
El economista Dani Rodrik elogió al sector agropecuario argentino como un ejemplo de innovación y sostuvo que la Argentina debe generar empleos de calidad ligados a la nueva economía, con una colaboración inteligente entre el sector privado y el Estado.
Rodrik, el profesor de Política Económica Internacional en la Escuela John F. Kennedy de la Universidad de Harvard afirmó que el país no debe quedarse expectante ante la recuperación de la demanda de China luego de la pandemia, sino articular en forma inteligente el trabajo del Estado con el del sector privado.
En este sentido, en una conferencia virtual organizada por la Escuela de Gobierno de la UTDT, el profesor heterodoxo de origen turco expresó que la tarea que desarrollan las empresas agropecuarias y el Estado a través del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) es un buen ejemplo a seguir para “diseminar” las nuevas tecnologías al resto de la economía argentina.
En cambio, señaló que esa cooperación sana no se observa en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti), que es “cooptado por algunos grupos” y no permite la innovación para los empleos que necesita la economía en esta era de la posglobalización.
“Para países como la Argentina la pregunta es cómo puede incrementar la productividad y la respuesta es integrar la fuerza laboral a los sectores innovadores. No se trata solamente de reentrenar a esos trabajadores que estaban en otros sectores, sino también invertir en tecnología que no los reemplace, sino que los demande más, de modo de que puedan proveer un trabajo más sofisticado”, explicó.
Con el decano de la Escuela de Gobierno de la UTDT, Eduardo Levy Yeyati, como moderador, Rodrik se refirió a los incentivos adecuados para generar esa capacitación para los trabajadores de la “vieja economía” que está en vías de extinción.
Al respecto, mencionó al sector del agro en la Argentina como un modelo a seguir. “El agro en la Argentina muestra que puede haber colaboración entre las empresas privadas y el sector público para diseminar nueva tecnología entre muchos productores. Eso se observa en el INTA. En cambio, el INTI no funciona tan bien porque ha sido cooptado por ciertos grupos. Así que hay ejemplos de colaboración exitosa, inclusive en países como la Argentina”, aseguró. La clave, indicó, “es el diseño institucional de esta colaboración”.
Cuando fue consultado por el empuje que le pueda dar la recuperación de China luego de la pandemia a países de la región como la Argentina, afirmó que “la perspectiva de las materias primas no luce perfecta; por eso la pregunta debe ser otra, más ligada a la innovación”.
“El país necesita otra orientación. No se trata de tener menos o más protección. Si hay sectores protegidos, pero funcionan bien y no para su propio beneficio sectorial, está bien; pero el futuro de los empleos no estará ahí”, sentenció.
Aunque no se refirió demasiado a la coyuntura, en cuanto a la agenda macro del Gobierno atinó a decir que, como otros países, “Argentina ha sido un ejemplo de indisciplina y eso la llevó a endeudarse en forma excesiva”.
Más allá del foco local, el prestigioso economista expresó que la pandemia exacerbó los problemas de la “hiperglobalización” que arrancó en la década del 90 y que fue la tercera etapa importante de la economía del siglo 20, luego de la primera globalización en el 1900 y la era de los acuerdos de Bretton Woods.

“La pandemia solo exacerbó los problemas previos de la economía. Un cambio en el curso es inevitable para no volver a un modelo que no es sustentable” indicó.
Luego explicó que, en esta era, la clave es reducir la dualidad que se da dentro de cada país entre los sectores más atrasados y los más innovadores y que generarán más empleo y de mayor calidad. “El problema esencial es que hay una desindustrialización prematura y que los sectores avanzados no absorben tanta mano de obra”, acotó.
Dado que el “estado de bienestar” que predominó en buena parte del siglo 20 ya no puede sostenerse por cuestiones fiscales, el resultado es una mayor desigualdad, que afecta sobre todo a los sectores no calificados de la clase media. “Las buenas políticas deben diferir de lo que fueron en el pasado, cuando el enfoque convencional marcaba cómo los gobiernos intervienen en los mercados, a otra que permita una buena colaboración entre el sector privado y el público”, dijo Rodrik.
Para dar este salto, sostuvo que, si bien el Estado debe jugar un rol importante, más trascendente es “generar empleos mejores para la clase media y baja, en vez de simples transferencias de dinero”.
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