El programa de Canal 7 Tribuna Caliente, bajo la exitosa producción general de Gerardo Sofovich, transcurría con la intensidad que generan los debates futbolísticos. Una tribuna llena de hinchas espontáneos (aunque esa noche había algunas caras extrañas), un conductor –el querido Julio Ricardo– y unos panelistas que honraron al periodismo como Horacio Garcia Blanco, Carlos Juvenal y Roberto Ayala. También estaba y se fue de esta vida Guillermo Nimo, un pintoresco ex árbitro internacional convertido en crítico, quien cambiaba semanalmente sus boquillas y anillos de refulgentes piedras engarzadas en oro y tenía un rol destacado con un atril exclusivo. Por suerte, el restante compañero de aquel programa vive y trabaja: José Francisco Sanfilippo, el más grande definidor de área del fútbol argentino entre los '50 y los '60.

En la sala de maquillaje lo advertí algo excitado a quien era nuestro productor periodístico, el entrañable Diego Toni, hoy responsable de la programación de Canal 9. Eran las 21, faltaba una hora para salir al aire y Diego marcó el primer bloque.

-¿ Y después Diego como seguimos? -pregunté-.

-No se preocupen lo iremos armando sobre la marcha -nos respondió-.

Raro pero probable. A veces la tribuna te cambiaba el eje; igualmente extraño, siempre teníamos una pauta o referencia temática.

El único que sabía como seguiría el programa a partir del segundo bloque era él, pues, había convenido confidencialmente con astucia y olfato de enorme productor la sorpresiva presencia de Juan Martín Látigo Coggi (Campeón Mundial de peso Welter Jr), la de su manager el Puma Osvaldo Rivero, también el médico que siempre los acompañó Donato Tucho Villani y algún otro integrante de su equipo, cosa que no sabíamos ninguno de nosotros. Además, en las tribunas aquellas caras extrañas venían como hinchas de Coggi, muchos de ellos desde Brandsen en buses charter.

Fue un momento inolvidable de la televisión argentina de los '90 y mantiene su vigencia de clásico en YouTube.

Un campeón mundial reconocido por su guapeza, fulminante pegada, sentido del deportivismo va a buscar a un periodista que lo criticó y le recomendó que se retirara del boxeo al programa en el que éste actúa en vivo para entregarle con indisimulable sorna su preciado cinturón.

La crítica refería al hecho más vergonzoso que jamás se haya visto en la historia del boxeo argentino. Ocurrió en Tucumán la febril noche del 17 de diciembre de 1993. Coggi enfrentaba al colombiano Eder Gonzalez exponiendo su corona mundial welter junior en el marco de un acuerdo entre su manager Osvaldo Rivero, el entonces gobernador Palito Ortega y el Canal 9.

En el primer round Coggi, quien era zurdo, le dio una tremenda paliza a González. Hubo una descarga de seis izquierdas –su mano más temible- y dos derechazos que derribaron al colombiano. Parecía el final pues el referí venezolano Isidro Rodríguez bien pudo decretarlo. Sin embargo, aceptablemente le dio el pase a los 8" y la vuelta finalizó con amplísima ventaja para "Látigo". Ante el delirio del público.

Látigo Coggi y su hijo Martín (@BoxeoDCampeones)
Látigo Coggi y su hijo Martín (@BoxeoDCampeones)

Es así que tan pronto sonó la campana para el 2° asalto Coggi salió al ataque abierto y confiado para rematarlo. Impensadamente se encontró con un derechazo de Eder Gonzalez a la mandíbula. El golpe paralizó al campeón quien al intentar retroceder quedó un segundo inmóvil con los ojos muy abiertos fijando la mirada en un punto infinito; su boca desesperada y abierta rogaba aire, los puños caídos sin fuerza ni control iban de un lado hacia el otro cual péndulo inarmonioso a la altura de la cintura mientras las piernas dibujaban la figura del derrumbe sin poder evitar la pesada caída de espaldas tras un leve, errático y descontrolado paso hacia adelante.

El arbitro venezolano Isidro Rodríguez inició el conteo con exacerbante lentitud, sin animarse a decretar el nocaut cuando la caída del argentino había sobrepasado largamente los 10 segundos reglamentarios. El referí increíblemente aprovechó que Coggi se puso de pie bajo un peligrosísimo estado cerebeloso – inconsciente, perdido – y permitió una indebida continuidad que generó todo tipo de dramáticas y grotescas situaciones. La que mas se recuerda fue cuando Luis Spada (un argentino radicado en Panamá a quien siempre recordaremos bien, segundo principal de la esquina, asociado a Rivero) lo tomó de la cintura. Luego, presionando del elástico de su pantalón para que se mantuviera en pie, lo retrotrajo hacia las cuerdas. Allí lo sostuvo ya que Coggi al querer continuar había perdido la estabilidad y el dominio de su cuerpo. La alarma del peligro y el estado inconsciente de Látigo se encendió cuando intentó pasar perpendicularmente de un encordado al otro sin poder apoyar completamente sus pies sobre el piso del ring. Su imagen simulaba una marcha en avanzado estado de beodez. Ante semejante caos y viendo el estado absolutamente groggy de su adversario, González se anticipó a un supuesto final inminente y se abrazó con su entrenador Ricardo Sánchez Atocha, un maestro español que supo atender a Maravilla Martínez en sus primeras épocas en Madrid. Mientras tanto Osvaldo Rivero le ordenaba a viva voz a un tal Pedro que hiciera sonar la campana o que cortaran la luz, cosa a la que se opuso el gobernador "Palito" Ortega presente en el estadio Defensores de Villa Luján. Entonces gritó que descalificaran al colombiano por la invasión al ring de su segundo principal. Más tarde el supervisor Carlos Sánchez (Venezuela) entre la confusión y el estado apocalíptico del público le preguntaba a Rivero "¿y ahora que hacemos…?". "Tocá la campana", le ordenó Rivero nuevamente a Pedro y el round terminó a los 2 minutos y 38 segundos cuando faltaban 22 segundos para la finalización reglamentaria del asalto.

