
Más allá del recrudecimiento del conflicto internacional y ante la certeza de que el estrecho de Ormuz seguirá cerrado sin fecha de desbloqueo, otro índice fatídico golpeó al Gobierno y a los mercados. La confianza del consumidor cayó 5,7% en abril.
Se trata de la tercera baja consecutiva y la más elevada. En febrero, tras subir 2,2% en enero, cedió 4,7% y en marzo 5,3 por ciento. Se espera que el lunes el Índice de Confianza en el Gobierno también retroceda.
En ese contexto, los inversores actuaron en consecuencia uniendo este dato negativo al de la actividad económica. En dos días, se vieron invadidos de noticias que afectan a la política y a la economía. La caída de la actividad económica liderada por la baja del comercio con más de 7% y de la industria con más de 8%, sumó al día siguiente la del consumidor.
Consumo y producción impactan de lleno en la economía y también influyen en el escenario político. Quienes invierten en acciones buscan buenos resultados en las empresas y bancos, que dependen en parte del comportamiento de los deudores de préstamos y tarjetas de crédito. La recuperación del consumo llevará tiempo, ya que muchos argentinos tienen sus tarjetas al límite, lo que reduce al mínimo su capacidad de compra.

Por otro lado, quienes mantienen bonos de la deuda apuestan a una gestión política estable, sin sobresaltos electorales, que permita sostener la actual política económica hasta 2031 y garantizar el pago de sus inversiones.
Florencia Blanc, Senior Economist de Aldazabal y Cía. señaló que “la evolución del Índice de Confianza del Consumidor y el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) suelen moverse en la misma dirección, por lo que la caída del ICC en abril anticipa una caída del índice de confianza en el Gobierno que se publicará el lunes. Una de las variables clave a monitorear en los próximos meses, será la actividad económica y su extensión por su impacto sobre la popularidad del Gobierno, variable que consideramos determinante para la compresión de spreads y la performance de los bonos soberanos en los próximos meses, teniendo en cuenta que 2027 presenta un nuevo ciclo electoral presidencial”.
Los bancos fueron las grandes víctimas de la noticia por segunda rueda consecutiva. El S&P Merval de las acciones líderes perdió 2,3% en pesos y 2,9% en dólares. Las acciones más castigadas fueron las de Banco Francés (-6,9%), Supervielle (-6,1%) y Galicia (5,8%).
Las acciones de VALO fueron las menos castigadas con una baja de 2,5% en medio de buenas noticias como el nombramiento de José Nápoli como presidente y la colocación récord que lograron del fondo de Común de Inversiones de Mercado Libre por $411 mil millones (USD 300 millones) a tasa TAMAR más 4,25% a 15 meses. La tasa TAMAR es la que se paga por plazos fijos a entre 30 y 35 días por más de $1.000 millones y actualmente se ubica en 22% anual.
Solo tres papeles subieron. Dos correspondieron a las petroleras Pampa Energía (+0,9%) e YPF (+0,6%). Aluar avanzó 1,9% por el alza del aluminio que también está influenciado por el conflicto entre Estados Unidos e Irán.
Los bonos soberanos fueron otros de los que pagaron el precio de las malas noticias. Las caídas se acercaron a 1% y el riesgo país creció 17 unidades (+3,2%) a 549 puntos básicos. En este escenario, hay más influencia de la política que de la guerra en Medio Oriente.
En este escenario, Federico Filippini (Head of Research) y Javier Casabal (Sr Fixed Income Strategist) de Adcap Grupo Financiero recomendaron cambios en la cartera. Señalaron que la semana “estuvo marcada por dos factores. Primero, el Banco Central reintrodujo un corredor de tasas overnight, reforzando tanto el ancla cambiaria como la monetaria. En el corto plazo, los riesgos cambiarios permanecen contenidos gracias a la fuerte oferta estacional de divisas, lo que respalda una mayor compresión en la curva de tasa fija, aunque al costo de tasas reales cada vez más negativas en el tramo corto”.
