Juan Bour, director de FIEL: “En tipo de cambio e inflación esperamos desaceleración previa a las elecciones y aceleración posterior”

El economista alertó en una entrevista con Infobae que las distorsiones de precios, sea en materia de cotización del dólar, tarifas, alquileres o de la carne, pueden llevar a la implosión o explosión si no hay un plan de salida

"Lo que resulta como “política económica de la actual gestión del ministro” sólo revela el resultado de presiones cruzadas, que probablemente no reflejen el pensamiento económico ni del ministro, ni del ministro en las sombras –el gobernador de la provincia de Buenos Aires-"
"Lo que resulta como “política económica de la actual gestión del ministro” sólo revela el resultado de presiones cruzadas, que probablemente no reflejen el pensamiento económico ni del ministro, ni del ministro en las sombras –el gobernador de la provincia de Buenos Aires-"

El año había comenzado con la expectativa favorable de la recuperación de la actividad en forma sostenida, aunque con diferente intensidad, tras la depresión de marzo y abril 2020; pero la subestimación de la crisis sanitaria, y la resistencia del Gobierno a presentar un plan económico, clave para poder cerrar un rápido acuerdo para reperfilar los vencimientos de la deuda con el FMI, comenzaron a deteriorar las expectativas de los agentes económicos, y se debilitó severamente la confianza de los consumidores.

Pero, además, Juan Luis Bour, economista jefe y director de FIEL, suma en una nueva entrevista con Infobae, el efecto de un “manejo también vacilante en el tema deuda, que se pone de manifiesto en el proceso sinuoso de negociación y en la ‘duda razonable’ que a partir de allí mantiene el mercado sobre un eventual nuevo default”, que contribuye a debilitar la magnitud de la esperada reactivación, marcar un umbral más alto en las expectativas de inflación, aunque transitoriamente pueda atenuarse con la decisión del Banco Central de desacelerar el ritmo de devaluación del peso y la postergación del aumento de las tarifas de los servicios públicos.

— ¿Cómo ve la gestión del ministro de Economía en los primeros 17 meses de Gobierno?

— No creo que se pueda valorar la gestión del ministro de Economía aislada del apoyo que pueda recibir del Presidente, de la coalición de gobierno (en el resto del Poder Ejecutivo y desde el Congreso), y por lo tanto de la consistencia (o inconsistencias) que ofrezca la gestión de gobierno en su conjunto. El ministro Guzmán tiene como respaldo en el Ejecutivo un presidente vacilante, es decir incapaz de sostener decisiones que puedan entrar en colisión con la vicepresidente (VP) de cuyo apoyo depende para no quedar en forma temprana como un Presidente sin poder –un lame duck, en la jerga del análisis político-. La coalición carece de un programa explícito de gobierno en materia económica (el Presupuesto es para esta coalición una hoja de ruta para manosear) y las líneas de acción se dirimen en peleas públicas de sus integrantes y voceros. Ello da lugar a decisiones del Ejecutivo que son luego corregidas por el poder de veto con que cuenta la porción dominante de la coalición representada por la VP. De allí que lo que resulta como “política económica de la actual gestión del ministro” sólo revela el resultado de presiones cruzadas, que probablemente no reflejen el pensamiento económico ni del ministro, ni del ministro en las sombras –el gobernador de la provincia de Buenos Aires-, ni de las cabezas del propio Ejecutivo aunque éstas tuvieran un pensamiento económico propio consistente.

“La coalición carece de un programa explícito de gobierno en materia económica (el Presupuesto es para esta coalición una hoja de ruta para manosear) y las líneas de acción se dirimen en peleas públicas”

En cuanto a evaluar la gestión económica de la actual coalición de gobierno –ya no imputable exclusivamente al ministro- el resultado no pasa el examen, más allá de haber tenido que enfrentar un tremendo shock de la magnitud del covid-19. Para reseñar brevemente los problemas que no tienen que ver con la pandemia y que siguen presentes en la economía, vale mencionar en primer lugar un manejo también vacilante en el tema deuda, que se pone de manifiesto en el proceso sinuoso de negociación y en la “duda razonable” que a partir de allí mantiene el mercado sobre un eventual nuevo default.

Sigue -en materia de deuda- la improvisación con que se enfrenta la negociación con el FMI y el Club de París, y las contradicciones flagrantes dentro de la coalición sobre este aspecto. La apuesta a lograr un mayor reparto de DEG -compartida por todo el espectro de la coalición- es una clara apuesta para distraer a los votantes ingenuos del desafío macroeconómico que enfrenta la Argentina. La incapacidad de establecer un programa fiscal y monetario consistente -término favorito del ministro, ahora en desuso- revela la represión no manifiesta en reconocer y enfrentar los problemas, algo que está más allá del psicoanálisis.

