Una pregunta inquietante circula entre economistas de toda línea ideológica, e incluso es motivo de estudio y dolores de cabeza para los que asesoran al virtual presidente: ¿De dónde va a sacar los fondos el nuevo gobierno para cumplir todas sus promesas?

La pregunta tiene sentido habida cuenta de que la situación macroeonómica que heredará será más que complicada, sujeta a restricciones de todo tipo y condicionada al acuerdo en vigencia con el FMI. Va a encontrarse con un descomunal déficit financiero por el peso de los intereses de superendeudamiento, una inflación que torna peligrosa acudir masivamente a la emisión, y un continuado proceso de dolarización y fuga que desvía parte del dinero a la compra de divisas, entre otras varias cosas.

Sin embargo, la pregunta pierde parte de sentido si se observa que las promesas de AF han sido hasta ahora muy moderadas y lejos de una actitud demagógica de repartir ofrecimientos alegremente. Lo más osado y concreto que dijo es que hay que "ponerle dinero en el bolsillo a la gente", al igual que lo que propuso Roberto Lavagna, el ícono de la moderación. No solo eso, sino que sugirió y está ensayando un acuerdo económico-social para moderar precios y salarios durante 180 días.

Las promesas de AF han sido hasta ahora muy moderadas y lejos de una actitud demagógica de repartir ofrecimientos alegremente. Lo más osado y concreto que dijo es que hay que ponerle dinero en el bolsillo a la gente

Pero si AF quisiera disponer de más fondos para llevar adelante una política más ambiciosa que la esbozada hasta ahora, tiene disponible algunas herramientas que respetan las restricciones existentes.

Las retenciones sobre las exportaciones son una fuente potencial de recursos fiscales (Adrián Escandar)
Las retenciones sobre las exportaciones son una fuente potencial de recursos fiscales (Adrián Escandar)

La primera son las retenciones, que el gobierno actual reestableció pero en niveles ridículos y que encima se licuaron por le devaluación. Los productos primarios pagan $3 por dólar exportado y los de valor agregado $4, y vienen abonando esa nimiedad desde antes de la devaluación. Es decir que su facturación subió con la devaluación mientras que las retenciones se diluyeron por el salto del dólar: $3 por un dólar de $58 es menos de la mitad que $3 pesos por un dólar de 20 pesos.

Pero si quisiera, si realmente tuviera la voluntad transformadora y el objetivo fuera que parte del proceso de reactivación lo paguen los que más tienen, AF tiene un instrumento a mano muy potente, tanto en términos de los recursos que puede juntar como de la señal política que significa. Se trata de cobrarle un impuesto al patrimonio de los millonarios, que acabe con el hazmerreír del actual impuesto a los Bienes Personales, que recauda montos obscenamente bajos.

AF tiene un instrumento a mano muy potente, tanto en términos de los recursos que puede juntar como de la señal política que significa. Se trata de cobrarle un impuesto al patrimonio de los millonarios

Además de esas ventajas, se trata de un impuesto que no distorsiona la actividad productiva, y que seguramente contaría con el respaldo político de la mayoría de la población.

Referente internacional

No casualmente, esa medida es el eje de la campaña política de Elizabeth Warren, la senadora demócrata de Massachussetts que está segunda en las encuestas para las primarias del partido que nominará a quién le disputará la elección a Donald Trump.

Según la última encuesta de la cadena NBC, Joe Biden (el segundo vicepresidente de Barack Obama) lidera con el 31%, seguido por Warren con el 25%. Según la encuesta de Fox en una eventual contienda entre Trump y Warren, la demócrata le sacaría 6 puntos  porcentuales de ventaja.

Además hay que considerar la posibilidad de que Warren se alíe con Bernie Sanders, el tercero en discordia que al igual que la senadora representa al ala izquierda del partido. Según varios medios de ese país, Warren salió airosa del debate que mantuvieron la semana pasada en Houston todos los precandidatos demócratas.

La propuesta de la senadora es muy sencilla. Consiste en gravar con un 2% a los patrimonios que superen los USD 50 millones, más un 3% a la fortuna que exceda los 1.000 millones de dólares.

La propuesta de la senadora de Massachussetts es muy sencilla. Consiste en gravar con un 2% a los patrimonios que superen los USD 50 millones, más un 3% a la fortuna que exceda los USD 1.000 millones

Llevado a dos ejemplos. Un contribuyente con una fortuna de 100 millones pagaría anualmente 2 millones. Con una riqueza de 1.500 millones abonaría 35 millones por año (2 por ciento sobre 1000 millones, más 3 por ciento sobre 500 millones).

Según sus cálculos, eso le permitiría recaudar USD 275.000 millones por año, afectando a unas 75.000 personas. En un acto la semana pasada en New Hampshire afirmó: "Con ese 2% podríamos tener guarderías para todos los niños de cero a cinco años; con ese 2% podríamos además escolarizar a todos los chicos de 3 y 4 años. También nos alcanzaría para subir el salario de todos los trabajadores que se ocupan de cuidar a los chicos y a todos los maestros del preescolar. Podríamos hacer todo eso y construir escuelas técnicas, universidades comunitarias, y educación gratuita universal para los primeros cuatro años de la educación superior. Todo por dos centavos".

