En línea con una caída ya verificada del 90 % en el consumo de combustibles, el uso del transporte público cayó verticalmente en las últimas dos semanas, a partir de la aplicación de la política de “Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio” (ASPO) dispuesta por el gobierno a partir del 20 de marzo.

Un informe del ministerio de Transporte precisa al respecto que el número de usuarios de transporte público en el Área Metropolitana de Buenos Aires, que incluye a la Capital Federal y el primer cordón del conurbano, cayó de 4.242.450 pasajeros promedio por día hábil en la primera mitad de marzo a 763.568 pasajeros el viernes pasado. Esto es, una caída de 3,5 millones de usuarios por día, equivalente al 82%. Al principio, durante los días de “licencia obligatoria”, la caída fue importante pero gradual, a poco menos de 1.800.000 usuarios, pero a partir del 20 de marzo, con la aplicación del ASPO, cayó en la mayoría de los días por debajo de los 500.000 usuarios. El aumento del viernes probablemente se haya debido en parte a la movilización de personas por la reapertura de la atención al público en las sucursales bancarias.

La caída fue también notoria en días de fines de semana o feriados: de poco menos de 2,7 millones de pasajeros el sábado 7 de marzo a un mínimo de 209.700 el domingo 22, con un leve aumento en los días posteriores, a medida que la prolongación de la cuarentena va haciendo mella sobre la voluntad o la capacidad de los ciudadanos a quedar absolutamente confinados, sea que se muevan por razones contempladas en el decreto 297, que dispuso el confinamiento, o estrictamente personales. La cuestión, resume el informe de Transporte, es que “sólo un 20% de usuarios utilizaron el transporte público el último sábado. 2.100.000 usuarios menos”.

En las provincias el acatamiento ciudadano fue igualmente notable. En días de semana se redujo de un promedio de un pelín menos 1.946.000 pasajeros diarios en promedio en la etapa previa al aislamiento, a poco más de 310.000 el viernes pasado. En promedio, el uso del transporte público en el conjunto de las provincias cayó un 84%, una merma de 1,6 millones de pasajeros diarios.

En fines de semana, los argentinos del interior –que viviendo en lugares de mucha menos densidad poblacional que el AMBA podrían pensar que el “distanciamiento social” es menos exigente- también redujeron sustancialmente el uso del transporte público: de poco menos de 1.150.000 pasajeros el 7 de marzo a un mínimo de poco más de 63.000 el domingo 29 de marzo, con una reducción promedio del 82% entre los diferentes períodos.

El informe del ministerio de Transporte precisa también en varias ciudades del interior del país, con un promedio del 83%. Los datos se refieren a las ciudades de Bahía Blanca, Resistencia (capital de Chaco, la provincia más afectada por el coronavirus en relación a la población total), Comodoro Rivadavia (en Chubut, donde no se habían registrado aún casos de infección), Paraná, Formosa, San Salvador de Jujuy, Neuquén, Bariloche, San Luis, Santa Fe, Río Grande y Ushuaia. En todos los casos el número de pasajeros entre la etapa pre y post-aislamiento son cercanas o superan el 80%, con casos como Comodoro Rivadavia, donde la caída es del 95% (de 60.000 a 3.000 pasajeros por día). En la suma de esos centros urbanos, significa una reducción de un millón de pasajeros por día.

También los particulares

Pero no solo los usuarios de transporte público mostraron alta conciencia cívica: la circulación por las autopistas cayó en similar proporción: el fin de semana largo del 21 al 24 de marzo, por ejemplo, hubo una reducción de casi 562.000 vehículos en circulación por día, un 86% menos que el fin de semana previo.

Volviendo al área de la Capital y el Conurbano, la cartera de Transporte registró una caída promedio de 69% en la circulación de vehiculos por la Autopista del Oeste y del 79% por la Autopista del Sol.

En definitiva, la población argentina, más allá de excepciones que llaman más la atención por lo excéntricas que por lo numerosas, está acatando la cuarentena dispuesta por el Gobierno para reducir la circulación del contagiosísimo coronavirus. Más razón aún para lamentar lo sucedido el viernes pasado, cuando casi un millón de jubilados y perceptores de planes sociales se agolparon frente a las sucursales bancarias de todo el país -que el gobierno había decidido mantener cerradas durante nada menos que dos semanas, precisamente cuando para muchos la necesidad de ese servicio se volvió acuciante- y después que el propio gobierno sumara a los canales bancarios la distribución de millones de beneficios para ayudar a superar las penurias que impone el aislamiento y el cierre de vastos sectores de actividad económica.

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