Y, finalmente, en materia de políticas microeconómicas todo luce mal, muy mal: no podemos considerar un avance el hecho de que tras establecer trabas generalizadas un día amanezcamos con que un sector se ve beneficiado con una excepción, ya que ello es prueba de un manejo improvisado y propicio a la corrupción; la creciente intervención y distorsión en los precios de distintos bienes y servicios, además de frenar la economía hoy están preparando el terreno para un problema incluso mayor dentro de un puñado de meses o años.

"La creciente intervención y distorsión en los precios de distintos bienes y servicios, además de frenar la economía hoy están preparando el terreno para un problema incluso mayor dentro de un puñado de meses o años"
"La creciente intervención y distorsión en los precios de distintos bienes y servicios, además de frenar la economía hoy están preparando el terreno para un problema incluso mayor dentro de un puñado de meses o años"

— Dado el estado de las finanzas públicas, alto déficit fiscal financiero y constante aumento de la deuda de la Administración ¿Qué es más recomendable, sostener el congelamiento de las tarifas de los servicios públicos y aumentar la partida de subsidios a las empresas, o viceversa?

— Las distorsiones de precios, sea en materia cambiaria, tarifaria, alquileres o precio de la carne, tienen siempre consecuencias y pueden llevar a la implosión (la economía se contrae, se produce menos, se alquilan menos propiedades) o a explosiones (que también generan contracciones temporarias). Toda la sintonía fina del “Capitán Frío” consiste en evitar que le explote a él, y que en cambio le explote al sucesor. Una advertencia para el Capitán Frío es que si bien cuanto más tiempo congela, mayor el efecto combinado de implosión con explosión (lo que maximiza el daño si le explota al sucesor), resulta más difícil calibrar el momento del exit (la espoleta de la granada puede soltarse antes de tiempo). Ahora bien, si la pregunta es qué es lo recomendable para nosotros los sufridos habitantes de este país, siempre es mejor sincerar las variables, trabajar para reducir los costos reales, aumentar la competencia, mejorar la transparencia, ofrecer un horizonte creíble y previsible, etc., por lo cual ninguna de las dos opciones aisladas es mejor que la otra en soledad.

“Siempre es mejor sincerar las variables, trabajar para reducir los costos reales, aumentar la competencia, mejorar la transparencia, ofrecer un horizonte creíble y previsible”

— El Relevamiento de Expectativas de Mercado que hace el Banco Central comenzó a mostrar desaceleración en la tasa de recuperación del PBI y aceleración de la tasa de inflación ¿Es un proceso que cabe esperar que se repita en los próximos meses, o Economía logrará revertirlo con políticas populistas de atraso tarifario y también cambiario?

—A juzgar por las declaraciones de funcionarios públicos las proyecciones del REM son descartadas por las autoridades por considerarlas sesgadas. O sea que suponemos que las autoridades del Banco Central y de Economía se manejan con sus propias proyecciones. La economía se está desacelerando, es un hecho, y si bien hay factores externos expansivos éstos no pueden compensar el deterioro del escenario generado por las políticas domésticas. Tampoco hay margen para una expansión fiscal y monetaria sostenida, a menos que se anuncie un cambio creíble en la política macroeconómica. La tasa de inflación puede experimentar descensos transitorios forzados por menor depreciación del tipo de cambio y represión de dólar libre, represión de tarifas y precios, de tasa de interés y de salarios. Eso es posible, pero coordina expectativas sobre el “día después”, es decir de un salto futuro, que frena inversiones y deprime la actividad. Es el mismo dilema del congelamiento y descongelamiento, un problema que requiere una solución integral.

"La tasa de inflación puede experimentar descensos transitorios forzados por menor depreciación del tipo de cambio y represión de dólar libre, represión de tarifas y precios, de tasa de interés y de salarios. Eso es posible, pero coordina expectativas sobre el “día después”
"La tasa de inflación puede experimentar descensos transitorios forzados por menor depreciación del tipo de cambio y represión de dólar libre, represión de tarifas y precios, de tasa de interés y de salarios. Eso es posible, pero coordina expectativas sobre el “día después”

— ¿En una economía que hace más de una década que no crece y que lo único que se multiplica hasta niveles que alarman es la pobreza, cómo se explica que la recaudación tributaria crezca mes a mes en términos reales?

— El desempeño macroeconómico ha sido mediocre respecto del resto de países emergentes en las últimas 7 décadas, y particularmente malo en los últimos quince años. Aun creciendo 6% este año (algo que está por verse) el producto por habitante estará 16% por debajo del nivel de 2011, y por debajo de cualquier registro de producto per cápita desde 2006 a 2019. Esto implica que el ingreso medio de los argentinos se ha deteriorado como consecuencia tanto de la pandemia como del mal manejo de la economía desde hace varios años y particularmente en el último año y medio.

