
El presidente Alberto Fernández se apoyó el viernes en un informe del ex viceministro de Economía Emmanuel Álvarez Agis para defender su estrategia de cautela fiscal, frente al pedido de expansión del gasto por parte de la vicepresidente Cristina Kirchner.
“El problema del gasto es la restricción externa como lo revela el informe de Emmanuel Agis de hoy”, afirmó el mandatario a la radio El Destape, en referencia al estudio “¿Alguien Vio Alguna Vez un Cisne Blanco?” de la consultora PxQ.
Allí, el economista que fue viceministro de Cristina Kirchner en la gestión de Axel Kicillof (y que suena entre los posibles reemplazantes de Martín Guzmán en el futuro) afirma que, por el escaso nivel de reservas líquidas que tiene el Banco Central, no es posible acelerar demasiado el nivel de gasto público.
En realidad, este análisis de Álvarez Agis usado por el presidente no hace referencia a la “restricción externa” en el sentido clásico del término, en la cuenta corriente si no en la cuenta capital; cabe destacar que sobra el financiamiento global y a tasas baratas; el problema es la falta de confianza de los inversores oficiales y privados ante la inestabilidad del país, que le ha impedido financiarse en el mercado voluntario desde abril del 2018.
Por otra parte, en su informe Álvarez Agis asegura que no se puede caracterizar a la política de Guzmán como de “ajuste” -tal como señala el kirchnerismo duro- sino en todo caso de una mala distribución de los recursos públicos, al no bajar los subsidios a las tarifas públicas entre los sectores pudientes para destinar ese dinero a más ayuda social, tal como lo pidió meses atrás el propio Guzmán.

Los principales ejes del informe indican que:
-Argentina transita una crisis institucional de proporciones. La raíz de esa crisis es económica y gira en torno a la decisión de cuánto gastar, o de cuánto no gastar
-Como dejó en claro la vicepresidenta (VP) con su carta pública, la parte de la coalición por ella liderada evalúa que la principal causa del resultado electoral fue el “ajuste fiscal” implementado durante 2021.
-Por esa razón, “la vicepresidente reclama públicamente que su gobierno cumpla con la meta de déficit fiscal del Presupuesto 2020 de 4,5% del PBI mediante una aceleración del gasto público, tal y como está sucediendo a lo largo y a lo ancho del mundo, desde Estado Unidos, pasando por Europa y en nuestra región también: el Estado atemperando las consecuencias trágicas de la pandemia”.
-”Nuestra posición es que el Estado tiene que jugar un rol contracíclico en la economía siempre que enfrente una crisis macroeconómica. No obstante, para el caso de una economía como la Argentina con una moneda sumamente débil, el tamaño y el éxito de ese rol contracíclico depende crucialmente de la cantidad de reservas internacionales que el banco central tenga en su poder y pueda efectivamente utilizar para financiar el crecimiento de las importaciones que viene asociado con la expansión el nivel de actividad”.

-”La vicepresidente reconoce esto en su carta pública, cuando recuerda que “soportamos corridas cambiarias permanentes -con muchas menos reservas en el Banco Central que en la actualidad”.
-”El punto es crucial ¿tiene el gobierno actual la cantidad de reservas que se necesitan para poder expandir el déficit fiscal y, con esto, la economía tras los efectos de la pandemia? La relevancia de esta pregunta no refiere a dirimir quién tiene razón, sino en aportar argumentos que permitan reflexionar sobre la “sostenibilidad” de una posible ampliación del déficit fiscal de cara a los dos meses que quedan hasta la elección general de noviembre”.
-”Una determinada política fiscal no puede ser catalogada de ajustadora o expansionista de manera aislada. Siempre interesa evaluar el comportamiento del gasto público vis a vis la dinámica de la actividad. En principio, parece razonable que el gasto público sea hoy más bajo que el segundo trimestre del 2020, cuando la movilidad se había reducido al 20% de lo normal y la mitad del aparato productivo del país funcionaba bajo algún tipo de restricción”.
-”Para caracterizar de ajuste o expansión a la política fiscal conviene siempre tener en cuenta la dinámica de la actividad puesto que cuando se busca “ajustar” o “expandir” el gasto no se lo hace “por amor al arte”, sino justamente para “ajustar” o “expandir” la actividad económica.
-Esto “resulta relevante para comprender si la principal hipótesis del Presupuesto 2021, esta es, que el 2021 iba a ser, en palabras del ministro Guzmán, un año “sin Covid”, fue correcta”.
-”Es imposible caracterizar la situación del gasto público de 2021 como un “ajuste”: el gasto neto de inflación se incrementa 12% en 2021 cuando se excluye el gasto extraordinario por el Covid-19 de la base de comparación de 2020.
-Sin embargo, en ese marco el gasto en seguridad social se contrae tanto en la comparación contra 2020, como así también contra 2019.

-Si no comprendemos que el gasto público total tiene un límite máximo determinado por la cantidad de reservas que tiene el Banco Central, es difícil no concluir que la composición del gasto público en 2021 no resulta la más eficiente desde el punto de vista de la recuperación de la recesión causada por el Covid-19.
-”Si bien el gobierno se encuentra expandiendo fuertemente el gasto público tanto respecto a 2020 como a 2019, el mayor incremento del gasto se explica por el incremento de los subsidios a la energía”.
-”Si el gobierno hubiese optado por incrementar las tarifas de los servicios públicos en línea con lo contemplado en el Presupuesto 2021 y ese ahorro lo hubiese destinado al gasto en seguridad social, este gasto se podría haber incrementado +4% por encima de la inflación”
Esta última afirmación va en el mismo sentido del pedido de Guzmán de aumentar las tarifas porque se estaba subsidiando a los sectores acomodados y reclamar la renuncia de quien se oponía a esta decisión: el subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo, respaldado entonces, paradójicamente, por Cristina Kirchner, quien ahora pide más dinero para los que lo menos lo necesitan.
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