
A horas de subirse al avión para acompañar en su viaje a Rusia al Presidente, el ministro de Economía, Martín Guzmán, recibió la noticia del rechazo contundente de Máximo Kirchner a los lineamientos iniciales consensuados con el FMI para avanzar en el acuerdo definitivo, novedad que probablemente lo obligue a revisar sus planes para avanzar en esa negociación. Las previsiones del equipo económico suponían profundizar en la letra chica de la eventual carta de intención -sobre la que hay dudas no menores- y en 20 días presentar esos avances concretos ante los países más importantes en el directorio del Fondo Monetario.
Es que en la agenda del ministro está marcada como una fecha determinante el viaje que, al menos hasta ahora, tiene confirmado emprender el próximo 18 de febrero para participar de la primera reunión de ministros y presidentes del Banco Central del G-20 que se desarrollará en Yakarta, Indonesia.
En el equipo económico consideraban hasta anoche que esa gira sería decisiva para reforzar la red de apoyos internacionales e, incluso, para destrabar cualquier nueva diferencia que pudiera surgir en las discusiones más finas para hacer cerrar en el nuevo programa los números anunciados el viernes. Se sabe, muchos países dentro del directorio del Fondo, como Alemania o Japón, también principales acreedores de la deuda de la Argentina con el Club de París, tienen posturas más férreas respecto del plan económico que debe implementar el país. Es que los funcionarios argentinos están convencidos de que la negociación política es tan o más importante como la cuestión técnica y que “las relaciones públicas” son la llave para acceder a un entendimiento concreto. Ahora, en cambio, cualquier expectativa de obtención de respaldos empieza a perder sentido cuando es la principal fuerza dentro de la coalición del Gobierno la que no brinda su apoyo.
El inconveniente, sin embargo, no sorprendió a Guzmán. En cada definición pública que se le requirió respecto del apoyo de la vicepresidenta Cristina Kirchner, el funcionario repitió que se enviaría al Congreso el entendimiento, sin pronunciarse sobre la existencia o no del aval del kirchnerismo más duro. El propio Alberto Fernández fue anoche más claro al confirmar que el jefe de la bancada del Frente de Todos ya le había anticipado, horas antes de realizar el pago por USD 717 millones, que no compartía los términos preliminares alcanzados con los técnicos del Fondo Monetario.
Lo cierto es que, tal como explicaban horas después del anuncio fuentes del equipo negociador, en el Gobierno no esperan que la aprobación del acuerdo en el Congreso sea un requisito formal ni vinculante para que el directorio del organismo apruebe el eventual acuerdo. Sin embargo, fue claro y reiterado el pedido público de las máximas autoridades del FMI respecto del “amplio consenso social” que requerirá la implementación del nuevo programa. De ahí que es difícil imaginar que cualquier entendimiento con el staff técnico logre siquiera ser elevado para la consideración del board si no media una solución política a la nueva crisis que se abrió a partir de la decisión de Máximo Kirchner.
La falta de apoyo político propio, más allá de la estrategia que pueda adoptar la oposición, esmerila la fortaleza de Guzmán para negociar. El economista Carlos Melconian afirmó apenas conocida la noticia que la postura de Kirchner “debilita a los negociadores en el plano internacional y ante el propio FMI”.
Tras el pago de los USD 1.100 millones que se termina de concretar hoy con el vencimiento de los USD 365 millones restantes, la posición del Gobierno para enfrentar las condiciones del FMI ya estaba, en rigor, bastante comprometida. Con una caída de reservas de USD 1.900 millones durante enero, el Presidente Fernández, el ministro Guzmán y el titular del Banco Central, Miguel Pesce, enfrentarán un febrero sin default pero tampoco sin acuerdo, ni apoyo ni reservas para contener el valor del dólar.
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