
La Argentina entraría formalmente en default el viernes, ya que el Gobierno finalmente no pagaría los USD 503 millones de intereses de la deuda bajo ley extranjera. Al ser consultado ayer sobre lo que ocurrirá pasado mañana, Martín Guzmán prefirió restarle importancia y se concentró en la negociación con los acreedores: “Lo importante es que estamos teniendo conversaciones positivas y cuanto más rápido avancemos, mejor”, al tiempo que consideraba “anecdótico” el vencimiento del 22 de mayo.
El ministro de Economía fue invitado por la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (Amcham), para hablar bajo el formato de webinar. Allí fue muy cuidadoso al referirse a la renegociación de la deuda y aseguró que será “flexible” para escuchar la postura de los acreedores. Siempre dejó en claro que el objetivo es privilegiar “la sustentabilidad” de la deuda y la recuperación de la economía.
“Hay una gran chance de que el dealine sea extendido. Las enmiendas (ante la SEC) son necesarias para llegar a un arreglo con los acreedores. El 22 es anecdótico. Estamos en medio de una negociación”, señaló el ministro.
Los mercados dejaron de lado el “modo euforia” de los últimos días, ante un escenario que no es el mejor para seguir negociando. Hasta ahora se venía sosteniendo que resultaba clave evitar la moratoria de la deuda mientras se avanzaba con la renegociación, pero los tiempos se vinieron encima y ya no es posible cerrar un acuerdo con el grueso de los acreedores antes del 22 de mayo. Como el Gobierno no estaría dispuesto a seguir usando reservas para pagar vencimientos, se gatillará la cláusula de default. Salvo que se produzca alguna sorpresa en el último minuto, pero a esta altura está casi descartado.
Los bonos en dólares aflojaron tras la fuerte suba de los últimos días. Terminaron cayendo entre 3% y 5% según la serie. El riesgo país repuntó hasta acercarse a los 2800 puntos, pero después de una caída que se aceleró desde la semana pasada.
Ahora el temor de los inversores es que las negociaciones se prolonguen no un par de semanas, sino varios meses o incluso hasta fin de año. Esto podría generar más trabas, por ejemplo la aparición de grupos que aprovechen para litigar, aprovechando que la deuda entró en default, habilitando reclamos ante tribunales neoyorquinos.
En general, los inversores celebran el cambio de postura que se nota en el Gobierno, tras el rotundo fracaso del canje de deuda que cerró el 8 de mayo. Ahora empezó la verdadera negociación, pero la gran incógnita es cuánto tiempo podría llevar.
El peligro latente es que no sean semanas, sino en realidad varios meses para llegar a un acuerdo mayoritario con bonistas. Esto jugará en contra no sólo de los precios de los bonos, sino también de la reactivación de la economía. En la medida que se mantenga la incertidumbre sobre la renegociación y la salida del default, mayores serán las dificultades para que la actividad pueda reactivarse tras el derrumbe generado por el coronavirus.
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