al menos exista una justificación técnica transparente y un horizonte definido para su evolución.
En términos de participación dentro del sistema eléctrico, la energía solar ya representa alrededor del 12.5% de la matriz energética panameña, con una capacidad instalada cercana a los 600 megavatios.
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Este crecimiento se suma a una matriz que ya es predominantemente renovable, con un peso importante de la generación hidroeléctrica, así como aportes del viento y del gas natural. El dato es relevante, porque confirma que el país no solo ha avanzado en diversificación energética, sino que además cuenta con una capacidad instalada que supera, en algunos momentos, la demanda interna.
Esa condición abre otro frente de análisis: Panamá no enfrenta hoy un déficit de generación, sino más bien un escenario de excedentes energéticos, lo que permite incluso pensar en la exportación de electricidad, destacó Escalante.

El reto, según el sector, no está únicamente en generar más energía, sino en optimizar el uso de la infraestructura existente y resolver las limitaciones de transmisión. En ese punto, el gremio advirtió que las líneas de transmisión se han convertido en uno de los principales cuellos de botella para el crecimiento del sector. }
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Aunque exista interés en desarrollar nuevos proyectos, la capacidad de las redes actuales no siempre permite incorporar más generación, lo que obliga a replantear la estrategia de expansión del sistema eléctrico, explicó la vocera del gremio.
La infraestructura, en este sentido, se vuelve tan determinante como la propia capacidad de generación.
Otro elemento que empieza a ganar peso en la discusión es el rol de las baterías de almacenamiento, una tecnología que ya comienza a ser económicamente viable y que podría transformar la forma en que se gestiona la energía en el país.
El gremio considera que el marco regulatorio debe actualizarse para incorporar estas soluciones, tanto en generación distribuida como a gran escala. La evolución tecnológica está marcando el ritmo del sector, y la regulación deberá adaptarse si Panamá quiere mantener competitividad.
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En paralelo, la generación solar distribuida sigue mostrando un crecimiento sostenido, con tasas interanuales superiores al 30%, impulsadas por la adopción en sectores comerciales, industriales y residenciales.

Este segmento, a diferencia de los grandes proyectos, responde directamente a decisiones individuales de inversión, lo que lo convierte en un termómetro clave del dinamismo del mercado.
El comportamiento de este segmento sugiere que, incluso en medio de restricciones regulatorias, la demanda por soluciones solares sigue en expansión.
El balance que deja el evento es claro: Panamá cuenta con una matriz energética robusta y diversificada, pero enfrenta desafíos estructurales en regulación, transmisión e integración tecnológica. La firma del acuerdo con el sector industrial marca un paso hacia una mayor articulación entre oferta y demanda, pero el desarrollo del sector dependerá en gran medida de la capacidad del país para ofrecer reglas claras, estabilidad y visión de largo plazo en un mercado que no deja de evolucionar.
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