En EEUU un impuesto al patrimonio de los 75.000 multimillonarios podría generar unos USD 275.000 millones
En EEUU un impuesto al patrimonio de los 75.000 multimillonarios podría generar unos USD 275.000 millones

La propuesta no es improvisada. Warren cuenta con el asesoramiento de Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, dos miembros que junto a Thomas Piketty conducen el monumental proyecto World Inequality Database, que estima la evolución histórica de la desigualdad en varios países del mundo (para la Argentina llega a 2003).

En un documento de apoyo a la propuesta de Warren, Saez y Zucman calcularon que si un impuesto a la alta riqueza hubiera estado vigente desde 1982 con una tasa del 2% hasta 1.000 millones más el 3% a partir de ahí, las 15 personas más ricas de los Estados Unidos tendrían entre todos una patrimonio de USD 434.000 millones en lugar de los 946.000 millones que tienen ahora. Por ejemplo Jeff Bezos de Amazon tendría 86.800 millones en lugar de 160.000 millones; Bill Gates 36.400 millones en vez de 97.000 millones, y Warren Buffett 29.600 y no los 88.300 millones que posee ahora.

Una muy clara y bastante aséptica nota de Bloomberg tituló "Los ricos pueden perder cientos de miles de dólares con el impuesto a la riqueza de Warren". Esa misma nota informa que varios de los "afectados" como Gates y Buffett han declarado en varias oportunidades que las personas como ellos deben pagar mucho más de impuestos. Y agrega que George Soros, la principal heredera del emporio Disney y otros 17 multimillonarios publicaron una carta abierta en junio en apoyo de la propuesta de Warren.

Por supuesto que su propuesta levantó fuertes críticas. Por ejemplo Gregory Mankiw, ex asesor de George W. Bush, sostiene que la recaudación sería mucho más baja porque los ricos eludirían o evadirían el nuevo tributo. En el mismo sentido se pronunció Larry Summers, ex secretario del Tesoro de Bill Clinton y luego asesor de Obama.

Paul Krugman, ganador del Premio Nobel de Economía en 2008, asegura que un impuesto al patrimonio de los ricos no frena la actitud emprendedora (Getty Images)
Paul Krugman, ganador del Premio Nobel de Economía en 2008, asegura que un impuesto al patrimonio de los ricos no frena la actitud emprendedora (Getty Images)

Quien asumió la réplica a esas objeciones fue nada menos que Paul Krugman en la columna habitual que publicó el martes pasado en The New York Times. El premio Nobel reconoce la habilidad de los ricos para aprovechar agujeros legales y todo tipo de estrategia para eludir y evadir. Pero sostiene que eso puede ser atenuado eliminando desgravaciones, tapando agujeros, y aplicando con decisión política rigurosos controles.

El premio Nobel Paul Krugman reconoce la habilidad de los ricos para aprovechar agujeros legales y todo tipo de estrategia para eludir y evadir. Pero sostiene que eso puede ser atenuado eliminando desgravaciones, tapando agujeros, y aplicando con decisión política rigurosos controles

Krugman también refuta la idea de que un impuesto a la riqueza frene a la economía: "Hay suficiente evidencia de que impuestos al patrimonio más altos no deterioran la actitud emprendedora ni la tasa de ahorro de los ricos; en parte porque buena parte de sus ingresos provienen de rentas monopólicas que no dependen del esfuerzo personal".

Y más allá de toda dificultad, calcula que el impuesto podría aportar el equivalente a 2% del PBI por año, además de colaborar a reducir la extrema concentración de riqueza y evitar que la democracia asuma cada vez más la forma de plutocracia.

El potencial de un Impuesto a los Ricos

¿Qué pasaría en la Argentina con un impuesto semejante? En el país hay no menos de diez personas con un patrimonio superior a los mil millones de dólares. Suponiendo que tengan una fortuna promedio de USD 1.500 millones, cada uno tendría que pagar por un impuesto a lo Warren el 2% de 1.000 millones más el 3% de 500: 35 millones o un total de 350 millones de dólares.

Se sabe que hay unas mil personas con fortunas de más de USD 30 millones, que acumulan USD 140.000 millones. Con una alícuota del 2% se recaudarían USD 2.800 millones por año.

Se sabe que hay unas mil personas con fortunas de más de USD 30 millones, que acumulan USD 140.000 millones. Con una alícuota del 2% se recaudarían USD 2.800 millones

Y se calcula que hay 114.000 personas que tienen al menos un millón de dólares. Suponiendo una tenencia promedio de 2 millones y aplicando una alícuota de solo 1% se obtendrían otros USD 2.280 millones. En total la suma arroja una cifra impactante de USD 5.430 millones anuales.

Es un monto equivalente a casi el 6% de los ingresos totales del Estado que figura en el Proyecto de Presupuesto 2020 que esta semana presentó Hernán Lacunza.

¿Y si por los motivos señalados se recaudara la mitad? Igualmente le alcanzaría a Alberto Fernández para financiar fuertes mejoras en gastos en educación, por ejemplo, e incluso podría destinar parte de esa recaudación adicional a cubrir la eliminación de otros impuestos que afectan directamente a la producción.

Si Alberto Fernández aprovechara la oportunidad para impulsar lo mismo que están promoviendo los demócratas en Estados Unidos o la socialdemocracia alemana, ¿Galperín, Bulgheroni, Rocca, Eurnekian y el resto de los milmillonarios saldrían a apoyar la iniciativa como sus pares del país que tanto admiran?

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