
El repunte de acciones y bonos de los últimos días resultó demasiado tímido, con gusto a muy poco. Ni siquiera las dos primeras jornadas de la semana, que marcaron un fuerte repunte en Wall Street y las acciones consideradas de mayor riesgo alcanzaron a contagiar a los activos argentinos. La realidad es que les cuesta demasiado subir y cuando les toca bajar sufren pérdidas violentas. Las expectativas de un rally al estilo 2013, cuando se registraron subas superiores al 200% hasta que ganó las elecciones Mauricio Macri en 2015 se esfuman cada día más rápido.
Aún con el rebote de los últimos días, las acciones siguen en precios de remate. Los ADR bancarios, por ejemplo, están 20% abajo de lo que cotizaban sólo un par de días antes de las legislativas, el 14 de noviembre. Otras acciones argentinas que cotizan en Wall Street como Pampa o YPF recuperaron bastante más, pero todavía siguen abajo de aquellos niveles. Y eso aún cuando el kirchnerismo sufrió una dura derrota en las elecciones, que desde el punto de vista inversor era algo así como el “mejor escenario”.
Algo parecido sucede con los bonos. Luego de las elecciones sufrieron una fuerte baja y el riesgo país voló hasta los 1.900 puntos. Ahora regresó a la zona de 1.700 puntos, mientras los bonos cotizan a valores promedio de USD 35. Es decir continúan en niveles de virtual default, en el que los inversores descuentan una nueva reestructuración en un par de años, con alargamiento de plazos y fuertes quitas de capital. En definitiva, la mejora de las últimas jornadas a duras penas consiguieron que vuelvan a los niveles de un mes, que ya eran bajísimos.
El contexto internacional tampoco es ahora el más favorable, luego de una semana muy mala para los activos financieros que en parte fue compensada en los últimos tres días. Pero en general los inversores están mucho más cautelosos. Sólo se sostuvieron los papeles más consolidados en Wall Street, como Microsoft, Apple o Amazon. Pero aquellos que se encuentran en una “segunda línea” sufrieron caídas de 15% ó hasta 20% en el último mes. Detrás de este fuerte ajuste que sufrieron las acciones en Nueva York está el temor por el aumento de las presiones inflacionarias en Estados Unidos. “Es insostenible que la inflación anual esté arriba del 6% y los bonos a 30 años sigan en 2%“, razonaba un broker argentino que trabaja en un fondo de inversión neoyorkino.

La apuesta más o menos velada de muchos inversores consistió en subirse a un posible repunte de las acciones y bonos argentinos, pensando en un posible recambio político en 2023. Los precios “regalados” de la mayoría de los papeles ofrece en teoría una buena oportunidad de compra. Sin embargo, el famoso rally no termina de producirse. ¿Qué hay detrás de esta pobre recuperación de las cotizaciones? Estos son algunos elementos para considerar:
Aún falta demasiado como para hacer una apuesta electoral pensando en 2023: las elecciones del 2013 habían dado una señal muy fuerte, al frenar cualquier posibilidad de re reelección de Cristina Kirchner, una idea que sobrevolaba bajo el slogan “Cristina eterna”. Mucho más adelante se empezó a vislumbrar la posibilidad de que Mauricio Macri llegara a la presidencia, pero para ese momento las acciones ya habían tenido un rally impresionante. Ahora es imposible proyectar con certeza lo que ocurrirá en dos años. Aún luego de la derrota electoral del oficialismo, nadie se atreve a apostar que el “kirchnerismo está acabado” ni mucho menos. La grieta que se abrió en el radicalismo y las disputas que empiezan a aparecen en la oposición por espacios de poder también desatan dudas respecto a lo que puede ocurrir en las presidenciales.

El acuerdo con el FMI despierta cada vez menos expectativas: casi nadie duda a esta altura que finalmente llegará un entendimiento. El problema que ven los inversores es que servirá para patear los vencimientos para adelante y no para mucho más. El Gobierno sigue sosteniendo que no quiere un ajuste y tampoco se esperan reformas de peso para sacar a la Argentina del estancamiento. Es decir se ve un escenario parecido al que ocurrió luego de las renegociación de la deuda con bonistas privados el año pasado, que fue algo necesario para salir del default pero aún así la Argentina siguió fuera del financiamiento de los mercados internacionales.
Crece la aversión al riesgo entre los inversores a nivel global: la Reserva Federal reducirá más rápido el programa de compra de activos, con el propósito no volcar menos dólares al mercado. Y para mediados del año próximo comenzaría con la suba de tasas, que será gradual. Todo esto conlleva a un escenario como mínimo menos positivo para los mercados emergentes y le pega sobre todo a los activos de mayor riesgo, entre los que claramente entran las acciones y bonos argentinos.
La economía argentina repuntó fuerte este año, pero los motores se irán apagando en 2022: el rebote del 2021 resultó mucho mayor al pronosticado, llegando al 10%. Esto significa que el bajón provocado por la pandemia quedó atrás antes de lo que la mayoría de los analistas esperaba. Pero seguir el repunte será mucho más complejo. Para el año próximo queda un arrastre estadístico de casi 3% pero sería muy poco lo que podría agregarse ante la falta de inversión y un consumo que no consigue repuntar debido a la alta inflación. La perspectiva de un año mediocre tampoco es algo que precisamente entusiasme a los potenciales inversores.
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