Hay una diferencia notable entre los momentos políticos de 2015-2016 y los de 2019-2020. Y los eneros no están, como hace muchos años, vacíos de noticias.

Cuando asumió Mauricio Macri el peronismo guardó una extendido silencio. Había caído sobre ellos todo el peso de la corrupción, la investigación de la justicia y se sentían marginados por la avanzada de un nuevo proyecto que nada tenía que ver con ellos, que aborrecían.

Un dirigente peronista llegó a decir: “El peronismo no podrá sacarse nunca de encima la noche de los millones de dólares tirados, con sigilo, en la entrada de un convento”.

Sentían culpa. Durante un tiempo perdieron los reflejos. Además estaban bastante divididos. Cada uno de los peronismos tiraba para su lado. Más: buscaban apartarse de la figura de Cristina Kirchner. No lograban entender por qué su hija Florencia guardaba más de cuatro millones de dólares a su nombre en la caja de un banco. O la gran cantidad de denuncias en la justicia por actos de corrupción.

El presidente agrandó el Estado. Ahora son 20 los ministerios, algunos creados según conveniencias políticas o electorales. Con perjuicio del equilibrio fiscal. En esos ministerios se ve la mano de Cristina Fernández.

Fue entonces la profunda crisis, producto de la omnipotencia del PRO, con indicadores que volaron por los aires a partir de 2018, el terreno por el cual renacieron. Hasta con omnipotencia. Se respaldaron en el incremento de la pobreza y el estancamiento del consumo y la producción.

Muchos dirigentes ni soñaban en 2016 con retomar el poder. Sostenían que era el Parlamento el ámbito desde donde se podía poner en caja a los primeros éxitos del PRO El resto era negación ante los avances de los jueces y sus comprobaciones.

Como mecanismo de defensa argumentaron que las acusaciones contra sus ex-funcionarios, y su ex-presidenta más sus hijos no tenían sentido y eran “inventos de venganza política”, eran “presos políticos”, nadie había delinquido. La lentitud con que se mueve la justicia terminó por favorecerlos.

Entonces armaron una coalición (con principios para nada coincidentes) con el afán de ocupar otra vez la Casa Rosada y todo lo que ello implicaba. Tuvieron éxito. Pero un éxito que no daba para tirar flores, donde casi la otra mitad de los votantes, pese a los castigos económicos, alrededor del 40% de los electores, seguía dando sustento a un proyecto antikirchnerista. Nadie puede hasta ahora asegurarlo, pero fueron las promesas de Alberto Fernández, crítico tantos años de las acciones de Cristina Fernández, la razón por la cual consiguieron legítimamente el poder.

En la conformación de los 20 ministerios del gobierno de Alberto Fernandez se ve la mano de la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner
En la conformación de los 20 ministerios del gobierno de Alberto Fernandez se ve la mano de la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner

A diferencia de PRO, que por una ausencia de sentido común no hizo el balance de lo heredado, el cristinismo sí lo hizo. Macri, junto con sus ministros de Economía, cumplieron al pié de la letra los dictámenes del Fondo Monetario Internacional.

Entretanto la deuda externa crecía de manera peligrosa y sofocante. Nada pudieron hacer para frenar la presión tarifaria, la recesión preocupante, la falta de financiación bancaria y el infraconsumo, en tanto seguían conservando el apoyo de una parte de la población.

En éstos días, a un mes de haber asumido, tal como se adelantó, no todo el peronismo piensa de igual manera. Los únicos que responden aparentemente a los que mandan son los parlamentarios. Hay declaraciones de ministros y otros funcionarios de jerarquía que confunden, que no siguen la línea de las afirmaciones presidenciales, situación que desfavorece a Alberto Fernández. Y fortalece la imagen de una coalición de gobierno que podría ser temporaria. A Fernández le cuesta bajar línea en varias cuestiones. Demora en hacerlo.

El presidente agrandó el Estado. Ahora son 20 los ministerios, algunos creados según conveniencias políticas o electorales. Con perjuicio del equilibrio fiscal. En esos ministerios se ve la mano de Cristina Fernández y no de otros. Está su influencia en todo lo que ocurre en la AFIP, organismo que ha sido en su tiempo acosador de los bienes de la familia Kirchner y de sus empresarios amigos, castigados con severidad.

El pacto social que prometió el presidente antes de las elecciones está demorado. Sería una solución en el corto plazo, al estilo de un dique de contención, pero con el piso flojo.

