Parecían dos calandrias disfrutando el apogeo de su vuelo.

Desde antes de aquel inolvidable Mundial Juvenil de Tokio (1979) el "Pelusa" (Diego) y el "Pelado" (Díaz) simbolizaban el sueño infinito del fútbol argentino.

Eran compañeros y amigos; compartían el pasado pobre, las habitaciones de hoteles soñados, los asientos de aviones impensados y los espacios de la ilusión.

En el campo, jugando, tenían códigos de entendimiento con la mirada y con la voz; cada uno sabía lo que el otro haría, que significaba un chiflido, un gesto, un sonido gutural, un monosílabo exclamado…

Ambos jugaron los 6 partidos del inolvidable seleccionado juvenil en el Mundial de Japón y entre los dos convirtieron 14 de los 20 goles del equipo: Ramón Díaz fue el goleador del torneo con 8 goles y Diego hizo 6.

Aquel fue un gran equipo y aunque nutrió a las selecciones futuras de muy buenas figuras, el "Pelado" y el "Pelusa" deslumbraron, tenían otro destino…

Decir Maradona y Díaz era como decir Pontoni y Martino; Coutinho y Pelé, Di Stefano y Puskas; Labruna y Loustau… Desde siempre los equipos tuvieron la asociación simbiótica que hicieron inevitable que dos fueran uno: Bochini y Bertoni; Babington y Brindisi; Silva y Acosta; Poy y Kempes; Palermo y Verón; Llop y "Tata" Martino; Diego Milito y Gustavo Bou; Batistuta y Latorre; Barros Schelotto y Riquelme… y tantas parejas más. En éstos binomios siempre hubo un crack y un supercrack: el dos por uno de la memoria jubilosa.

La relación entre Diego y Ramón se mantuvo intacta hasta el "Mundialito" de Uruguay, disputado en Montevideo en 1980. Disfrutaban ambos de una amistad tan diáfana como la piel que aún los envolvía. Y Menotti se sentía legítimamente orgulloso y esperanzado ya que después del estallido de Japón se venía el Mundial de España 82'.

Sin embargo se produjo un primer hecho que fue enfriando aquella emocionante simbiosis inicial entre los "compadres". Y tal suceso fue cuando Maradona firmó su contrato con Boca en 1981.

Fiel a su innegociable dogmatismo, Diego tenía claro que ahora él era un jugador de Boca y que el "Pelado" era un incipiente –luego glamoroso- ídolo de River. Y por lo tanto en la concentración del seleccionado en Villajoyosa (España 82') se comenzó a advertir que "los pibes" de Tokio habían deteriorado aquella química relacional que los aproximaba a la amistad fraternal.

Después de la Copa del Mundo de España 82' fue cuando se produjo la inexplicada ruptura entre Ramón Díaz y Diego Armando Maradona. Y coincidió con la contratación de ambos a clubes europeos – el "Pelado" al Nápoli y Maradona al Barcelona- más el significativo advenimiento de Carlos Salvador Bilardo como nuevo director técnico de la Selección Argentina.

(Archivo: Maximiliano Roldán)
(Archivo: Maximiliano Roldán)

Después de firmar su contrato con la AFA el 18 de Marzo de 1983 la primera acción de Bilardo fue viajar a Europa iniciando su gira en Barcelona para hablar con Diego Armando Maradona. La reunión se llevó a cabo en el hotel Princesa Sofía y Bilardo tal como se lo había anticipado a Julio Grondona –presidente de la AFA– fue a ofrecerle tres cosas a Diego:

.- 1) Ser el nuevo capitán del equipo en lugar del histórico Daniel Alberto Passarella;

.- 2) Otorgarle el derecho a jugar en el lugar del campo que prefiriese dentro del esquema táctico a adoptarse según cada rival y,

.- 3) Plantear en esa reunión y por única vez todo lo que le gustaría y todo lo que no le gustaría para el futuro de la selección.

Luego de aquella reunión entre Bilardo y Maradona a comienzos de abril de 1983, Ramón Díaz, quien había marcado 10 goles en 22 partidos con la camiseta argentina (0.46 de promedio), nunca más fue convocado para la selección.

