Después de más de dos décadas, la Argentina empieza a recuperar terreno en un mercado que supo liderar. A comienzos de 2000, el país concentraba cerca de la mitad del comercio mundial de aceite de girasol, pero con el avance productivo de Europa del Este, ese protagonismo se diluyó. Ahora, una proyección internacional indica que el país volverá a a ganar espacio en el tablero global.
En su último informe mensual, el departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, United States Department of Agriculture) elevó su estimación para la cosecha argentina girasol a 7 millones de toneladas, lo que implicaría un crecimiento interanual de 25,2%. A su vez, de confirmarse, sería uno de los mejores registros de las últimas campañas.
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Las previsiones locales también muestran un buen desempeño. Y, aunque la Bolsa de Cereales de Buenos Aires mantuvo una estimación algo más moderada, de 6,2 millones de toneladas, la entidad destacó que el país podría tener rindes por encima de los promedios históricos en varias regiones productivas.
Este salto productivo coincidió con un cambio en el mapa del comercio internacional. Según el USDA, la Argentina representó el 13,8% de las exportaciones mundiales de aceite de girasol, mientras que la participación de Ucrania y Rusia -los dos mayores productores de girasol en el mundo- mostró una baja relativa, hasta 33,2% y 30,3%, respectivamente.
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En términos prácticos, esto significa que la Argentina exportará casi una de cada siete toneladas de aceite de girasol que se comercializan en el mundo. Según consignó el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), en enero, las exportaciones del complejo girasol aportaron un total de USD 210,1 millones, un salto interanual del 173,2 por ciento.
De líder global a tercer jugador
A comienzos de siglo, la Argentina dominaba el negocio mundial del girasol. De acuerdo con datos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), en la campaña 2001/02 el país concentraba cerca del 60% del comercio mundial de aceite de girasol, muy por delante de Ucrania (25%) y Rusia (6%).
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Sin embargo, el escenario cambió en las dos décadas siguientes. Ambos países de Europa del Este expandieron con fuerza el área sembrada, incorporaron tecnología agrícola y desarrollaron una potente industria de procesamiento, lo que les permitió ganar competitividad y pasar a dominar el mercado global.
En tanto, la reducción de la participación de la Argentina en el negocio entre 2000 y 2015 responde a varios factores estructurales. El primero de ellos fue la expansión y modernización de la agricultura en Ucrania y Rusia, que aumentaron su superficie cultivada y adoptaron tecnología más avanzada, lo que les permitió lograr mejores rendimientos y mayor capacidad de industrialización.
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Durante ese mismo período, la Argentina mantuvo modelos productivos con menor inversión y enfrentó además un esquema de retenciones a las exportaciones que redujo los incentivos para el cultivo. A eso se sumó una menor incorporación de tecnología en comparación con el fuerte salto productivo que registró la región del Mar Negro.
El país también reorientó su matriz agrícola hacia la soja y el maíz, cultivos que ofrecían mejores paquetes tecnológicos y mayor rentabilidad durante el boom internacional de commodities. Esa transición redujo de forma sostenida el área destinada al girasol y su participación relativa en el mercado global.
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Esta es una de las razones por las que, hoy, el sector agroindustrial local está en pleno debate sobre la necesidad de actualizar la Ley de Semillas, en medio de advertencias por el atraso productivo frente a competidores directos. Si bien parte del agro resiste mayores regulaciones, la mayoría de los actores reconoce que una actualización normativa podría ayudar a cerrar la brecha de rendimientos por hectárea frente a los productores de Europa del Este.
Hoy, entre Ucrania y Rusia concentran más del 60% del comercio mundial de aceite de girasol, una participación que convirtió a la región del Mar Negro en el principal centro de producción y exportación del producto.
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Un mercado con oferta ajustada
A pesar del mayor aporte argentino, el mercado internacional sigue mostrando señales de tensión. El USDA advirtió que la relación entre stocks y consumo mundial de aceite de girasol continúa cayendo y se ubica en torno al 13,5%, un nivel que refleja una oferta relativamente ajustada frente a la demanda.
En ese contexto, el repunte productivo argentino aparece como un factor relevante para equilibrar el mercado, especialmente en un escenario internacional todavía marcado por la volatilidad en la región del Mar Negro.
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