Lionel Messi se lamenta la derrota ante Colombia en el debut en la Copa América (Foto: REUTERS/Luisa Gonzalez)
Lionel Messi se lamenta la derrota ante Colombia en el debut en la Copa América (Foto: REUTERS/Luisa Gonzalez)

No se puede argentiniar toda la vida. Algún día, en cualquier torneo, habrá que aprender. Engañados por el escudo con dos viejas estrellas, por tener a Messi, por ser la tierra de Maradona, desde afuera se habló de un equipo candidato. Se le pidió jugar la final sin saber a qué podía jugar por lo menos un partido. La ilusión duró 90 minutos. Todo muy argentino. No se reconstruye una Selección en seis meses. No se arma un equipo para respaldar a Messi con una renovación tan violenta. No se elige a un entrenador porque los mejores dicen que no por TV y se acude al que está cerca sin valorar su preparación. El equipo de Scaloni fue lo que se debía esperar en el debut despojados del fanatismo de la camiseta. Una película repetida, sin 9 como el peor Sampaoli del Mundial y una derrota que limita la confianza.

Argentina hoy no es una potencia. Hay que dejar de creerse el ombligo del fútbol. Hay dos cracks, muchos jugadores normales y poco trabajo. Messi había jugado sólo un amistoso. Agüero, ninguno. No se puede contar Nicaragua, una despedida que sólo sirvió para que los hinchas se sacaran selfies cuando Messi les pasaba cerca. En ese contexto, Scaloni armó un equipo para jugar y el peor defecto fue que no tuvo juego. Messi arrancó en una posición más central con Agüero pero la pelota no le llegó. Se trató de ayudarlo con el raro invento de Lo Celso como volante derecho. No se aprende de errores del pasado. Hay que tener un plan. Más cuando los jugadores no te salvan. Si no, pasa lo de ayer. El primer tiempo fue de lo peor en largo tiempo.

Se chocó otra vez con Messi. Es mejor asumir eso, dónde está parada la Selección y no marearse con un optimismo vacío. Es cierto que se levantó con De Paul por el estacionado Di María. Y que en el mejor momento llegó el gol de Roger Martínez pasándolo por arriba a Saravia. Eso es más relevante: estudiar por qué la diferencia física que se vio en el Mundial se repite en Sudamérica. El Bambino Veira solía decir que los entrenadores mentían en las conferencias de prensa. El simpático de Ramón Díaz ha contado un montón de partidos que no se habían jugado como él decía. Habrá que pensar que Scaloni hará la autocrítica adentro. Que no es verdad que le gustó Argentina y que el problema fue el "estado lamentable de la cancha".

En ese césped maltratado la nueva Colombia de Queiroz ejecutó su plan contra Argentina. En ese piso desparejo Barrios fue figura y dejó expuesto que Boca lo extraña, aunque lo hayan tirado a los leones -desde afuera y desde adentro- por la expulsión con River. Eso sí, no fue culpa de ese campo que Agüero no jugara en su versión City. Ahí hay otro punto. Si Scaloni no quería jugar con dos centrodelanteros, por lo menos hubiera puesto a uno como Lautaro… Hizo entrar a Matías Suárez por el Kun. Feo recuerdo del falso 9 de Sampaoli con Francia. Los 9 valen millones, pero acá se empecinan en no usarlos.

Sola, ahora la Selección se ajustó la mochila que tanto ha padecido. No es cuestión de caer en el piensalindismo de que tal vez lo mejor sea quedar eliminado para reconstruirse. Sería una locura de tipos políticamente correctos que son guapos con los botines del otro. Hay que escaparle a las dudas de la derrota y corregir todo lo que se puede ahora. Así empezar a reconstruirse de verdad. Pensar que se le puede ganar a Paraguay y seguir no es una argentiniada de las que hacen mal.

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