No fue el único caso pues se sabe que el comienzo de una nueva era genera decantaciones e incorporaciones, pero probablemente Ramón Díaz haya tenido el legítimo derecho a sospechar que la simetría de ambas situaciones bien pudo atribuirse a una sugerencia de Diego en aquella reunión en la que Bilardo le confirió a Maradona facultades extraordinarias.

Hablé largamente sobre éste tema con Maradona. Fue en el 2000 en La Habana. Su testimonio formaría parte del libro autobiográfico "Yo soy el Diego de la Gente" (Editorial Planeta) cuya autoría compartí con el querido y prestigioso amigo Daniel Arcucci.

En tal oportunidad Diego me pidió enfáticamente publicar el siguiente testimonio (textual de la página 141):

…"Faltaba un montón todavía para que el Narigón definiera la lista, hasta de Juan Funes pobrecito se hablaba y Bilardo no lo llamó. Y antes del Mundial 86', apenas terminaron las Eliminatorias, declaré ¡públicamente!, que el Pelado nos vendría muy bien, ¡está escrito, está escrito!".

"Nunca le hice un planteo a nadie, lo juro por mis hijas, para sacar del medio a alguien. Al contrario, si a Bilardo alguna vez le hice un pedido fue para que dejara en el equipo a Caniggia. Y esto que quede escrito, lo digo por primera vez: si Bilardo dejaba afuera del Mundial 90' a Caniggia, yo… ¡no lo jugaba!".

"…Pero en lo de Ramón me quiero detener y repetir: lo juro por mis hijas, que es lo que más quiero en la vida, que yo nunca me opuse a que Ramón se sumara al seleccionado. El que nunca se planteó de llevarlo fue Bilardo… Él habrá pensado que yo estaba peleado con Ramón porque Ramón era amigo de Passarella y Passarella sí estaba enfrentado conmigo. Lo que Ramón Díaz hizo fue tirarse del lado de Passarella cuando Passarella se fue al Inter. ¡Y eso es lógico! Si Passarella se va al Inter o viceversa, me parece bárbaro que el Pelado haga las relaciones con quien más le convenga. Qué va hacer conmigo si yo en el 89' estaba en el Napoli. Me acuerdo que cuando el Inter salió campeón con el Pelado como figura, me crucé con él en la cancha y le grité, para se dejara de joder con la "gilada" del seleccionado: "¡Ojalá que Bilardo te llame, así te dejas de inventar boludeces!". Lo cierto es que un año después cuando Bilardo definió el equipo para Italia 90' el Pelado no hacía un gol ni en un arco de 20 metros".

"…Más todavía: ¿saben quién le enseñó a definir a Ramón? ¡Yo, Papito…! En el 79', cuando fuimos a jugar el Mundial Juvenil a Japón, le metí en la cabeza que para hacer goles no tenía por qué agujerear a los arqueros… El "cabeza de termo" le apuntaba al pecho, cerraba los ojos y ¡pum!, era un asesino, sí, pero no era un goleador… Después, aprendió. De nada, Ramón".

En aquellos años el Pelado también mostraba públicamente su fuerte personalidad y probablemente se haya convertido en el único jugador en responderle a Maradona cada vez que podía.

En tal sentido se recuerda un partido entre Mónaco (equipo en el cual jugaba Díaz) y la Selección Argentina -jugado el 10 de enero de 1990- en el cual el equipo francés ganó por 2 a 0. Díaz realizó una gran actuación a pesar de no haber convertido y después del encuentro declaró: "Creo que Bilardo no me quiere".

(Archivo: Maximiliano Roldán)
(Archivo: Maximiliano Roldán)

Un enviado especial de la revista El Gráfico le preguntó entonces a Ramón si podía reconstruir su amistad con Maradona, a lo que éste respondió: "Es un problema de él". En cambio cuando se lo preguntaban públicamente, Ramón prefería decir "sobre ese tema no hablo…".

