
La inminencia del cierre de las negociaciones con el Fondo Monetario despeja un obstáculo clave y, sobre todo, urgente para la evolución de las variables económicas hoy bajo tensión extrema. El mercado ya empieza a reflejar algunos signos de descompresión, ante señales concretas del Gobierno respecto del sendero a seguir. Sin embargo, el camino está lejos de quedar completamente allanado y, por el contrario, persisten riesgos no menores aun una vez sellado el acuerdo con FMI.
En el panorama se recortan al menos tres factores amenazantes: el impacto todavía impreciso de la sequía en el flujo de dólares de la cosecha, el vertiginoso aumento de los precios del gas y el inestable contexto internacional, con la perspectiva de la suba de tasas en Estados Unidos y el impredecible desenlace del conflicto con Rusia por la situación en Ucrania. La existencia de estos interrogantes sigue alimentando el debate que divide a analistas, operadores e inversores en el mercado sobre las probabilidades de una devaluación brusca en el corto plazo o administrada por el Banco Central, como hasta ahora. Por un lado, están quienes creen que cualquiera de estas amenazas llevará inexorablemente a un “salto discreto” del precio del dólar, es decir, una suba en torno al 20% mientras que, por el otro, se encuentran aquellos que creen que “lo peor ya pasó”. Por el bajo ingreso de dólares estacional, febrero se presentaba como un desafío para el Banco Central, con un nivel de reservas netas seriamente comprometido. Pero a fuerza de reforzar el cepo, al extremo de retacear los dólares para la producción y también de empezar a hacer los deberes que exige el Fondo, la valla parece haber sido sorteada.
“El acuerdo con el FMI disipó los riesgos de un salto devaluatorio durante el verano a pesar de las escasas reservas y por lo tanto se evitó un shock inflacionario de magnitud. Sin embargo, el acuerdo implica también que deberán levantarse sin prisa, pero sin pausa las anclas tarifarias y de tipo de cambio. Por ello, el ritmo inflacionario tenderá a acelerarse a lo largo del año”, sostuvo en su informe semanal difundido a última hora de ayer la consultora financiera Delphos, donde también se remarcó que la suba de tasas dispuesta por el Central redundará en una reducción de la brecha cambiaria.
En las últimas semanas, el Gobierno avanzó en la suba de tarifas y el Banco Central dispuso una suba mayor a la esperada de la tasa de interés de referencia, al tiempo que aceleró el ritmo de devaluación para alinearlo al avance de la inflación.

Con todo, los riesgos son reales. En principio, el mayor temor es que a pesar de la suba de precios de los granos, la sequía reduzca el volumen de dólares ingresados. La última estimación de la Bolsa de Comercio de Rosario es que se perderán al menos USD 3.000 millones. Eso siempre y cuando se mantenga el altísimo nivel de precios que, nuevamente, se registra particularmente para la soja, cerca de los USD 600 la tonelada.
La suba del precio internacional de la energía es otro de los elementos potencialmente desestabilizantes. La propia Secretaría de Energía advirtió sobre la suba de costos de los combustibles en la audiencia pública por las tarifas de la electricidad realizada el jueves. Según su estimación, el gas natural licuado aumentará 181%, el gas importado de Bolivia 47%, mientras que el carbón, gasoil y fueloil lo harán entre 27% y 32%. Este aumento en los costos para la generación significa un desafío mayúsculo tanto para el frente fiscal en materia de subsidios como para la disponibilidad de divisas para la importación.
Finalmente, el contexto internacional también aporta una cuota no menor de incertidumbre. El nerviosismo por el conflicto en Ucrania es un factor que contribuye a enrarecer el clima financiero al tiempo que la expectativa por la suba de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos podría provocar mayores presiones sobre el tipo de cambio que serían más difíciles de administrar, complicando la estrategia de crawling peg del Banco Central, según la cual se prevé que la entidad mantendrá un ritmo de devaluación entre 3% y 4% mensual.
“El acuerdo con el FMI es la mejor vía para lograr la estabilización. Aunque los riesgos de ejecución no son despreciables y todavía no hay ningún anuncio vinculado a reformas que permitan encarrilar un crecimiento sostenido, el mero hecho de dejar de acumular desequilibrios y hasta empezar a corregirlos gradualmente presenta un cambio de paradigma que, muy de a poco, comienza a reflejarse en el precio de los activos”, aseguraron los analistas de Consultatio Plus en su último reporte. El punto a dilucidar, en definitiva, es el impacto de cualquier imprevisto termine por profundizar los desequilibrios que, finalmente, el Gobierno estaría obligado a dejar de acumular.
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