
A pesar de que tiene indicios que lo hacen sospechar que fue una usina oficial la que difundió la versión sobre que él fue quien asustó a fondos de inversión adelantándoles que un eventual gobierno de Cristina Fernández de Kirchner desconocería el acuerdo con el FMI y reestructuraría la deuda con los tenedores de bonos, Emmanuel Álvarez Agis se comunicó anteayer con una de las máximas autoridades del área financiera del Gobierno y le ofreció desmentirla públicamente, si él consideraba que eso podía aportar a calmar el pánico del mercado financiero que estaba catapultando al dólar por encima de los $45 y al riesgo país por arriba de los 1.000 puntos básicos.
El funcionario negó toda responsabilidad del Gobierno en la propagación de esa versión, le agradeció el gesto, pero le respondió que no creía necesario que el ex viceministro de Economía del kirchnerismo saliera a aclarar nada.
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No hubiera sido la primera vez que un economista hace declaraciones en el extranjero que, con o sin intencionalidad, desestabilizan a un gobierno. El caso más resonante sucedió en plena hecatombe del gobierno de Raúl Alfonsín y en medio de la campaña que terminaría con Carlos Menem en la Casa Rosada. Fue Domingo Felipe Cavallo quien en una gira por los Estados Unidos como economista del candidato peronista declaró que si el FMI mantenía el acuerdo vigente con la Argentina, eso sería interpretado como un apoyo a la candidatura del radical César Angeloz, y que en tal caso si triunfaba Menem iba a desconocer la deuda externa que en ese entonces estaba básicamente en la cartera de un puñado de los principales bancos del mundo.
Imposible determinar si fue por esa acción de Cavallo que el Fondo Monetario finalmente canceló el acuerdo, agravando una crisis que ya era aguda. Y aunque también es contrafáctico, la situación era tal que aún sin la acción de el ex ministro de Economía en la Convertibilidad y también de Fernando de la Rúa, el gobierno radical hubiera terminado mal.
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Pero a diferencia de Cavallo, el ex funcionario kirchnerista asegura que no dijo nada desestabilizador ni parecido a lo que le adjudican en ninguno de los encuentros con bancos y fondos de inversión que mantuvo en Nueva York hace ya más de un mes en su rol de titular de la consultora PxQ. Fundamenta la desmentida en que ninguno de sus interlocutores visitados salió a avalar la versión, y en el testimonio que pueden dar sus clientes locales sobre lo que les está diciendo acerca de la situación actual.
No cabe ninguna duda de que los grandes financistas y empresarios de aquí y de afuera no quieren que vuelva Cristina, y que la mayoría de ellos teme y considera bastante probable que un eventual gobierno suyo concrete lo que señala la versión.
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Sin embargo, más allá de los prejuicios, de cierta construcción mediática, de declaraciones de algunos economistas y dirigentes kirchneristas de segunda y tercera línea, y de la retórica pendenciera que Cristina tuvo hacia el poder económico, el repaso de su gobierno no encuentra antecedentes de peso sobre nada parecido al desconocimiento de las obligaciones externas.
Por el contrario y salvando diferencias de estilo y de tiempo, tanto Amado Boudou cuando fue ministro como Axel Kicillof durante su gestión al frente de Economía, eran de la idea de que la Argentina necesitaba acceder a financiamiento externo. Boudou no lo pudo ni siquiera intentar porque se chocó con la negativa de Néstor Kirchner, que presidía un país en el que todavía no escaseaban los dólares y era factible "vivir con lo nuestro" y darse ínfulas de independencia y autonomía. Incluso pagándole por adelantado al Fondo algo más de USD 9.000 millones con el falaz argumento de evitar condicionamientos que ese organismo no estaba en condiciones de imponer, por la sencilla razón de que no había ningún acuerdo en vigencia.
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Kicillof sí tuvo el aval de Cristina Kirchner para recurrir al mercado de capitales internacional y tomar deuda. Era un país muy distinto al que presidió Néstor Kirchner, con una economía que ya había chocado contra la restricción externa. Fuera por convicción u obligado por las circunstancias, fue quitando obstáculos que cerraban el camino al financiamiento externo. Le pagó al Ciadi juicios perdidos, acordó cancelar la deuda con el Club de París, pero no pudo sortear la última de las barreras que era el conflicto con los fondos buitres.
Es indiscutible que el mundo financiero hubiera aplaudido el acatamiento al fallo del ya fallecido juez Thomas Griesa, como hizo Mauricio Macri al poco tiempo de asumir. Pero entre esa rebeldía ante un fallo injusto a favor de fondos buitres y la eventual decisión de incurrir en un default con acreedores privados que invirtieron en títulos públicos con buena fe, hay una distancia enorme.
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Una especie claramente infundada
Ni Kicillof como vocero del kirchnerismo, ni Álvarez Agis en su rol de consultor con abierta simpatía hacia Cristina Kirchner han dicho nada perturbador para los intereses directos de los bancos, fondos de inversión y demás acreedores. A lo sumo, ambos se refirieron a la necesidad de reformular el acuerdo vigente con el Fondo. Una suavidad si se lo compara con lo que están proponiendo reputados economistas del establishment.
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Sin embargo, es absolutamente objetivo que la subjetividad del mundillo financiero teme, entre otras cosas, que un regreso de Cristina implique reestructuraciones forzosas o incluso decisiones más extremas. Si no lo temieran, las cotizaciones de los títulos no se hubieran derrumbado y el riesgo país no oscilaría en los 1.000 puntos básicos, como consecuencia de que son muchos más los que están vendiendo que los que están comprando apostando contra la corriente.
Esa subjetividad está siendo potenciada a todo vapor por el Gobierno, que de Macri para abajo no dejan de machacar que la actitud de los mercados se origina en el miedo a Cristina, omitiendo a sabiendas que no habría miedo alguno a "volver al pasado" si los resultados del Gobierno no fueran desastrosos. Y esa insistencia no hace más que alimentar la venta de bonos, la corrida contra el peso, y todo lo malo que eso desata en términos de inflación, recesión y, por ende, en mayor complicación electoral para el gobierno.
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Están escupiendo hacia arriba. Con el agravante que el efecto búmeran los perjudica a ellos y al país entero.
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