La cancha de Gimnasia se transformó en un templo a cielo abierto (Foto: Reuters)
La cancha de Gimnasia se transformó en un templo a cielo abierto (Foto: Reuters)

Fue en la misa de 11.

La cancha de Gimnasia se transformó en un templo a cielo abierto.

Diego sumó a todos los Maradonas que existen dentro del mismo hombre, de su misma humanidad y tomó la legítima forma de aquello que en realidad es: un Dios pagano sin ateos.

El milagro no quedaba en el resultado otra vez adverso; los fieles se hicieron multitud en las tribunas para ver a su nuevo Dios dirigiendo al equipo con sus gestos de caudillo, sus quejas enfáticas al árbitro Diego Abal, los gritos de advertencia, el aliento a sus dirigidos, el dialogo leve con su ayudante el "Gallego" Méndez y el sermón litúrgico del insulto ante la contrariedad después del primer gol, el del "Pulpo" González cuando el balón le pasó entre las piernas a su arquero Alexis Martín Arias…

La lucha por sostener la categoría pasó a ser un hecho subsidiario para los hinchas de Gimnasia y Esgrima pues tener a Maradona de técnico les sublimiza la identidad, les estimula el orgullo y los convierte en actores de un hito histórico en la vida de la institución.

Los hinchas de Gimnasia en la previa del partido (Foto: Franco Fafasuli)
Los hinchas de Gimnasia en la previa del partido (Foto: Franco Fafasuli)

A ellos no les importó, ni les importará –por ahora– la derrota pues pasaron a ser parte de la vida de Maradona lo que también implica ser protagonistas principales del discurso de hoy. Cada vez que Maradona diga Gimnasia sonará en La Plata, Milán, Kuala Lumpur, Dakar o Barcelona. Será una palabra mágicamente universal que repetirán periodistas, jugadores, técnicos, dirigentes y hasta dignatarios de todo el mundo. Desde hace una semana, día de la emotiva presentación y aún ahora después del debut Gimnasia y Maradona son la suma infaltable de la información futbolística mundial y ello también quedó reflejado en el Aleluya final de las tribunas.

Uno de los tantos Maradonas Dios que existen ha bajado para volver a dirigir.

— ¿Cuál de todos ellos es quien estuvo en el banco frente a Racing?

— ¿Es el hijo emocionado que al recordar a Doña Tota y a Don Diego –sus padres– rememora un tiempo de pureza que no volverá?

— ¿Es el "Cebollita" que viajaba en la caja del Rastrojero desde Fiorito hasta La Paternal con su inolvidable viejo atrás para el abrazo eterno después de cada partido?

— ¿Es el padre sufriente y controversial del desencuentro familiar de estas horas?

— ¿Es el de la gloria y la inmortalidad napolitana?

— ¿Es quien al mencionar a Caniggia –presente en la cancha- se quiebra recordando la imposible lesión del imposible tobillo redondo, sanguinolento y deforme con el cual jugó igual ante Brasil a pesar de los ruegos médicos… Aquel Maradona que ya no queda, el símbolo místico de la camiseta argentina?

— ¿Cuál de todos los Maradona es el Maradona de hoy, el de ahora, el del banco de Gimnasia?

— ¿Es quien convierte a los amigos eternos… "por un rato" en enemigos irreconciliables "para siempre" como parte del amor sin tibiezas?

— ¿Es quien se siente invulnerablemente poderoso pues los poderosos del mundo como Sumos Pontífices, presidentes, primeros ministros, príncipes, jeques, emires, jefes de gobierno, se rindieron a sus pies?

— ¿Es quien se refunda tras cada oportunidad para inventar un sueño que lo sostenga vivo?

— ¿Es el de las frases célebres o es el de los hechos inconclusos ?

— Qué Maradona es el Maradona que transita éste hoy: ¿el hombre inteligente y lógico o el quimérico abanderado de una estudiantina?

— ¿Es sólo el actor de todos los libros que se escribieron sobre él, de todas las películas, de todas las biografías, de todas las canciones, de las miniseries, de los documentales, de los programas especiales?… ¿O es el hombre necesitado del afecto multitudinario y tangible que, como viéramos, sólo ofrecen las tribunas pletóricas con sus cánticos de incondicional amor?

La bandera de Maradona el día de su presentación (Foto: Agustín Marcarian / Reuters)
La bandera de Maradona el día de su presentación (Foto: Agustín Marcarian / Reuters)

Todos los Maradonas terminaran siendo el mismo hombre cuando haya que explicar su idolatría, su raza de uno. No hubo nadie antes ni habrá nadie después…

Bajo el sol primaveral del mediodía platense el mejor jugador de todos los tiempos le ha dado inmortalidad a su debut como director técnico de Gimnasia.

Este rostro barbado y redondo metido en su buzo gris y bajo la gorrita azul con su iniciales con el paso hacia el banco simulando firmeza a pesar de la operación de rodilla, la voz cascada, los gestos histriónicos y la emoción inocultada responden al único Dios del fútbol que el mundo reconoce y venera sin condiciones.

Para nuestros jóvenes Diego es uno más de ellos. Se identifican con eso de "patear el tablero" más el discurso protestatario, antisistema, rebelde, irredento, desafiante, provocador, denunciatorio y hasta solidario de un moderno "Robin Hood". Para esa enorme cantidad de jóvenes el personaje Maradona les resulta cuanto menos seductor. Si además lo dice el héroe del Mundial 86′ cuyos milagros y proezas ya les fueron contadas (y vistas) una, diez, cien… Mil veces, no resulta difícil entenderlo.

Los padres de esos chicos hoy superan los 55 años y avanzan hacia la franja de los 60. Ellos vieron, disfrutaron, sintieron y gozaron de aquel Mundial 86′; salieron a las calles, llenaron las plazas del país con emoción y orgullo, se sintieron privilegiados generacionales del último título mundial ganado por nuestra selección nacional, el hecho más grandioso y emocionante del fútbol argentino.

Maradona, cualquiera de los que fuere, une a esas dos generaciones de mujeres y hombres fundamentalistas del Dios a quien, como tal, no se lo juzga ni por lo que hace ni por lo que dice, toda vez que lo hecho lo redime de juicio alguno sobre aquello que diariamente dice.

En la conferencia de prensa tras el partido Diego volcó su salmo responsorial explicando todos los comos y los porqués de los "goles sucios" de Racing, de su dolor en el alma y del histrionismo de Coudet.

Antes de cerrar su triste domingo el Dios sin ateos habló en el vestuario con sus jugadores, los profetas de un milagro distante.

El sueño –acaso leve– de celebrar el regreso de Maradona había comenzado.

Amén.