Cristina está pensando en términos ideológicos y no prácticos. Porque hay distintas urgencias económicas que no abren el horizonte y se debe encontrar la salida.

El ministro de Economía ha debido hacer un arqueo de caja pero, ¿ha tenido tiempo de trazar los cimientos de un plan de acción a mediano plazo? ¿Martín Guzmán lo hará o alguno de sus colegas? ¿ Sólo se ocupa de la deuda externa? Los que deciden están esperando decisiones. Estos días no están despejados de problemas. Es fácil comprobar en la vida cotidiana que “no hay precios”. Cada uno fija el valor que considera rentable y se achica o se agranda según cree en el valor de su producto.

La demanda es fluctuante. Como es fluctuante la alimentación de los ciudadanos. En el 40% por fuera de los Precios Cuidados hay aumentos fuera de control. Un mismo producto vale hasta el 100% más, según las cuadras que se recorran en el mismo barrio.

No hay una estrategia colectiva en el tema precios. El pacto social que prometió el presidente antes de las elecciones está demorado. Sería una solución en el corto plazo, al estilo de un dique de contención, pero con el piso flojo porque depende de la seriedad con que se tome por las partes o por la presión de factores extremos, como ocurrió antes de la mitad de la década del setenta. Un ejemplo: las posibles variantes hacia arriba del petróleo, de los precios de los combustibles y del gas.

El presidente de la Nación, Alberto Fernández, y el gobernador bonaerense, Axel Kicillof
El presidente de la Nación, Alberto Fernández, y el gobernador bonaerense, Axel Kicillof

Los titulares de los medios de comunicación se ocupan de los ánimos de venganza, no de las aflicciones económicas y sociales apremiantes. Sólo hubo un gesto oficial importante, la “tarjeta alimentaria” del ministro Daniel Arroyo y sus viajes por una zona crítica del país.

Todos piden pero no se los puede contentar a todos. Los gobernadores piden fondos al Ejecutivo, los intendentes, a su vez a los gobernadores y la cadena de apremiados está extendiéndose. ¿Hay para todos? Es casi imposible ante la crisis que no se ha paliado.

El Ejecutivo ha encarado los próximos meses con un apretón impositivo en una nación con el más alto índice de voracidad estatal de la historia. Ha tenido un gesto con los jubilados de menores ingresos, pero con los ojos cerrados están perjudicando a los jubilados de medianos o ingresos como corresponde. Estos jubilados, los medianos y los altos han aportado toda la vida, a diferencia de los 2 millones de nuevos beneficiados que hizo ingresar Cristina Fernández cuando gobernaba. Muchos o muchas que no necesitan del aporte del Estado pero que igual reciben la mínima, felices, aunque no la necesiten.

El Ejecutivo sigue pidiendo fondos a la Anses para satisfacer su caja inestable, una vieja costumbre que pone en riesgo todo el sistema que cubre la necesidad de los ciudadanos pasivos.

El Ejecutivo ha encarado los próximos meses con un apretón impositivo en una nación con el más alto índice de voracidad estatal de la historia.

No se consiguen soluciones económicas en un mes pero hay que empezar a trabajar en ello. En el área social y política hay un preocupante aumento del empleo informal y del cuentapropismo. Sobre casi 21 millones de puestos de trabajo en el país sólo 10 millones lo hacen de manera formal y en baja. Y hay casi 5 millones no registrados que no aportan, que no tienen los servicios indispensables de compensación. Más de la mitad de autónomos y cuantapropistas no están registrados. La tasa de desempleo según datos del INDEC es de casi el 10% y los subocupados llegan al 13% que se gana la vida con “changas” .

El gobierno debe organizarse, trazar estrategias decididas que escapen del corto plazo y piensen en el largo. Seguramente eso se lograría, quizás, si no fuera bifronte, si se abroquelara. Según la Constitución, se repite, el o la vicepresidente sólo se ocupa de presidir el Parlamento, no de imponer criterios, no designar funcionarios.

¿Tuvo que esperar Alberto a Cristina de su regreso de Cuba para decidirse a viajar a Israel donde se congregarán las principales figuras políticas del mundo en el recordatorio de Holocausto ? ¿Lo hacen para suavizar las relaciones con el presidente norteamericano Donald Trump (muy comprometido con la suerte de Israel) que tenía sus previsiones sobre la Argentina, para allanar un mejor entendimiento con el Fondo Monetario y evitar el default?

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