Pero hay algo más: estimamos que el producto por asalariado formal del sector privado en 2021 estará 8% por debajo de su nivel en 2011, mientras que el PBI por ocupado excluyendo este grupo de asalariados será 22% inferior. Es decir que lo que más aumenta es el empleo improductivo en una economía declinante, por lo que cae la productividad total. No puede extrañarnos que en promedio todo argentino sea un poco más pobre, y que una parte sea mucho más pobre: no fue magia, sino el mero resultado de las políticas públicas (al mundo, a prácticamente todos los países del mundo, le fue mucho mejor).

“El producto por habitante estará 16% por debajo del nivel de 2011, y por debajo de cualquier registro de producto per cápita desde 2006 a 2019, lo que más aumenta es el empleo improductivo en una economía declinante”

La inflación ha sido y sigue siendo una aliada del fisco, y a su vez el indicador más claro de la pobreza en un país. El fisco se beneficia en forma directa por las transferencias del Banco Central (emisión monetaria) y en forma indirecta por manipular muchas veces los mecanismos de ajuste de gastos e impuestos. Ello explica la preferencia de las Tesorerías y del Ejecutivo por un nivel elevado de inflación que permite recaudar y redistribuir con escaso o nulo control de las instituciones de la República.

Las coaliciones políticas que -como la actual- necesitan de una elevada inflación para recaudar y redistribuir evadiendo controles, nunca van a diseñar un programa antiinflacionario efectivo y duradero. El Fondo Monetario ha comenzado a tomar debida nota de ello y los ciudadanos de Argentina deberían también hacerlo si es que alguna vez reconocen que “los argentos” nunca pudimos sacar provecho por mucho tiempo de la inflación. Hoy lamentamos los elevados niveles de pobreza que se explican por nuestra preferencia por no enfrentar los problemas (procrastinar eternamente).

— Es cierto que aumentó severamente la presión tributaria, y el impuesto inflacionario, y que empresarios y sectores de altos ingresos formalizados mantienen una alta disciplina fiscal, pero ¿cabe esperar que por la extensión de la crisis sanitaria y las crecientes restricciones para operar en una economía crecientemente regulada esa capacidad de pago de los impuestos comience a debilitarse?

— En el corto plazo los recursos fiscales aumentarán por efecto rebote desde un muy bajo nivel de actividad en 2020, por el aumento de la inflación y el salto en el precio de las materias primas, así que no veo riesgos de muy corto plazo. No hay que olvidar que una parte importante de los impuestos son además de pésima factura en términos de su impacto en términos de ahorro y asignación de recursos, pero su estilo primitivo permite recaudar. Con el tiempo la economía se frenará, los precios de las commodities volverán a sus medias y entraremos en (una mayor) crisis fiscal. Pero el tiempo para llegar a esa situación dependerá de la prudencia o imprudencia en materia de gasto primario. Sobre esta cuestión sospecho que el “ministro en las sombras” prefiere chocar antes que doblar el volante o saltar del auto. James Dean no lo haría mejor.

"Sospecho que el 'ministro en las sombras' prefiere chocar antes que doblar el volante o saltar del auto. James Dean no lo haría mejor"
"Sospecho que el 'ministro en las sombras' prefiere chocar antes que doblar el volante o saltar del auto. James Dean no lo haría mejor"

— ¿Cómo imagina el escenario económico hasta y después de las elecciones de medio término?

— La suerte externa -alto precio de la soja, dólar débil, el regalo de los DEG del Fondo, el ciclo mundial y regional de recuperación del PBI, la elevada liquidez internacional- genera recursos de corto plazo. En condiciones de un gobierno estándar u homologable internacionalmente -desde el punto de vista de su capacidad e intención de generar reputación a mediano y largo plazo para promover inversiones y dinamismo económico y social, que se contrapone con un gobierno populista de mirada corta- cabría esperar el pago en término al Club de París, el inicio de conversaciones con el FMI en las que el Gobierno se comprometa genuinamente a ordenar sus cuentas fiscales y algunas reglas fundamentales para el funcionamiento de la economía, incluyendo una gradual reducción del uso de instrumentos represivos y el pago de las cuotas al FMI en el tercero y cuarto trimestres. Ello permitiría un escenario en el que probablemente se reducirían las perspectivas de explosión post-elecciones y se construiría un puente entre el presente y el futuro.

