
La romántica idea de sacarle a los ricos para beneficiar a los pobres no es un invento del kirchnerismo. Estas ideas románticas vienen del Medioevo, como lo demuestra la historia de Robin Hood, que escondido en los bosques de Sherwood en Inglaterra hacía junto a un grupo de seguidores exactamente eso: robarle a las familias más acaudaladas pero con un fin altruista, que es repartir el botín entre los más postergados de aquella sociedad allá por el año 1350.
El paso de los siglos no modificó demasiado las cosas y esta épica sigue teniendo sus grandes filas de adeptos. Ahora la justificación para sacarle este famoso punto de coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires (unos $ 3.000 millones por mes) también se basa en la desigualdad.
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La vicepresidenta Cristina Kirchner ya había marcado la cancha a los pocos días del triunfo electoral: “En La Matanza la gente chapotea en el barro y en la ciudad hasta los helechos tienen luz y agua. De estas cosas también hay que discutir”. Su bastión electoral es el conurbano. Y si bien es poco o nada lo que este nuevo reparto de la torta conseguirá ayudar a los que menos tienen, el “relato” siempre le ha funcionado bien a la ex presidenta.
Alberto Fernández también avanzó en los últimos días en la misma dirección, aún antes del conflicto policial: “Me da vergüenza la opulencia de la Capital”. Nuevamente, la justificación para avanzar sobre los recursos de la ciudad es que se trata de un distrito de “ricos”. Todos saben, sin embargo, que nada de esto sacará a los pobres de su realidad.
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Curiosamente, o no tanto, es el mismo argumento que esgrime el oficialismo para impulsar el “impuesto a la riqueza”. Sacarle a los “ricos” está justificado porque los recursos servirán para beneficiar a los sectores que peor la pasan, por ejemplo a través de planes para conseguir empleo, construcción de vivienda y mejoras del sistema sanitario.
Es decir que el aumento de la presión impositiva o el cambio en el reparto de impuestos viene de la mano de una “épica”. No se trata de inflar los bolsillos de un Estado que se resiste a hacer el ajuste y además es ineficiente, sino que el reparto tiene un destino específico. Como ya nadie confía ni creen en el rol del Estado a la hora de llevar adelanto una distribución justa de recursos, hay que dejarlo explícitamente expresado en cada una de estas modificaciones del esquema tributario. Aunque después tampoco se cumplan.
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