
Diciembre y enero traen aparejada la estacional necesidad de pesos, por la liquidación de salarios y bonos, el pago del medio aguinaldo, la demanda por las Fiestas de fin de año y las vacaciones de verano. En un marco de control de cambios -que evita que el excedente de pesos se pase a divisas- tanto el Gobierno saliente como el entrante optaron por aplicar una potente inyección de pesos a la economía, cuyos “motores” de crecimiento permanecen apagados.
Ese redireccionamiento de los pesos al consumo interno, y también al pago de mayores impuestos y a inflación, por ahora está dejando afuera al movimiento en el mercado de cambios. La divisa en el segmento oficial sigue casi invariable, a $63 para la venta minorista -ahora a $81,90 por la aplicación del impuesto “solidario” y cerca de los $60 en el mercado mayorista o interbancario.
El monto operado en el segmento de contado (spot) sumó USD 261,1 millones, mientras que en futuros se negociaron contratos (en pesos atados al tipo de cambios) a USD 158,2 millones en el ROFEX, donde las posturas para fin de enero cerraron a $61,45, mientras que para marzo concluyeron a 65,55 pesos.
Dicha quietud cambiaria se transmite en lo inmediato a las cotizaciones alternativas del billete verde, es decir las que no están contaminadas por los controles: el dólar libre, a $77 para la venta en el mercado paralelo, y las paridades bursátiles.
Destacó en la jornada el aumento del dólar “contado con liquidación”, que se arrimó a los 78 pesos y volvió a superar el valor del dólar “blue”, por el empuje del ascenso de 2,4% en pesos de las acciones argentinas.
El economista Gustavo Ber señaló que la estabilidad del tipo de cambio oficial responde a “una plaza que continúa limitada y dominada por el BCRA. Mientras tanto, las ‘brechas’ siguen deslizándose sin prisa pero sin pausa al alza hacia el ‘dólar solidario’, toda vez que dicha referencia en el tiempo -en especial una vez que se supere la etapa de una mayor demanda estacional de pesos- podría convertirse en el ‘piso’ para el dólar MEP y ‘contado con liquidación’”.
La calma de la plaza cambiaria, cuya demanda privada está atenazada por las restricciones, es evidente en los números: desde el 30 de agosto, cuando se reinstauró el “cepo” -entonces parcial, con tope de USD 10.000 mensuales- el dólar mayorista subió un 0,4% o 21 centavos, de $59,61 a $59,82 en cuatro meses en los que la inflación avanzó cerca de 19 por ciento.
Por eso, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que publica el Banco Central mostró en diciembre que los especialistas esperan un dólar oficial de $80,50 para fin de 2020, cuando el mes anterior proyectaron un dólar a 85,90 pesos.
“El Gobierno puede entonces controlar algunos precios que ayudan a formar expectativas de inflación, como el dólar oficial, los combustibles y las paritarias, pero para que el modelo no explote por los aires necesita consistencia monetaria”, expresó el economista Martín Tetaz.
En el último año el dólar acumuló una suba de 58,9% según la cotización mayorista y la Base Monetaria se expandió un 34,5%, a lo que habría que agregar la incidencia de los aumentos de tarifas y combustibles: estos tres factores explican a “trazo grueso” una inflación anual entre 54 y 55 por ciento en 2019, la más elevada desde 1991.
En ese aspecto, inquieta la expansión global de la cantidad del dinero en la economía, del orden del 46% en los últimos cuatro meses, sepultado el objetivo de “crecimiento cero” de la Base Monetaria planteado en el acuerdo con el FMI después de la contundente derrota electoral de Cambiemos en las PASO.
El 30 de agosto pasado, la Base Monetaria contabilizaba $1.296.173 millones ($1,3 billón), mientras que el 30 de diciembre alcanzó los $1.895.381 millones (1,9 billón): son casi 600.000 millones de pesos extra que se volcaron a la plaza financiera en el mismo lapso de virtual “congelamiento” del tipo de cambio oficial con el regreso del control de cambios.
Restringido el cálculo la circulación monetaria (dinero en poder del público y cuentas a la vista), también alcanzó un fuerte aumento de casi $250.000 millones ó 27,5%, de $904.438 millones a $1.153.405 millones ($1,2 billón).
Por eso, Martín Tetaz ve probable que desde el BCRA “en febrero, cuando desaparezca la demanda estacional de fin de año, aspirarán los pesos sobrantes, al mismo tiempo que anuncian que volverán a hacer operaciones de mercado abierto emitiendo letras para el público, como las viejas LEBAC”.
Frente a semejante abundancia de liquidez, un indicador sobresaliente en las últimas semanas es el del regreso de los depósitos en dólares, con el impulso de corto plazo de la excepción del pago de Bienes Personales para las colocaciones en cajas de ahorro, y de una reducción de la alícuota al 1,25% -desde 2,25%- para quienes repatrien el 5% de sus tenencias fuera del sistema financiero.
Los depósitos en dólares en efectivo del sector privado aumentaron cerca de USD 1.500 millones desde que asumió el Gobierno de Alberto Fernández. El pasado 30 de diciembre contabilizaban USD 19.429 millones, con lo que se aproximan al nivel perdido antes de las elecciones presidenciales del 27 de octubre pasado. En las últimas tres ruedas financieras de 2019 la recuperación de depósitos en moneda extranjera superó el promedio de USD 300 millones diarios.
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