Trabajan en la frontera de la ciencia y la tecnología. Transitan el no tan habitual –en la Argentina, al menos– camino de los productos de los laboratorios públicos hasta convertirse en una empresa privada, con un proyecto global en este caso. Tienen un CEO de 31 años y accionistas científicos. Y prometen ayudar en la detección temprana de enfermedades que no tienen cura, como el Alzheimer, y otras patologías del cerebro.

Todo eso es ViewMind, una empresa que crece casi en silencio, incubada en el interior del país por un grupo de seguros. Sí todo sale según su road map, van a facturar en el primer año de operaciones locales unos $140 millones. En dos años –o menos–, ya con ventas en EEUU y parte de la región, este test digital de apenas ocho minutos que le podría cambiar la calidad de vida a personas que se van a enfermar en el futuro y aún no lo saben, sumará ingresos por más de USD 65 millones anuales.

"ViewMind es una empresa que se dedica al desarrollo de evaluaciones neurocognitivas a través de una tecnología llamada Eyetracking. Un eyetracker es una cámara infrarroja que sabe el punto exacto de la mirada en cada centésima de segundo dentro de una pantalla. Con esto evaluamos patrones de lectura, toma de decisiones, dilatación de la pupila, un montón de factores diferentes que hace la persona mientra lee u observa", detalla  Matías Shulz, un ingeniero industrial de 31 años que es el CEO de esta startup.

Identificamos síntomas muy precoces de enfermedades como el Alzheimer con un test que dura ocho minutos. Y el Alzheimer, concretamente, lo podemos detectar con 10 años de anticipación

"Con esto podemos predecir si una persona va a tener algún tipo de alteración de la memoria o un deterioro cognitivo leve. E identificamos síntomas muy precoces de enfermedades como el Alzheimer con un test que dura ocho minutos. Y el Alzheimer, concretamente, lo podemos detectar con 10 años de anticipación", agrega este egresado y actual profesor del ITBA.

Una notebook con el test y el eyetracker
Una notebook con el test y el eyetracker

– ¿El "trackeador de ojos" es como una webcam?

– Sí, exactamente, pero alargada y de mayor calidad. Se enchufa al puerto USB de cualquier notebook. El paciente ve frases y otros estímulos, como imágenes, en la pantalla. Mira ocho minutos nuestro software, ni siquiera tiene que leer en voz alta. Con eso podemos hacer una evaluación general del estado cognitivo e identificar una enfermedad potencial.

– ¿Con el movimiento de los ojos y los patrones de lectura se pueden identificar estas enfermedades una década antes?

– Sí. Nosotros desarrollamos los algoritmos que identifican esos patrones de lectura. Cuando una persona lee no hace un barrido continuo de la frase, sino que se va parando en diferentes palabras, absorbe información y la va guardando en la memoria de trabajo. Hay que poder acceder a esa memoria en centésimas de segundos para entender y predecir el final de la frase.

Parte de la ganancia de la compañía tiene que ser destinada al ente público que ayudó a desarrollarla. En este caso, siempre que ganemos va a ganar el Conicet y la Universidad Nacional del Sur

– ¿El patrón de lectura normal es con "saltos" y no lineal?

– Si, no hacemos un barrido continuo. Se fijan algunas palabras por una fracción de tiempo, se absorbe información; se salta a otra y se "mirá" sus "alrededores". Y así. Una persona sana accede rápido a toda esa información que va almacenando y puede entender el contexto. Si tiene una patología no puede hacer lo mismo: tiene que releer y hacer más movimientos sacádicos, como se llaman esos "saltos". Aunque el tiempo total de lectura es muy similar, entre una persona con una patología y una sana, la manera de leer es totalmente diferente.

– ¿Cómo nace la idea?

– En el Conicet y en la Universidad nacional del Sur de la mano del investigador Gerardo Fernández, quien comenzó a estudiar hace diez años cómo las diferentes maneras de lectura podrían verse afectadas por patologías mentales. Nació con una vieja y conocida cadena de email en la que había un párrafo largo con las letras cambiadas y decía "si podés leer esto no tenés Alzheimer". Era un juego, pero se puso a estudiar y ocho años después nacieron los algoritmos que hoy utiliza ViewMind.

Además, Shulz es profesor en el ITBA
Además, Shulz es profesor en el ITBA

– ¿Ese vínculo entre la lectura y la detección de enfermedades es un descubrimiento local también?

– La idea de que la lectura se ve afectada por diferentes patologías se viene estudiando hace mucho tiempo. Pero lo que se hizo acá son los algoritmos específicos que pueden cuantificar de manera exacta ese patrón y atarlo a un área específica del cerebro. Eso nació 100% en la Argentina.

– ¿Qué enfermedades puede detectar el test de ViewMind?

– En principio, una alteración leve en la memoria. Luego, Alzheimer, depresión, demencia frototeporal y otras patologías mentales. También trabajamos con esclerosis múltiple, pero decidimos enfocarnos en Alzheimer para llegar con recursos al mercado que queremos abarcar.

