El partido más importante de cualquier competición internacional es el primer partido. Porque el primer partido marca a través del resultado la afirmación o la negación del liderazgo. Cuando los jugadores regresan al vestuario una vez consumado el evento están esperando testear cuál es la verdadera calidad de quien los conduce. La derrota frente a Colombia les demuestra palmariamente a los jugadores argentinos que no tienen conducción, que el líder ha quedado deteriorado por cuanto así como había llegado trepando sobre escaleras mecánicas un lugar inmerecido, les resulta a los jugadores rápidamente detectable que el lugar al que arribó quien no debió arribar por falta de méritos, expertise, trayectoria, experiencia, camino recorrido, no merece conducirlos.
Ahora se produce la primera crisis, la primera minicrisis que es cómo hacemos para ganarle a Paraguay y asegurar en el último partido el punto necesario para pasar en una Copa América de 12, con dos invitados que son Japón y Qatar…

No le podemos creer a este muchacho, trajo jugadores sin jerarquía y formó un equipo que intentó tener una disciplina táctica pero sin un impronta. ¿Argentina fue a presionar arriba ? No. ¿Tuvo el balón? No. ¿Generó situaciones? No. ¿Tuvo volantes que salieran a romper? No.
Argentina tuvo una ráfaga en el segundo tiempo donde reentusiasmó a partir de la dinámica que le dio el ingreso de De Paul, encuentros con  Messi y algún acierto en el cabezazo de Otamendi que provocó un rebote y pudo haber sido el gol que le diera la apertura del marcador. Poco.

¿Usted me cree si yo le digo que hace medio siglo que no veo una selección argentina que en cuarenta y cinco minutos no pisó el área rival y no pateó al arco? Lo hizo recién el segundo tiempo con los dos tiros de paredes que tuvo gran respuesta en Ospina.

Estos inventos de un director técnico que no está capacitado para dirigir, a partir de un presidente que no está capacitado para elegir a un director técnico, a partir de una institución que no está demostrando capacidad para conducir este emblema del fútbol argentino, esto es la selección nacional.
Empieza un ríspido, empinado y difícil camino a partir de la derrota con Colombia, porque demuestra que Argentina no tiene conducción. Porque sacar a Agüero para poner a Matías Suárez cuando el partido estaba pidiendo un delantero más.

¿Di María está para jugar? ¿Quién manda en este equipo? ¿Tiene un caudillo? No. ¿Qué tiene? Tiene un mago, un primer violín en una sinfónica que desentona, que desafina, cuyo director no tiene la menor idea, ni del solfeo, ni de la música.

Esto es la selección argentina. Un equipo donde unos muchachos con buenas intenciones rodean al mejor jugador del mundo, quien les entrega toda la magia posible, pero que no alcanza. No hay más individualidades que ganen un partido. Hay individualidades que desequilibran un resultado, pero se necesita acompañar, y para acompañar se necesitan movimientos. Argentina no tuvo movimientos, tuvo posiciones estáticas.
Señores, empezamos una vez más el ritornello de la selección argentina confiada a alguien que no tiene trayectoria para conducirla y frente a un director de selecciones nacionales que se ha desinvolucrado: el señor César Luis Menotti, cuyo discurso es más fuerte que sus actitudes. Que no estuvo para dar la cara y no estará para darla en la toma de decisiones futuras.

Esto no compromete el pase a siguiente ronda porque pasan los segundos y los dos mejores terceros, y sería un escándalo mayúsculo que la selección no salga tercera en una zona de cuatro.
En el vestuario, el técnico se dio cuenta que en el fútbol no hay milagros, en el fútbol el trabajo del técnico es trabajar, liderar, impartir indicaciones para las cuales Scaloni no está capacitado.