
El IPC de noviembre se ubicó en el 4,9%, mucho más lejos del 6,3% de octubre y del 6% que pronosticaron en promedio los analistas relevados por el Banco Central. Si bien el Gobierno explicó la caída enmarcándola en varias medidas de la gestión Massa en Economía (reducción del gasto público, mejora en las reservas en el BCRA, menor emisión, tasas de interés reales positivas) la principal de ellas fue Precios Justos. La categoría “Alimentos y Bebidas” aumentó 3,5% y fue determinante para llegar a perforar el primer piso de 5 por ciento.
Pero desmenuzando la integración del Índice General de Precios al Consumidor del Indec (y desterrando cualquier fantasma sobre la seriedad de su confección, hoy sin sustento), el punto fuerte del mes estuvo en la carne y la verdura, de altísima participación en la composición del indicador.
“Sin el impacto de la baja de la carne y las verduras, y ponderando el resto de los aumentos, la inflación de noviembre hubiese sido de 5,6%, mucho más en línea con lo que todos los consultores habíamos pronosticado”, dijo a Infobae el economista Ricardo Delgado, de Analytica, quien consideró que el gobierno “no debería enamorarse de este 4,9% porque va a ser una tasa difícil de sostener en los próximos meses”.

La carne siempre está en el centro de los planes de control de precios y de las restricciones a exportar para abastecer al mercado interno, aún cuando se trate de medidas de duración limitada en el tiempo. Este gobierno no fue la excepción, al punto que había puesto en su campaña electoral el “volver a comer asado”.
El precio de la carne vacuna, cuyo peso va mucho más allá del 5,45% de ponderación que el Indec le asigna en el Índice de Precios al Consumidor del Gran Buenos Aires, que es a la vez el que más pesa (44,7%) en el cálculo de la inflación “nacional”.
Los memoriosos recuerdan el “índice descarnado” de la última dictadura. El ministro de Economía de entonces, José Alfredo Martínez de Hoz, llamó de esa insólita manera al índice de inflación que no incluía el precio de la carne, con aumentos muy superiores al resto de los productos. Para maquillar su impacto, en 1979 mandó a elaborar dos índices inflacionarios paralelos, el “descarnado” y el que incluía la carne (más alto).
Ahora la situación es la inversa: la baja en la carne es lo que más ayudó a moderar el índice inflacionario de noviembre.
En la medición regional, en el Gran Buenos Aires registró una suba de apenas 0,9%. El Indec también reflejo subas moderadas e incluso algunas bajas en el precio de sus cortes, tal como fue el caso del asado (1,8%), carne picada (-3,2%), paleta (-0,5%), cuadril (-1,2%), nalga (0,7%) y hasta las hamburguesas (0,6%). Las verduras también influyeron con una baja del 6,1 por ciento.
Más allá de los controles, las razones en la baja del precio no lucen positivas. La carne bajó porque hay mucha oferta, basada sobre todo en que la sequía obligó a muchos productores con poco respaldo a faenar sus animales antes de tiempo. Pero este fenómeno puede considerarse coyuntural, por lo que más temprano que tarde la oferta tenderá a normalizarse.
Coyuntura atípica
Un informe del Centro de Agronegocios de la Universidad Austral muestra que para explicar esos cambios en la oferta hay que considerar “el impacto de la sequía, que acelera la venta de animales sin terminación acentuando el desequilibrio oferta / demanda”.

Al mismo tiempo, destaca el escenario que enfrentan los ganaderos: “Entre las variables que afectan la demanda en forma negativa pueden mencionarse la permanencia de las prohibiciones a exportar determinados cortes, la caída de precios internacionales por recesión en Europa y la salida de China del mercado en los últimos meses. También la caída del salario real en la Argentina, que pierde poder de compra frente a la inflación”.
“En 2022 los precios ganaderos han perdido significativamente frente a la inflación, quedando lejanos aquellos momentos de mayo 2021, donde se intervino de distintas maneras en los mercados de carnes para desacoplar los precios internacionales de los precios internos en momentos de una sostenida demanda externa que ya no existe”, concluyó el informe de la Universidad Austral.

Los datos de la carne permiten mensurar el alcance del 4,9% de noviembre, junto a otras causas ya expresadas. A la vez, la inflación para los próximos meses abre por lo menos dos interrogantes.
Según explicó Delgado, el primero es qué va a hacer el BCRA con el dólar: ¿va a mantener el ritmo devaluatorio actual, cerca del 6% mensual o lo va a bajar para adecuarlo a esta inflación que el gobierno estima cercana al 5 por ciento?
“En lo que va del año, la suba del dólar oficial fue menor a la inflación en 12 puntos porcentuales. Profundizar eso puede ser muy complicado porque impacta sobre la expectativas de devaluación y la acumulación de reservas”, apuntó el economista.
Ricardo Delgado advirtió que el segundo interrogante es cómo impactarán las revisiones salariales de los gremios grandes que negociaron aumentos superiores al 100% y empezarán a recibir incrementos del 6 o 7 por ciento mensual: “Eso le pone un piso a la inflación. Los salarios no generan inflación per sé, pero sí forman parte de la estructura de costos de las empresas y eso termina trasladándose a los precios en alguna proporción, tanto en las grandes como en las pymes. Eso también va a afectar contra la desinflación”.
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