
Pasaron poco más de seis meses desde la reestructuración de la deuda soberana con acreedores privados por más de USD 100.000 millones. Las variables, lejos de estabilizarse, empeoraron, las cotizaciones de los nuevos títulos se hundieron un 31% en promedio y el riesgo país, que había llegado a perforar los 1.100 puntos en septiembre último, regresó a la zona de 1.600 puntos básicos. Ayer, tras tocar un pico de 1.603, terminó en 1.574.
¿Por qué la Argentina no consiguió mejorar la percepción que tienen los agentes del mercado, pese a haber regularizado su deuda y postergar por tres años los vencimientos? Pueden identificarse cuatro factores detrás de este errático desempeño:
1) SEÑALES POLÍTICAS NEGATIVAS. Esta semana, mientras el ministro de Economía, Martín Guzmán, se encontraba en los los EEUU dialogando con acreedores y el presidente Alberto Fernández aseguraba al titular del Banco Mundial que la Argentina honrará sus compromisos, la vicepresidente Cristina Kirchner aseguraba: “No podemos pagar la deuda porque no tenemos la plata”.
Diego Martínez Burzaco, jefe de Estrategia de Inviu, subrayó el “factor idiosincrático o interno, donde tenés por un lado al ministro Martín Guzmán tratando de tender puentes con el Fondo Monetario, inversores privados de Wall Street y organismos multilaterales, y por el otro tenés a la vicepresidente Cristina Kirchner que dice que no tenemos plata para pagar la deuda”.
“Claramente a esto el mercado lo percibe en líneas generales como que le están marcando cada vez más el terreno -no solo en lo político, sino en lo económico- al ministro de Economía y al Presidente, y es muy difícil pensar en un programa económico coordinado, sincronizado y que cierre sin priorizar totalmente el aspecto político”, afirmó Martínez Burzaco.
Gustavo Neffa, director de Research for Traders, dijo a Infobae que “los comentarios de la vicepresidente respecto de que la Argentina no puede pagarle al FMI, eso obviamente que corre de lado el escenario en el que había alguna expectativa en la cual podrían el FMI y la Argentina ponerse de acuerdo antes de las elecciones, cosa que yo no creía en ningún momento que iba a suceder, pero parte del mercado lo esperaba. Así que esto echa por tierra la posibilidad de un acuerdo a corto plazo”.
2) VOLATILIDAD EN EL EXTERIOR. Los mercados globales abandonaron en las últimas ruedas el sendero definido de ganancias que llevó en el primer tramo del año a nuevos récords históricos en los indicadores de Wall Street. Aunque avanza la vacunación, a la vez siguen elevados los números de contagios y decesos por COVID-19, lo que deja dudas sobre la pronta apertura de actividades y recuperación de la economía.
Diego Martínez Burzaco explicó a Infobae que “en contexto tenemos unos días muy complicados en Wall Street, con mucha alteración. El inversor está reculando y hay más aversión al riesgo, salen de mercados emergentes, porque no hay una visibilidad en cuanto a la vacuna y al fin de la pandemia y eso le pega tangencialmente a la Argentina”.
Gustavo Neffa identificó un adverso “contexto internacional, que condiciona: hay bajas fuertes en todo lo que tiene que ver con emergentes, con empresas de crecimiento. O sea, incide el humor de los mercados respecto de la reversión de los estímulos hacia adelante por parte de la Fed de EEUU y los bancos centrales de los principales países”.
3) BRASIL, EN PROBLEMAS. A la reciente devaluación de la lira y el desplome de los bonos de Turquía, se suma la dificultad que tiene Brasil para contener los contagios y decesos por coronavirus, situación que amenaza la recuperación económica de un socio estratégico de Argentina y referencia del los países emergentes.
“La combinación de los factores externos e internos, sumado que en Brasil hay un problema claro en cuestión sanitaria, con salida de capitales y el real que se deprecia, todo pega y hace mucho más vulnerables a los activos argentinos”, resumió Martínez Burzaco, de Inviu.
4) SE ALEJA UN PRONTO ACUERDO CON EL FMI. La sensación de los traders bursátiles, ante la señales políticas, es que el acuerdo con el principal acreedor de la Argentina pasará para después de las elecciones, lo que debilita un driver alcista de corto plazo para los golpeados activos argentinos.
Gustavo Ber, economista del Estudio Ber, comentó que “la positiva recepción de más DEG, que contribuirían a financiar los compromisos con organismos internacionales durante un año electoral, chocan con señales políticas que anticipan mayores dificultades en las negociaciones con el FMI, más allá de la postergación para un acuerdo que los operadores ya anticipan para post comicios. Ocurre que podrían acentuarse durante dicho período los desequilibrios económicos, más considerando la amenaza que representan los efectos de la segunda ola del coronavirus”.
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