“Segundo, la débil demanda de dinero sigue condicionando la calibración de la política económica, con condiciones de liquidez estables que permiten una baja de tasas pese a una expansión monetaria limitada. Tras el dato de inflación de 3,4%, los breakevens se comprimieron sorpresivamente (2026 a 30,6% y 12 meses a -28%), lo que sugiere que el mercado interpreta el salto inflacionario como transitorio", sumaron los analistas.
En el Mercado Libre de Cambios (MLC), las operaciones bajaron a USD 390 millones y el Banco Central compró USD 194 millones elevando las reservas en USD 326 millones a USD 46.167 millones y colocándolas en positivas en casi 200 millones de dólares.
Los dólares financieros subieron. El MEP aumentó $4,56 (+0,3%) a 1.424,40 pesos. El contado con liquidación (CCL) subió $6 (+0,6%) a 1.481 pesos. El cable mantuvo su brecha en 4% porque se demandó CCL para afrontar las licitaciones de Obligaciones Negociables entre ellas la de Edenor. El “blue” sumó $5 y cerró a $1.420 y sigue siendo el dólar más barato del sistema.
Según la consultora F2 que dirige Andrés Reschini “el peso argentino pasó en la semana a destacarse entre las divisas de emergentes por estar entre los más debilitados contra el dólar cuando hasta la semana anterior desde el inicio del conflicto bélico en Medio Oriente se destacaba por su fortaleza. De todos modos, la autoridad monetaria parece mantener su convicción por acumular reservas”.
En tanto las tasas subieron particularmente en el tramo medio donde las LECAP rinden 1,9% efectivo mensual. De todas maneras, hasta abril del año que viene ninguno de los bonos alcanza a 2% efectivo mensual.
Para Inversiones Pergamino “el mercado argentino comienza a mostrar señales de mayor exigencia en sus valuaciones. Con un tipo de cambio operando levemente por debajo de los $1.400, tasas de interés que perforan el 25% anual, bonos soberanos en dólares con paridades cercanas a máximos y un Merval en torno a los USD 2.000, el escenario actual ya no se sostiene únicamente con el ancla financiera”.
“En este contexto, la acumulación de reservas por parte del Banco Central resulta una condición necesaria, pero no suficiente. El mercado empieza a demandar una segunda etapa del programa económico: una reactivación concreta en los sectores más vinculados a la base de la pirámide social, particularmente la industria, el comercio y la construcción, que son los que tienen mayor capacidad de traccionar empleo y consumo”, agregó el análisis.
A la vez, el reporte destacó que “comienza a cobrar mayor relevancia la dimensión política. Se espera mayor claridad por parte del Gobierno en relación con su estrategia de alianzas y acuerdos electorales, en un escenario donde el 2027 asoma nuevamente con una lógica pendular. La posibilidad de una reorganización del peronismo, con un intento de reciclaje del kirchnerismo, introduce un factor de incertidumbre que el mercado difícilmente pueda ignorar”.
Las señales de alerta están encendidas. El elevado ingreso de divisas que garantiza el pago de la deuda de este año y el superávit fiscal ya no son argumentos electorales porque no alcanzaron para reactivar el consumo y la producción. Por lo tanto, el problema económico se ha transformado en político y el mercado comienza a pensar en octubre de 2027.
En tanto, en Nueva York se repetía la rutina de que, a un día de alza lo sigue otro de baja. Los principales índices de las Bolsas neoyorquinas estaban en decididos verdes que alcanzaban a 0,70 por ciento. El anuncio de Donald Trump de un cese del fuego por tres semanas, alivió la tensión de los inversores. El oro cedía 0,21% y el Brent se mantenía en USD 106,26 por barril. El cese del fuego no es tan importante como la apertura del estrecho de Ormuz, que sigue sin novedades.
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