
El tumultuoso 2020 no plantea mayores discusiones en términos macroeconómicos, más allá de la magnitud de la caída y los tiempos de la recuperación, dependientes de la evolución de la pandemia. La evolución en 2021, en cambio, es materia de intenso debate. El rango de los pronósticos es bien amplio: entre los más pesimistas, el del ministro de Economía, Martín Guzmán, quien en plena negociación por la reestructuración de la deuda cuyo principal argumento es la imposibilidad de pagar sin crecer, calcula que la economía apenas rebotará 3% el próximo año, tras caer 6,5% a diciembre. En el otro extremo, un banco de Wall Street, Barclays, proyectó que en 2021 podríamos llegar a hablarse de un nuevo “milagro argentino” ya que prevé una recuperación de 9%, remontando una caída de 8% este año.
Entre esas puntas, ambas posiblemente influenciadas por la negociación con los acreedores, se debaten el resto de los macroeconomistas, la mayoría de los cuales no se anima a hacer pronósticos firmes en un contexto demasiado volátil, con distintos escenarios posibles de corto plazo que pueden ser determinantes para cualquier estimación.
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“La realidad es que hoy más que proyecciones económicas, lo que podemos hacer son simulaciones”, dijo Martín Vauthier, director de la consultora económica EcoGo. “Ya es difícil prever cómo va a cerrar este año, que depende de tres factores inciertos: la duración de la pandemia y las restricciones, el resultado de la reestructuración de la deuda y la consistencia de las políticas fiscal y monetaria. En definitiva es una simulación sujeta a supuestos que se hagan de estos tres factores”.
En el mejor de los escenarios, en el tercer y cuarto trimestre del año podría producirse una mejora notoria, partiendo de la caída histórica del segundo trimestre, lo que abre la puerta a un alto índice de crecimiento para el próximo año debido, esencialmente, al “arrastre estadístico”. En ese sentido, la última estimación del Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) que hace el Banco Central arrojó una proyección de caída para este año de 7%, lo que deja entre 9 y 10 puntos de arrastre, en línea con la estimación de Barclays.
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Puntualmente, exactamente dentro de un año, en el segundo trimestre de 2021, la economía argentina podría estar “volando” al 40% interanual. Pero, por supuesto, es una tasa engañosa si la lupa no se pone también en la base de comparación: el parate total por la cuarentena. La caída de la actividad económica, en abril, para las dos primeras consultoras privadas que publicaron su estimación osciló entre 19,2%, para Orlando J. Ferreres y Asociados, y 25% para LCG, la empresa que dirige el economista Guido Lorenzo.
Pero, para avanzar más allá del efecto crecimiento por mero arrastre estadístico, y asumiendo una resolución por la deuda, se deberán despejar una serie de incógnitas:
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- La más inmediata, cuándo y con qué ritmo se producirá el levantamiento de las restricciones que pesan sobre la actividad económica.
- A partir de ahí, el estado de situación del sector privado, la magnitud del daño causado por el coronavirus.
- La reacción del Gobierno ese panorama, esencialmente, cuál será la política de esterilización de la inmensa inyección de pesos realizada en el contexto de asistencia financiera por la pandemia.
- Las alternativas a la falta de una política de alta esterilización, es decir, la posibilidad de reforzar las restricciones cambiarias, a las que ayer sumaron nuevas limitaciones.
La incertidumbre sobre estos puntos pero, sobre todo, el punto de partida económico en el que quedará la economía hacen que el titular de Ecolatina, Rodrigo Álvarez Laredo, descarte de plano proyecciones como las del banco inglés. “No vemos ese nivel de despegue, que sería algo similar al que tuvo la Argentina en 2003, 2004 y 2005. Eso no va pasar, no vemos que pueda haber un shock de precios de los commodities que impulse el ingreso ni superávit fiscal ni ningún elemento dinamizador equiparable a aquel momento”, sostuvo el economista.
Alvarez recordó que la inflación estaba en esos años en un nivel muy bajo, producto del período previo de precios relativos ordenados, comparado con un nivel actual de 50%, con indicadores de desempleo y pobreza que aumentarán sin un incentivo claro al consumo ya que no se avizora la posibilidad de un mejora del salario real que lo impulse, promoviendo la reactivación del mercado interno.
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