
Aunque el Banco Central aceleró la compra de dólares, no alcanzó para ponerle un piso al tipo de cambio. La cotización volvió a caer ayer y tocó los niveles más bajos del año: $1.440 para el minorista para la venta, mientras que el mayorista cerró a 1.415 pesos.
El BCRA adquirió ayer otros USD 176 millones, con comodidad la cifra más alta de febrero. Esto llevó a las reservas brutas a continuar su camino ascendente hasta los 45.323 millones de dólares.
La compra de reservas por parte del Central lleva consigo la emisión de pesos. Se trata del proceso de remonetización que caracteriza a la fase 4 del plan monetario que arrancó en febrero. Luis “Toto” Caputo señaló la semana pasada que si no hubiera sido por esta intervención del BCRA el dólar “hubiera caído a niveles de $1.300”.
Si bien la disminución del tipo de cambio no fue tan notoria, más de 3% de baja en el año mete ruido porque la inflación se resiste a perforar el 2% mensual. Por lo tanto, desde las elecciones legislativas de octubre el dólar se encuentra en niveles estables mientras que los precios siguen aumentando. La economía argentina, en consecuencia, se vuelve a encarecer en dólares.
Si bien la caída del dólar exhibe un aspecto preocupante, al mismo tiempo refleja que la demanda de dinero viene en aumento. Visto de otro modo, la expansión monetaria que se vienen llevando adelante desde principios de enero por ahora no tuvo impacto alguno el mercado cambiario. Al contrario, la cotización del dólar siguió para abajo.
Se trata del escenario ideal que imaginó el ministro de Economía al lanzar la nueva etapa del programa monetario: acumulación de reservas, remonetización a partir de la compra de dólares y un incremento de la demanda de dinero para evitar traspaso al tipo de cambio.
Las compras del BCRA, por otra parte, estuvieron por encima de lo que se esperaba para el primer bimestre. Según un informe de Grupo SBS el motivo es que “pesaron tanto las colocaciones de bonos corporativos y provinciales como la dinámica de los préstamos privados en dólares. Creemos que estas fuentes de oferta podrán ser el puente hasta la cosecha gruesa”.
La caída del dólar llega en un momento en que al Gobierno le está costando retomar el proceso de desinflación. El pico se produjo en diciembre con 2,8% y hoy se conocerá el dato de enero.
Por lo pronto, sorprendió la Ciudad de Buenos Aires al divulgar ayer el 3,1% para el primer mes del año. Se registró una fuerte suba en alimentos de 4% y el sector servicios registró un incremento de 3,5%, en línea con el inicio de la temporada de verano. Esto lleva a proyectar que la eventual desaceleración inflacionario de enero será mucho menos significativa de lo que habían calculado, si es que sucede.
Una baja del dólar debería impactar positivamente en bienes transables o que utilizan insumos importados, como ocurre con el sector de alimentos y bebidas. Además, significa menor presión para ajustar combustibles o tarifas de servicios públicos.
De esta manera, el tipo de cambio reaparece como ancla contra la inflación, un rol que claramente perdió durante el segundo semestre del año pasado por la turbulencia preelectoral.
La contracara es que los precios se vuelven a encarecer en dólares, en un contexto de inflación al alza y tipo de cambio que va para abajo. Hay algunos sectores que sentirán muy rápidamente el impacto. Uno de ellos es la construcción, porque el costo se encarece en dólares pero no se traslada con rapidez al precio de venta del metro cuadrado.
El turismo es otro sector que se ve afectado sobre todo para atraer extranjeros, porque encuentran a la Argentina muy cara pensando en los feriados que vienen, en particular Semana Santa, y los planes para las vacaciones de invierno.
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