Queremos que sea barato, entre $500 y $1.000. Si esto se masifica los costos, que son fijos, van bajar drásticamente

– ¿En qué etapa de desarrollo están?

– Ya tenemos un producto funcional y automático que emite reportes. Estamos empezando a transitar la aprobación regulatoria Anmat, de la mano de una consultora cordobesa. En diciembre lo vamos a tener registrado y ya en instituciones médicas para poder empezar a tomar registros. La etapa de Anmat se divide en dos. Primero tienen que cerciorarse que la empresa cumple los estándares de calidad, que los test son todos iguales. Luego, está la aprobación del producto médico, que hacemos lo que decimos hacer, algo que está cubierto con más de 20 publicaciones internacionales. Vamos por la aprobación de Anmat y también por la FDA, el regulador de EEUU, y otros de la región.

– ¿Cómo es el plan de negocios de la empresa?

– Se basa en dos ramas. La primera es llevar el Eyetracker a las instituciones médicas. Cuando se habla de predecir el Alzheimer suena medio negativo porque hoy no tiene cura. Pero cuanto antes se pueda predecir los síntomas, más se los podrá posponer. Si llegamos a muchas personas en etapa temprana podemos posponer el inicio el mayor tiempo posible. Además, como es una evaluación neurocognitiva computarizada, estaría cubierta por las obras sociales. 

Siempre recomiendo a los emprendedores que envíen curriculums a incubadoras ya que hay emprendimientos tecnológicos que necesitan refuerzos

– ¿Cuánto va a costar el test?

– No lo definimos aún. Una evaluación neurocognitiva estándar cuesta unos $3.000. Queremos que el test sea bastante más barato, entre $500 y $1.000. Si esto se masifica los costos, que son fijos, van bajar drásticamente.

– ¿Tienen competencia?

– Está Neurotrac, en EEUU., pero usan la cámara de la computadora que no tiene tanta calidad. Nosotros vamos por una detección muy temprana.

Público y privado

Desde la compañía detalla que ni siquiera hace falta ser médico para hacerse el estudio, ni tener entrenamiento específico. Los resultados, claro los tiene que evaluar un profesional.

Como se dijo, el ideólogo es Gerardo Fernández, el investigador del Conicet. Él decidió hacer la transición al sector privado junto con los ingenieros electrónicos Osvaldo Agamennoni y Pablo Mandoleci, el psiquiatra bahiense David Orozco, y Albano Laiuppa, quien fue el primer CEO. Todos habían participado en distintas etapas de la investigación. En 2016 se acercaron a CITES, la incubadora de startups tecnológico científicas del Grupo Sancor, en busca de fondos privados y de ahí surgió la idea de que el equipo, muy fuerte técnicamente, sumara a una persona destinada 100% al rol ejecutivo.

Shulz en los estudios de Infobae (Crédito: Santiago Saferstein)
Shulz en los estudios de Infobae (Crédito: Santiago Saferstein)

"CITES me conocía por otros emprendimientos. En el 2017 me ponen en contacto con el equipo y luego de algunas reuniones me aceptaron. Ellos suelen completar equipos emprendedores si piensan que algún rol vital no está cubierto. Por eso siempre recomiendo a los emprendedores que envíen curriculums a incubadoras ya que todo el tiempo hay emprendimientos tecnológicos que necesitan refuerzos", cuenta Shulz.

– ¿Cuán difícil es ese pasaje de público a privado en la Argentina?

– En el resto del mundo está muy estandarizado. En países como el nuestro cuesta más. El investigador crea una tecnología, se patenta y luego se licencia a una empresa privada. En este caso, la empresa es creada por el propio investigador. Parte de la ganancia de esa compañía tiene que ser destina al ente público que ayudó a desarrollarla. Siempre que ganemos va a ganar el Conicet y la Universidad Nacional del Sur.

Vamos por la aprobación de Anmat y también por la FDA, el regulador de EEUU, y otros de la región

– ¿Cómo será el road map de la empresa para los próximos meses?

– Primero, la aprobación final de Anmat y salir al mercado, para validar el modelo de negocios. Después, EEUU y la región, sobre todo Brasil. Queremos que ViewMind sea global y llegar a la mayor cantidad de personas.

– ¿Van a buscar financiamiento externo?

– Actualmente, ViewMind cuenta con USD 500.000 y luego USD 100.000 de CITES y también con aportes estatales del Sepyme. Pensamos abrir una segunda ronda de búsqueda de capital en febrero del año que viene. Una serie A para llevar la tecnología a escala global. Serían unos USD 5 millones porque vamos a ser extremadamente agresivos. El sistema está listo y postergar esta tecnología es un pecado, no tiene ningún sentido. Realmente queremos ser agresivos para tener el mayor alcance posible en la menor cantidad de tiempo.