
Este miércoles a las 6 de la tarde se firmará el acta de defunción de las Lebac. Las Letras del Banco Central (Lebac), creadas en 2003, pasaron de ser un instrumento conocido solo en el mundillo financiero, a una herramienta en la lucha contra la inflación, a inversión favorita de todos quienes tenían una cuenta de home banking y a un peligro para la estabilidad del BCRA que tenía que ser desactivado muy cuidadosamente.
El vencimiento de este miércoles por $68.618 millones marca el punto final en una historia que tomó más potencia desde abril de este año. El monto parece insignificante cuando se considera que el stock total de letras llegó a alcanzar cerca de 1,2 billones de pesos.
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En sus inicios, el Banco Central liderado por Federico Sturzenegger elevó las tasas de interés de las Lebac con el objetivo de reducir la presión sobre el dólar recién salido del cepo. Para lograrlo, las tasas de las licitaciones abiertas al público debían ser extremadamente atractivas.

¿Qué tan atractivas? En enero de 2016 las licitaciones cerraron con una tasa de 38% anual, bajando gradualmente a 24,75% en un año que cerró con una inflación del 24%. Y durante 2017 y la primera mitad de 2018, la estrella del portafolio del pequeño ahorrista se destacó tanto por sus altas tasas como por su liquidez a través de vencimientos cada 30 días.
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Pero esa fama vino con el precio de un stock cada vez más alto, con vencimientos cada vez más concentrados en el tiempo y la expresión "súper martes" y "bola de nieve" empezaron a escucharse cada vez más a fines de 2017.
La primera turbulencia cambiaria a fines de abril generó un resquebrajamiento en el status quo. La tasa determinada por el Central comenzó a escalar para competir con una devaluación que empujaba a la gente de vuelta al dólar. Entre mayo y junio el BCRA llegó a pagar hasta 47% anual de tasa para las Lebac a 27 días.
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El desarme del stock ya estaba en proceso antes de que el Gobierno cerrará el acuerdo stand-by con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero la metodología exacta para lograr derretir la bola de nieve se estableció en las negociaciones con los técnicos del FMI.
La misma prohibió a los bancos renovar sus Lebac, y estableció un monto mínimo en manos de inversores no bancarios que se dejaría vencer a propósito para volcarse a la economía. Con ese cronograma, el stock fue cayendo cada vez más en las licitaciones desde junio, hasta llegar a los últimos $68.000 millones que vencen este miércoles.
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El destino de esos pesos es uno de dos: o serán absorbidos por los bancos a través de la licitación de Letras de Liquidez (Leliq) o el Central dejará que se sumen a la base monetaria como parte del aumento planeado para la misma en diciembre, donde potencialmente podrán generar presión sobre el tipo de cambio.
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