El descanso entre el 2° y el 3° round duró el doble, casi dos minutos. Fue así que en el siguiente asalto Coggi comenzó a recuperarse de una manera estoica ante el suspiro de la multitud; a esa vuelta le faltaron unos 20 segundos de disputa. Finalmente ganó en el 7° por nocaut de manera tan brillante como costosa en salud. La Asociación Mundial sancionó con tres años de suspensión al referí Isidro Rodríguez –fallecido en el 2011- e inhabilitó por seis meses con prohibición de subir a un ring a Luis Spada. Por cierto 90 días después de aquel bochorno en Tucumán, el más grave que se haya conocido, Coggi noqueó nuevamente a Eder Gonzalez –esta vez en el MGM de Las Vegas- y siguió su carrera con buenas y malas. Ya no fue el mismo brillante campeón que destronó a Patrizio Oliva, aquel que se impusiera a los mejores del Mundo tales como Harold Brazier, José Luis Ramírez o Frankie Randall entre muchos otros. Pero siempre que subió al ring en esta segunda parte de su extraordinaria carrera en la cual Rivero fue de fundamental soporte, ofreció generosamente todo cuanto tenía. Tanto es así que la Asociación Mundial del Boxeo lo consagró como "Boxeador del Año" en 1995 (75 peleas, 44 ganadas por K.O, 5 derrotas y 2 empates en 17 años de carrera) entregándóle el Cinturón de Oro.

La crítica de entonces no fue solo por el caos, el escándalo y la vergüenza que desnaturalizaron el espíritu deportivo del combate, produciendo el hecho más repudiable en la historia del boxeo argentino. Por cierto que reparé en todo aquello, pero le puse especial énfasis a la cuestión más importante: la humana, al estado de permeabilidad de Coggi a los golpes y sus efectos de consecuencias cerebrales. Me asustó la paralización inmediata de sus centros nerviosos.

Fue así que creí sentirme tranquilo si lo expresaba con la objetividad con la cual ví todo cuanto ocurriera y más de una vez. Lo mejor era retirarse del boxeo. También así debí abordar éste indeseable tema, el más penoso para un comentarista de boxeo años anteriores alrededor de grandes figuras de la época como Abel Laudonio, Hugo Rambaldi, Ramón La Cruz, Miguel Angel Campanino, Miguel Angel Castellini, Gregorio Peralta, entre muchos otros, pues los tiempos del boxeo quedaron relacionados con los años del cronista. Cuando expresé mi recomendación sobre la conveniencia de despedirse de los rings, Coggi se enojó mucho –hasta hoy – con invulnerable rencor. Y la verdad es que en mi intención estuvo la recomendación del retiro por cuanto los guapos y generosos tienen más riesgo de daño que los prudentes. Y Coggi fue un enorme campeón que guapeó siempre y siempre quedó expuesto a lo que afortunadamente nunca sucedió.

Coggi padre junto a su hijo arriba del ring

Hace una semana vi pelear a su hijo Martín Antonio a quien llaman El Principito. Lo recuerdo cuando niño con sus rulos rubios, su emoción fresca y llorosa de ojos celestes en los hombros de su padre después de triunfos memorables en Italia o en Francia. Una imagen conmovedora y fotográfica que transitó todas las geografías. Un niño hermoso, vivaz y tierno.

Martín Antonio además es comentarista de la cadena Fox para una de sus señales libres. O sea que alterna sus dos pasiones: boxeador y comentarista.

Martín Coggi como comentarista de boxeo

En su condición de boxeador realizó 47 peleas en 13 años pues debutó en 2005 a razón de "3 peleas y media" por año con 35 triunfos de los cuales 18 fueron K.O, 9 derrotas y 3 empates. Demasiado poco…

Más allá de estas cifras irrelevantes, Coggi (35 años) al igual que muchos hijos de otros ilustres campeones no pareciera tener las condiciones genéticas que lo aproximen a su padre. Tampoco está claro si es boxeador por el apellido, por la vocación o por la voluntad. Lo cierto es que el apellido y su condición de pugilista respaldan su trabajo de comentarista y frente a la cámara como comentarista estimula su vigencia como boxeador.

El nocaut que sufriera ante Sebastián Ezequiel Aguirre en el 2° round hace nueve días en Cutral-Có fue tremendo. El impacto del rosarino (26 años, 16 peleas, 10 ganadas por K.O y 3 derrotas) sobrevino al recibir una izquierda cruzada de enorme precisión , velocidad y mediano recorrido en el pleno mentón como respuesta a su fallida partida de derecha voleada.

El nocaut sufrido por el Principito Coggi

Lo grave fue su caída y el tiempo de recuperación de la conciencia acostado sobre la lona con la mirada perdida bajo la inmediata asistencia médica.

Volví a ver lo mismo que 24 años atrás con su padre: tensión, drama y alarma sobre el ring.

Y eso por ello que repetiré la recomendación: Principito, largá el boxeo, la televisión es más fácil…

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