
En su objetivo de darle liquidez al Gobierno, empresas y particulares, el Banco Central aceleró la expansión monetaria en marzo, para distender la delicada situación de la economía argentina, amenazada por el proceso recesivo doméstico de dos años y la reciente restricción por la cuarentena, que confina a la mayoría de la población al aislamiento.
La administración de Mauricio Macri entregó el poder en diciembre con una economía en receso desde mayo de 2018, inflación por encima del 50% anual, reperfilamiento de la deuda soberana y un tipo de cambio inestable, atenazado por un nuevo “cepo”. Muchos indicadores, como los bursátiles, reflejaban un retroceso de la economía argentina a niveles de 2009, año en el que el PBI doméstico cayó un 5,9% en el marco de la anterior crisis financiera internacional.
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Ahora, la virtual parálisis nacional para ponerle una barrera al contagio de coronavirus va a tener consecuencias en el PBI, que de encadenar su tercer año en baja llevaría a la caída más profunda desde la crisis de 2001-2002. Aquel fue el corolario de un proceso recesivo de casi cuatro años, el más extendido de la historia argentina, que se inició en los últimos meses de 1998 y recién empezó a revertir a mediados de 2002.
Esta percepción tomó cuerpo la semana pasada, cuando los bonos públicos cayeron a precios de default, el Riesgo País tocó los 4.500 puntos por primera vez desde junio de 2005 y las acciones medidas en dólares tocaron un piso desde septiembre de 2003.
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Con ese trasfondo, el gobierno de Alberto Fernández tomó una dura decisión, con énfasis en la emergencia sanitaria: la cuarentena general a partir del 19 de marzo, consciente de los efectos económicos negativos de la medida.
La inyección de pesos para los hogares más vulnerables y los jubilados de haberes más bajos busca atenuar el daño. Para ello cuenta con la asistencia del Banco Central, que liberó encajes, giró adelantos transitorios y reinició el proceso de desarme de títulos de deuda, las Letras de Liquidez (Leliq).
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Este miércoles, la entidad que preside Miguel Pesce efectuó la colocación de Leliq a 27 días por unos $76.950 millones, a una tasa de 38% anual. La renovación parcial de los vencimientos del día, por unos $210.000 millones, implica una expansión monetaria de más de $130.000 millones en el día.
El stock de Leliq tocó el 5 de marzo un récord histórico de $1.705.519 millones ($1,71 billón), cuando la entidad monetaria todavía se encomendaba a una fuerte absorción de liquidez para mitigar la inflación. Desde entonces, el stock de Leliq disminuyó casi $400.000 millones, a los $1.316.463 millones de este miércoles.
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Tres semanas atrás, el stock de Leliq llegó a superar a la Base Monetaria ($1.703.459 millones), cuyo monto sirve para estimar la cantidad de dinero con la que funciona la economía. Ahora, con la intensa liberación de pesos producto del desarme de las Leliq, la Base Monetaria está acercándose a los 2,1 billones de pesos por primera vez, con un aumento de 23% desde el 5 de marzo.
“Vamos a asistir al Tesoro desde el Central con emisión monetaria, pero eso no va a tener efecto inflacionario porque estamos compensando la demanda que deja de haber por el aislamiento”, confió el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, en declaraciones a Radio con Vos.
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Pero los analistas de Portfolio Personal Inversiones advierten que “dentro de un escenario en donde el BCRA sea el único financista del Gobierno, la inflación tendría un curso claramente alcista”, si se toma un modelo econométrico en el que la evolución de la Base Monetaria es la variable que más explica la inflación, con un rezago de seis meses.
El 18 de marzo de 2019, la Base Monetaria alcanzaba los $1.282.623 millones ($1,28 billón); un año después llegaba a $1.918.092 millones ($1,92 billón), por cuanto el crecimiento del dinero en circulación, cheques cancelatorios y depósitos de bancos en cuentas del BCRA creció un 49,5%, una tasa que casi coincide con la inflación de los últimos 12 meses, de 50,3% acumulado.
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Con este comportamiento afín entre el crecimiento de la Base Monetaria y la tasa de inflación, vale inferir que una fuerte inyección de liquidez en una economía que no crece y con débil demanda de dinero va a traer consigo una aceleración de la inflación, aunque con unos meses de rezago.
“¿Hacia dónde va la inflación hacia delante? La respuesta ineludiblemente es desalentadora. La fase bajista de la inflación en el extremo tendrá uno o dos meses más de vida, para después acelerarse, ineludiblemente”, señaló el reporte de Portfolio Personal.
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