“En la cancha soy una persona distinta”, confesó Draymond Green, el carismático y polémico ala pivot de los Golden State Warriors, en una entrevista exclusiva con el podcast The Pivot. El cuatro veces campeón de la NBA, conocido tanto por su intensidad competitiva como por sus frecuentes controversias, se sinceró sobre los orígenes de su carácter explosivo, los desafíos para controlar sus impulsos y el impacto de su comportamiento en su entorno más cercano.
El basquetbolista estadounidense reconoció ante los presentadores Ryan Clark, Fred Taylor y Channing Crowder que la imagen que proyecta durante los partidos no corresponde con la persona que es fuera de la cancha. Sobre esto, admitió: “El tipo que está aquí sentado con ustedes no es el mismo que juega baloncesto”.
Según relató, aceptar esa dualidad le costó años de reflexión y trabajo personal. “En la cancha, mi ventaja es mental. No salto más alto ni corro más rápido que otros, pero puedo llegar a lugares donde ellos no pueden. Eso me permitió ser parte fundamental de cuatro campeonatos, pero también me trajo problemas”, detalló en la charla.

Orígenes y su mentalidad competitiva
El origen de esa actitud desafiante se remonta a su infancia en Saginaw (Michigan), una ciudad pequeña donde, según el deportista, la supervivencia dependía de la confianza y la capacidad de imponerse. Recordó una anécdota de cuando apenas tenía tres años: tomó una bicicleta, fue a la tienda del barrio y, sin dinero, exigió unas papas fritas diciendo: “¿Saben quién soy? Soy Draymond Green”.
Su abuelo, figura clave en su vida, terminó pagando aquel producto, pero la lección de autoconfianza quedó marcada. “Mi madre siempre me enseñó a no agachar la cabeza ante nadie. Esa fue la base de mi personalidad”, explicó.
Esa mentalidad le generó conflictos desde joven. Relató que en su entorno, tanto en Saginaw como en Flint, era necesario ser “duro” para sobrevivir. A propósito de ello, afirmó: “No puedes pasar desapercibido en Saginaw. Si no hablas, no juegas. Es casi una ley”.

Con una cultura de confrontación se trasladó a su carrera universitaria y profesional, donde los roces y peleas eran frecuentes, pero se resolvían rápidamente. “Crecí acostumbrado a que, después de un altercado, se sigue adelante. Pero en la NBA, cuando ocurrió el incidente con Jordan Poole, me di cuenta de que no todos comparten ese código. Fue un golpe de realidad”, relató en The Pivot.
El jugador no esquiva la autocrítica. Reconoció que cruzó límites en la cancha, como en los altercados con Jusuf Nurkić, Rudy Gobert o Alperen Sengun, y que a veces su “trash talk” (provocaciones verbales) fue demasiado personal.
“He dicho cosas de las que no me siento orgulloso, incluso sobre familiares fallecidos de otros jugadores. Pero hay dos temas que nunca toco: la pareja y los hijos de un rival. Eso es inaceptable para mí”, aseguró. Green también narró cómo, tras un enfrentamiento con Fred VanVleet, buscó disculparse y fortalecer la relación, valorando la capacidad de resolver los conflictos cara a cara.

Impacto familiar y cultura del anillo en la NBA
El impacto de su comportamiento no se limita al ámbito deportivo. Fue así que el basquetbolista reveló que la presión mediática y las críticas afectaron profundamente a su familia. “Mi madre ya no ve los partidos, solo revisa el marcador porque le genera ansiedad. Mi esposa tuvo que cerrar los comentarios en redes sociales por los ataques que recibe. Incluso mis hijos llegan del colegio preguntando por cosas que escuchan sobre mí”, lamentó.
Estas situaciones le llevaron a plantearse el retiro, al sentir que debía “proteger a los suyos de sí mismo”. Con respecto a esto, confesó: “Siempre fui el que carga con los problemas de los demás, pero cuando me di cuenta de que era yo quien causaba el dolor, fue devastador”.
Durante la conversación, Green también reflexionó sobre la llamada “cultura del anillo” en la NBA, que mide la grandeza de los jugadores por la cantidad de campeonatos ganados. Aunque entiende el argumento de figuras como LeBron James, que defienden el valor de los jugadores sin títulos, Green admite que el anillo representa una validación innegable.
“Cuando entro a una sala como campeón, se nota. Pero también sé lo difícil que es ganar un campeonato y que muchos grandes nunca lo logran. Por eso respeto a quienes no tienen anillo, como Chris Paul, que es un ganador aunque no haya sido campeón”, compartió.

La relación de Draymond Green con sus compañeros y rivales es compleja. Con Stephen Curry, con quien compartió 13 años en los Warriors, existe una conexión forjada en la adversidad y la duda. “Nos subestimaron a todos. La base de nuestro éxito es que cubrimos las debilidades del otro. No hay Draymond sin Steph, ni Steph sin Klay (Thompson). Nos necesitamos mutuamente”, afirmó.
También destacó la evolución de su vínculo con Chris Paul, a quien llegó a detestar, pero que ahora considera uno de sus mejores compañeros. Sobre esto, remarcó: “He tenido roces con muchos, pero cuando se resuelven como hombres, la relación se fortalece”.

Salud mental, autocrítica y momentos clave
El desgaste emocional y la presión lo llevaron a buscar ayuda profesional. “La terapia me ayudó mucho. Cuando empecé a notar un declive en mi rendimiento, la frustración me hacía perder el control. Ahora trabajo para canalizar esa energía y no dejar que la duda me domine”, explicó.
Aun así, confesó que su mayor lucha sigue siendo en la cancha, donde la provocación puede desencadenar reacciones que lamenta después. Ante esto, indicó: “Fuera del baloncesto, soy tranquilo, incluso callado. Pero en el juego, soy un ‘menace’ (peligro). Aceptar esa dualidad fue parte de mi proceso de crecimiento”.

Al mirar atrás, Draymond Green identificó varios momentos clave que marcaron su vida, pero destaca uno en particular: un episodio en la secundaria donde fue sorprendido copiando en un examen. Su madre, inflexible con la disciplina, le prohibió participar en torneos de baloncesto ese verano, lo que le enseñó el valor de la responsabilidad y el esfuerzo. Esa experiencia, según compartió en la entrevista, fue el punto de inflexión que le permitió salir de Saginaw y abrirse camino para cambiar el destino de su familia.
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