
El confinamiento de fines de abril y el cierre de muchas actividades impactaron de lleno en los números del segundo trimestre del año. El retroceso de la industria y de la construcción que divulgó ayer el INDEC es un claro ejemplo de ese efecto. Pero se trata de un análisis con “espejo retrovisor”, que dice poco sobre el comportamiento de la economía. En realidad, ahora son varios los indicadores que están mostrando indicios de una gradual salida de ese bajón del nivel de actividad.
La reapertura de actividades, que se aceleró en las últimas dos semanas, es fundamental para que esa mejora llegue a consolidarse. La preocupación del Gobierno por apurar la segunda dosis de la vacuna contra el Covid-19 persigue un objetivo sanitario, pero también ligado a la economía. Se trata de hacer los máximos esfuerzos posibles para evitar una vuelta atrás en el ritmo de aperturas, que además implicaría un nuevo retroceso en ese rebote de la actividad.
Los datos de ventas del sector pyme que elabora CAME todos los meses mostró una suba de 6% respecto a mayo, lo que es casi obvio: el mes pasado se registró mayor circulación, volvieron los shoppings y también se habilitó un mayor rango horario de atención al público. También el índice Construya, que muestra las ventas de los materiales para la construcción, tuvo una mejora similar y acumula 62% de suba en la comparación interanual.
Además, en distintos rubros se nota un repunte que por ahora no aparece en las cifras pero es notorio. La gastronomía es uno de los sectores más favorecidos por las reaperturas en zona metropolitana. Lo mismo sucede con la venta de indumentaria de invierno, que a pesar de los altos precios se beneficia por el efecto de “consumo reprimido” (el año pasado no hubo prácticamente ventas por la pandemia) y las bajas temperaturas registradas.
Las estimaciones macroecónomicas sobre cómo sigue el año coinciden con estos indicadores que muestran las primeras señales de mejoría. En la consultora Econviews calcularon que el tercer trimestre arrojará una mejora de 1,2%, rompiendo la tendencia bajista, pero que se aceleraría hasta 3,2% en los últimos tres meses del año.
El economista Andrés Borenstein, director de Econviews, indicó que “los motores para esta mejora serán mayor gasto público, recomposición de ingresos como consecuencia de las paritarias, inflación algo más baja y cierta normalización de algunas actividades”. Con estos números, el rebote de actividad del 2021 se ubicaría en torno al 7%.
Si la economía se comporta de acuerdo a las proyecciones, entonces la jugada del Gobierno de estirar tanto las PASO (que caen en septiembre, cinco semanas después de lo que correspondía) como las elecciones legislativas (el 14 de noviembre, tres semanas más tarde de lo que marcaba el calendario) habrá resultado atinada para sus intereses.
Esas semanas adicionales le permitirán al Gobierno ganar tiempo para que el proceso de reactivación se vuelva mucho más palpable. Por lo general sucede que luego de un período recesivo la mejora tarda en llegar a la “calle”, por lo que la postergación electoral hará que los votantes lleguen con una mejor percepción sobre la situación económica en relación a los niveles actuales.
Incluso algunas encuestas ya empiezan a mostrar al menos marginalmente este proceso. La última encuesta divulgada por Dalessio Irol Berensztein, refleja que “la evaluación crítica a la gestión de gobierno se mantiene desde octubre del 2020”, aunque al mismo tiempo destaca que “se registran algunos puntos de mejora en la evaluación del panorama económico”.
Ante la consulta de la encuesta sobre cómo percibe la situación del país en relación a un año atrás, quienes contestan “peor” descendieron del 69% al 64%, mientras que quienes consideran que ahora es “mejor” que hace un año pasaron en un mes del 28% al 34%.
Por supuesto que se trata todo de un análisis cortoplacista. Luego de las elecciones y pasadas las fiestas de fin de año, el Gobierno deberá definir un rumbo y encarar un acuerdo con el FMI. Si no consigue revertir la fuerte desconfianza de los inversores, la posibilidad de una nueva crisis crecerá fuertemente en el arranque del 2022, evaporando el impulso de estos próximos meses.
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