Frente a Colombia, Argentina apenas logró mostrar una mejor fisonomía en los primeros 15 minutos de la etapa final (Foto: REUTERS/Rodolfo Buhrer)
Frente a Colombia, Argentina apenas logró mostrar una mejor fisonomía en los primeros 15 minutos de la etapa final (Foto: REUTERS/Rodolfo Buhrer)

La respuesta literal a la pregunta del título (¿Dónde estás parada, Selección Argentina?) sería una, aquí y ahora: sobre la avenida Prudente de Morais al 500, en el barrio Cidade Jardim, donde se encuentra el hotel Garden Inn en Belo Horizonte, desde anoche el nuevo lugar de concentración del equipo. Pero hay otra respuesta más profunda, que da cuenta de una situación compleja, propia de ese pantano del que Argentina no puede salir. El panorama podría ser aplicable al momento que atraviesa el país, pero aquí hablamos de la Selección, el querido y devaluado equipo de todos.
¿Cuándo fue que ingresó en este laberinto que la tiene atrapada? El quiebre más preocupante comenzó en julio de 2016, tras la renuncia de Gerardo Martino, hastiado de los manejos dirigenciales y de las agachadas que surgieron para negarle la cesión de futbolistas para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

Hasta entonces, las dificultades de Argentina eran más bien deportivas porque el equipo no podía quebrar la racha sin títulos que nació luego de la consagración en la Copa América de Ecuador 1993. Los "dramas" de la Selección eran los subcampeonatos a repetición: en las Copas América de 2007, 2015 y 2016, y en el Mundial de Brasil 2014.

Luego del portazo del "Tata", los problemas se agravaron: la llegada de Edgardo Bauza derivó en una crisis de identidad futbolística y de resultados flacos que incluso llevaron a que los entonces referentes del plantel (Messi, Mascherano, Agüero, Romero, Biglia, Di María y Rojo) le soltaran la mano al "Patón" y alentaran la llegada de Jorge Sampaoli, por entonces considerado como uno de los pocos técnicos capaces de conducir al equipo hacia el añorado tercer título mundial en Rusia 2018.

El despido de Bauza se produjo el 10 de abril de 2017, menos de dos semanas después de las elecciones en la AFA que ungieron como presidente a Claudio Tapia. Una AFA, hay que recordarlo, que venía de tener un Comité de Regularización presidido por Armando Pérez y de protagonizar el papelón de las elecciones que finalizaron 38 a 38 cuando los votantes fueron 75. Antes de esa suerte de intervención en la AFA, el presidente había sido Luis Segura, de polémica gestión, y luego de Pérez asumió Tapia al ganar las elecciones con el apoyo de Daniel Angelici, el titular de Boca y delfín político del presidente Mauricio Macri.

A la sequía de títulos se le añadieron serios problemas institucionales y dificultades para desarrollar un proyecto serio. El trabajo de Sampaoli resultó decepcionante y Argentina se volvió de Rusia 2018 en octavos de final al caer ante Francia, al cabo el campeón mundial. Pero si no hubiese sido Francia, el victimario de Argentina podría haber sido cualquier otro: era un equipo que estaba para el cachetazo absoluto, con un técnico que no supo amalgamar al conjunto y que además falló seriamente en la gestión del vestuario.

El contrato que Sampaoli tenía hasta después del Mundial de Qatar 2022 se hizo añicos: Tapia decidió despedirlo ya en Rusia. Diego Simeone, Mauricio Pochettino, Marcelo Gallardo y hasta Pep Guardiola sonaron como los nombres buscados por la AFA para reemplazar a Sampaoli, pero los cuatro hicieron saber de una u otra manera que no les interesaba dirigir a una Selección devastada desde las bases y en medio de una crisis dirigencial de la que aún trata de salir.

Lionel Scaloni, integrante del cuerpo técnico de Sampaoli en Rusia, fue convocado para dirigir a un seleccionado juvenil en el torneo de L'Alcudia, en España. El equipo lo ganó. Y entre la indiferencia de los técnicos top para con la Selección, Tapia le pidió que se hiciera cargo para los amistosos que la Selección mayor tenía que jugar ante Guatemala y Colombia, en septiembre del año pasado en Los Angeles. Lo que iba a ser un interinato hasta diciembre se transformó en una confirmación de Scaloni hasta después de la Copa América, en la que -según el Director de Selecciones, César Menotti- su trabajo será sujeto a evaluación.

Lo curioso es que la AFA designó al entrenador de la Selección (Scaloni) antes que al Director de Selecciones (Menotti), cuando debería haber sido al revés.

Entre las renuncias de históricos después del Mundial como Mascherano y Biglia, y la voluntad de Scaloni de iniciar una renovación en el plantel, a la Copa América vinieron solamente nueve futbolistas de los que estuvieron en Rusia: Armani, Otamendi, Tagliafico, Acuña, Lo Celso, Di María, Dybala, Messi y Agüero.

Argentina cuenta con el mejor futbolista del mundo (Lionel Messi), con el goleador del Manchester City (Sergio Agüero) y con un Angel Di María que casi siempre se destaca en un club poderoso de Europa como el PSG. Pero sacando a esos nombres que encandilan, el resto del plantel está conformado en líneas generales por buenos jugadores, pero no por figuras de primer nivel internacional.

En ese sentido, Argentina pierde claramente en la comparación individual con seleccionados como Brasil y acaso Colombia en Sudamérica, y parece estar en un plano de igualdad con otros seleccionados de esta parte del mundo, como Uruguay y Chile, actual bicampeón de América.

Desde ya que esto es materia discutible, pero al menos la realidad no desmiente estas sensaciones: en el ciclo Scaloni, Argentina jugó cuatro encuentros ante equipos sudamericanos y perdió tres (los amistosos ante Brasil y Venezuela, y en el debut en la Copa América de Brasil contra Colombia). El partido restante fue un empate ante el conjunto colombiano, en septiembre pasado en Estados Unidos.

Hay puestos, como el de ambos laterales o el de volante central, en el que los intérpretes evidencian un nivel marcadamente inferior al poderío que tienen otras Selecciones más poderosas, como Brasil, Francia, Alemania, España o Inglaterra.

Una cosa es contar con buenos jugadores y otra, muy diferente, con esa clase de futbolistas capaces de ofrecer un salto de calidad. Hoy Argentina tiene pocos jugadores con esas características, y por ahora tampoco cuenta con un funcionamiento colectivo que la sostenga.

El ciclo de Scaloni lleva diez partidos y por ahora no se notan demasiados motivos para el entusiasmo. En ese marco, ¿es imposible que Argentina gane la Copa América y se saque el lastre de los 26 años sin títulos en mayores? El formato del torneo (a los cuartos de final pasarán los dos primeros de cada grupo y los dos mejores terceros; y luego quedan tres partidos para ser campeón) vuelve más amigable esa chance para cualquier equipo bien enfocado y que cuente con ese indispensable viento a favor para ser campeón. Sin embargo, parece difícil y no sería lógico que a la vuelta olímpica en el Maracaná, el 7 de julio, la den Messi y compañía. Aunque esto es fútbol. Y en el fútbol nunca se sabe.

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