Ya retirado como jugador y en calidad de director técnico de diferentes equipos haciendo gala de su manejo irónico transformó aquella respuesta en esta otra: "¿Quién? ¿Maradona? No… a ese señor no lo conozco". O ésta última de los años 90': "No fui a la Selección porque Diego le hizo elegir a Bilardo a sus amigos. El resto del país me quería a mí. Hasta el presidente Carlos Menem".

No obstante Emiliano, uno de los hijos del Pelado, ex jugador y ayudante técnico de su padre, le expresó a Diego su admiración incondicional, según su relato autobiográfico: "Qué me importa lo de mi viejo, eso lo arreglarán ustedes cuando puedan… Pero yo te adoro", nos contó Diego que le manifestó Emiliano y que tal confesión lo llenó de orgullo.

Hasta hoy en los umbrales de cumplirse 40 años del título Mundial en Japón, no lo han resuelto.

La hipótesis de los cenáculos con los cuales el fútbol ha transitado mesas, tertulias, confesiones, secretos y confidencias atribuyen a una estrategia de Bilardo el haber excluido a Ramón Díaz de la Selección Nacional del 86' para dejarlo más tranquilo a Maradona.

Archivo Maximiliano Roldán
Archivo Maximiliano Roldán

Más aún, dicen los amigos de la nocturnidad que el profesor Ricardo Echevarría, conductor excepcional de todos los grupos que tuvo a su cargo, intentó vanamente y muchas veces quitarle de la cabeza al Narigón que la amistad de Ramón Díaz con Passarella y la incondicional admiración de ambos con Menotti no constituía problema alguno para la convivencia de todos. Al parecer Bilardo tenía otra idea pues las declaraciones públicas de Menotti sobre aquella Selección eran lapidarias en el diagnótisco de un gran fracaso en el 86' y temía que si Passarella sumara adherentes a su caudillismo.

Es así como después de un partido amistoso ante el Napoli (2-1) en el San Paolo, se produjo una esperada reunión en la habitación de Bilardo en el hotel Royal.

Mientras el cuerpo técnico tomaba las últimas decisiones para armar la lista definitiva, Grondona sabiendo sobre el peso que tenía su palabra exclamaba "qué bien jugó Bertoni, está en un momento bárbaro". Era cierto pues Daniel había sido el jugador más destacado del encuentro.

Al término de la reunión, en las mesas de los dirigentes, de los amigos y de los periodistas se barajaban hipótesis con debate. Las opiniones eran que llevaría a Bertoni "por sugerencia" del "uno" o que se rendiría y llamaría al Pelado Díaz.

Bilardo mandó a llamar a Bertoni. Y éste fue el diálogo:

.- Daniel, muy bien, muy bien, eh. Te vi bien, bien. Pero te mandé a llamar para avisarte que voy a llevar a Valdano. Ojo eh, nada personal…-

.- ¿Y el otro punta? le preguntamos.-

.- El otro va a ser Pasculli… que hoy hizo un gol… (ex Argentinos Juniors, en ese momento en el Lecce).-

Atrás quedaron 37 años.

Los actores de esta historia no advirtieron que la vida al transcurrir los haría padres, abuelos; que pasarían de jóvenes con futuro a ex brillantes jugadores; que la pasión los extendería a ser directores técnicos de grandes equipos y hasta de selecciones nacionales; que los huesos habrían de doler, que se perdería la flexibilidad de las articulaciones, que ya no podrían volver a correr, picar, saltar, que la gloria sería un recuerdo, que la fama se reduciría a imágenes del pasado…

Archivo Maximiliano Roldán
Archivo Maximiliano Roldán

El último partido que jugó con la camiseta de Boca (27 de Octubre de 1997, River 1-Boca 2), Diego quiso saludar al Pelado, técnico de River y éste se negó. Acaso por la derrota, tal vez por algún resquemor o porque no permitió que su corazón se abriera…

El Pelado y Diego son un pasado glorioso con diferentes dimensiones. Son dos símbolos de un recuerdo imborrable. Son dos camisetas de una misma familia. Son dos gritos atronadores. Son la multitud esperanzada. Son el fútbol…

Hace 37 años que se deben un abrazo sin explicaciones.

Ustedes no pueden dejar esta vida sin decirse cuánto se quieren.

Archivo: Maximiliano Roldán