
El crédito al sector privado está en sus menores niveles históricos, apenas un 4,1% del PBI según el último dato oficial. Aunque los bancos reconocen tener mucha liquidez, al mismo tiempo indican que la demanda de préstamos se mantiene en niveles muy bajos: el bajo nivel de actividad lleva a las empresas a no precisar crédito y además aún conservan mucho stock. Y en el caso de las familias la decisión en general es no tomar deuda, por incertidumbre sobre lo que podría suceder en un contexto recesivo y donde hay dudas sobre el futuro de los salarios.
Las estadísticas del Banco Central muestran que la disminución en los últimos doce meses es gigantesca. Los préstamos al sector privado aumentaron solo 144% en términos interanuales. Si bien el aumento luce importante, en realidad es justo la mitad de la inflación acumulada en términos interanuales. Se trata posiblemente de una de las variables financieras que peor desempeño tuvo.
Paradójicamente, en los bancos aseguran que están deseosos de incrementar su stock de crédito tanto a empresas como a familias, pero que las condiciones del mercado hacen que por ahora la demanda se mantenga en niveles históricamente bajos.
Como ahora el Tesoro tiene superávit fiscal, la demanda de financiamiento del sector bancario bajó en forma significativa, por lo que los bancos se quedaron con un excedente de pesos sin colocar. Esos fondos terminan yendo a pases pasivos del Central, como forma de conseguir rendimientos en el corto plazo.
Pero la expectativa sobre una recuperación está intacta. A tal punto que el presidente del Banco Galicia, Fabián Kon, aseguró que si mejoran las condiciones macroeconómicas se producirá “un boom crediticio”, sobre todo porque hace varios años que el mercado viene deprimido.
En Payments Day, el evento de medios de pago que se efectuó ayer, tanto Pedro Inchauspe como Agustín Pesce, directores del BCRA, se mostraron optimistas sobre un rebote crediticio “a partir de la mejora que estamos viendo en las variables macroeconómicas”. Sin embargo, prefirieron no adelantar si habrá próximamente una nueva reducción de tasas por parte de la entidad.
Ambos fueron un poco más allá, al sugerir que también se está preparando el terreno para la reaparición de los préstamos hipotecarios, hoy prácticamente inexistentes en los bancos argentinos. Claro que con una inflación acumulada de casi 300% en los últimos doce meses, es directamente imposible ofrecer créditos de largo plazo como sucede con el financiamiento a la vivienda. Hoy, el stock de préstamos con hipotecas representa apenas el 0,1% del PBI.
Por lo pronto, primero tiene que continuar el proceso de baja de la inflación. El viernes se conocerá el índice del mes pasado, que se habría ubicado por debajo del 13,2% de febrero pero aún bien por encima del 10%. Para adelante el mercado espera que continúe la tendencia a la baja, aunque el proceso será relativamente lento.
Esa disminución de la inflación también debería acelerar la baja de las tasas de interés, lo que tendría que promover una mayor demanda crediticia. Pero aun con un costo de financiamiento más atractivo, para el sector privado es todavía más relevante que la actividad económica empiece a repuntar.
Por otra parte, una eventual nueva baja de tasas tendría un impacto más bien acotado para esa recuperación, considerando la participación mínima que tiene el crédito en relación al PBI.
La Argentina es uno de los países de la región con peores ratios, en comparación con los altos niveles que se observan en mercados más maduros como Chile, Brasil, Perú y Colombia, con niveles de préstamos en relación al Producto que oscila entre el 60% y el 100%, o sea al menos diez veces más que en el mercado local. Se trata de países con décadas de estabilidad y baja inflación.
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