Lo más probable sin embargo es un escenario de equilibrio temporario donde el gobierno intente “salir del paso” (muddling through) en el cual nada relevante pasa, excepto que se profundizan los desequilibrios y se enfría aún más la economía (en cantidades, no así en precios). Es un contexto de represión creciente y probable enfrentamiento abierto con los organismos internacionales, que tratará de ser resuelto más adelante con pagos adicionales a los organismos y mayor desconfianza aun del mercado, aparentemente apetecible igualmente para una porción significativa y dominante de la coalición de gobierno actual frente a cualquier otra opción que implicara claudicar con sus convicciones estéticas cuasi-revolucionarias. En todo caso se trata de una coalición amante del riesgo, de modo que la entropía aumentará con el paso de las semanas. Tendremos que sentarnos a ver los fuegos de artificio (lástima que nosotros estamos adentro).

—¿Cuáles son las últimas estimaciones de FIEL sobre PBI, Inflación, tipo de cambio y empleo, para el corriente año y el próximo?

Estimamos un crecimiento de 5,8% a 6% del PBI para 2021 (casi totalmente explicado por un efecto estadístico asociado a que en 2020 la economía estuvo más deprimida en el promedio del año que en diciembre). En tipo de cambio e inflación esperamos desaceleración previa a las elecciones y aceleración posterior, aunque en esta materia la nominalidad juega en contra de las proyecciones puntuales. El tipo de cambio mayorista podría ubicarse en un rango de $105 a $109 para fin de año, mientras que la tasa de inflación se acercará al 50% interanual a partir de julio. El empleo seguramente mantendrá el rebote en el segmento informal dado que la población debe procurar al menos un ingreso de subsistencia.

“El tipo de cambio mayorista podría ubicarse en un rango de $105 a $109 para fin de año, mientras que la tasa de inflación se acercará al 50% interanual a partir de julio”

Prevemos que el nivel de empleo asalariado formal en cambio se mantendrá estable, compensado desvinculaciones y nuevas contrataciones que están limitadas en este escenario de prohibición de despidos y suspensiones. La tasa de desempleo seguirá elevada en torno del 11%, y los salarios reales declinarán en promedio durante 2021 tal como ha venido ocurriendo desde 2018 a la fecha (considerando ingresos reales de toda la población ocupada).

Cabe advertir que toda proyección para el año próximo de cualquier variable, pero particularmente en materia de tipo de cambio e inflación, requiere definir con precisión el escenario, incluyendo la situación epidemiológica, algo que excede esta nota. Aun así es posible estimar un modesto crecimiento de la economía en 2022 que acompañe el viento de cola externo, el rebote de producción del agro y la perspectiva de que logremos evitar entrar en default con los organismos multilaterales y el resto de acreedores.

"Es posible estimar un modesto crecimiento de la economía en 2022 que acompañe el viento de cola externo, el rebote de producción del agro y la perspectiva de que logremos evitar entrar en default con los organismos multilaterales"
"Es posible estimar un modesto crecimiento de la economía en 2022 que acompañe el viento de cola externo, el rebote de producción del agro y la perspectiva de que logremos evitar entrar en default con los organismos multilaterales"

— ¿Una reflexión final?

— Así como sabemos de la “enfermedad holandesa” (EH) que lleva a algunas economías a especializarse en un único producto (una “solución de esquina” por la que se inhibe el desarrollo de otros sectores), probablemente tendremos que aceptar la existencia de una “enfermedad argentina” (EA) que consiste en una manía enfermiza de intentar desacoplar los precios domésticos de los internacionales.

En el primer caso (EH) los precios relativos cambian como consecuencia de un descubrimiento o explotación a escala de un recurso (petróleo, gas, cobre) que genera un aumento sustancial de la oferta de divisas. En el caso argentino (EA) el problema deriva de una política pública que al cabo de un tiempo reduce la oferta de dólares (en lugar de aumentarla). El desacople de precios lleva a reprimir precios (carne, cereales, oleaginosas, petróleo, combustibles, precios del transporte, etc.) con lo que tenemos garantizado el descenso a los infiernos.

“El desacople de precios lleva a reprimir precios (carne, cereales, oleaginosas, petróleo, combustibles, precios del transporte, etc.) con lo que tenemos garantizado el descenso a los infiernos”

Cada tanto los precios ajustan -generando un fenomenal desbarajuste- hasta que vuelve la represión para lograr el ansiado desacople. Cualquiera que haya seguido la historia económica argentina sabe de lo que estamos hablando. Por supuesto que la enfermedad argentina es más que este intento por fijar administrativamente los precios, e incluye desequilibrios en otras dimensiones –fisco y moneda en particular–. Pero me parece importante destacar que esta enfermedad argentina parte de una pasión inútil –como diría Jean Paul Sartre– que consiste en desafiar la Ley de Gravedad. Quizás, después de todo, los argentos no sabemos mucho de economía.

Fotos: Martín Rosenzveig

SEGUIR LEYENDO:

Información provista porInvertir Online