Vladimir Putin y el titular de Gazprom, Alexei Miller, monitorean las obras del gasoducto Turk Stream. Foto: AFP.
Vladimir Putin y el titular de Gazprom, Alexei Miller, monitorean las obras del gasoducto Turk Stream. Foto: AFP.

"El acceso a recursos de gas natural más diversificados es una prioridad, ya que mantiene importantes volúmenes de importación de proveedores fiables", señalaba la Estrategia de Seguridad Energética que la Comisión Europea dio a conocer en 2014. En la actualidad el gigante ruso Gazprom sigue siendo el responsable del 34 % de las importaciones de gas europeas, y en algunos países bálticos y de Europa central y sudoriental la dependencia del gas ruso es casi absoluta.

Entre las opciones barajadas por la Comisión Europea para reducir esa dependencia energética, se encuentra la puesta en funcionamiento del Corredor Meridional, que permitiría la llegada de nuevos volúmenes de gas procedentes de la región del mar Caspio, y el aumento de las importaciones de gas natural licuado (GNL), un mercado que EE. UU. está muy interesado en apuntalar para impulsar las exportaciones de ese fluido.

En un escenario caracterizado por la reducción de la extracción doméstica de gas en los Países Bajos y el Reino Unido y una producción estable en Noruega, un informe de la aseguradora holandesa Atradius afirma que Rusia seguirá siendo "el candidato natural para cubrir las necesidades de gas de los países europeos", ya que "a pesar de la inquietud respecto de la seguridad energética, el comercio de gas entre Europa y Rusia es mutuamente beneficioso".

En el estudio, difundido en julio pasado, se describe la situación al día de hoy: "Rusia es actualmente el mayor productor de gas de Europa. En 2017, Gazprom suministró 192.000 millones de m3 al continente (Unión Europea y Turquía), lo que representa un aumento respecto de los 159.000 millones de m3 de 2015. La industria exportadora del gas ruso cuenta con una intrincada red de gasoductos que vinculan su producción al mercado europeo. Y, más recientemente, ha desarrollado instalaciones de GNL, cuyo primer envío por vía marítima se produjo en el cuarto trimestre de 2017".

"Desde el punto de vista de los costos, Gazprom –es decir, el gas ruso vía gasoducto– es el menos costoso de transportar a Europa", explicó a DEF Thierry Bros, investigador principal del Oxford Institute for Energy Studies (OIES). Este especialista aseguró que, por el momento, "Gazprom seguirá siendo la compañía que ofrezca el precio más económico, por lo que otras deberán asegurarse de que sus costos sean lo suficientemente bajos si pretenden ser competitivas y rentables en el mercado de la Unión Europea". En cuanto a la diversificación de la oferta de gas, manifestó: "Para que el mercado siga siendo competitivo, debemos evitar que una sola compañía controle una cuota demasiado grande del mercado; para evitarlo, la UE cuenta con la infraestructura adecuada que le permite abastecerse de otras fuentes de suministro".

NORD STREAM 2
En el marco del sistema de transporte del gas ruso, un proyecto que ha generado posiciones encontradas de uno y otro lado del Atlántico, y que ha sido motivo de queja del propio presidente estadounidense Donald Trump, es el gasoducto Nord Stream 2, que permitirá duplicar en el corto plazo los volúmenes de gas ruso transportados a través del mar Báltico hacia Alemania, al pasar de una capacidad instalada actual de 55.000 a 110.000 millones de m3 anuales. El consorcio encargado de su construcción está encabezado por Gazprom (50 %) y de él participan Shell, la francesa Engie (antigua GDF Suez), la austríaca OMV y las alemanas Uniper y Wintershall.

Sus impulsores defienden la ecuación económica del gasoducto, que permitiría además sortear el territorio de Ucrania, a través del cual ingresó en 2017 el 48 % del gas ruso transportado hacia los países europeos. "La UE quiere que el tránsito a través de Ucrania continué luego del 31 de diciembre de 2019", advirtió Thierry Bros, en referencia a la fecha de expiración del contrato entre Gazprom y la compañía ucraniana Naftogaz. "La cuestión es cuánto gas (20.000 o 70.000 millones de m3 anuales) y a qué precio; para lo cual, Ucrania tendrá que ser más competitiva al
fijar su tarifa de tránsito y asegurarse, de ese modo, el transporte de un mayor volumen de gas a través de su sistema", agregó.

"Algunos países de Europa Occidental, liderados por Alemania, tienden a percibir el Nord Stream 2 como un proyecto puramente económico y argumentan que responde a la demanda de los agentes del mercado, de las compañías gasíferas y de la industria", advierte el informe "Nord Stream 2: Divide et Impera again?", publicado por el Centro Europeo de Estrategia Política, grupo de reflexión de la Comisión Europea, en octubre del año pasado. Sin embargo, añade, "los países de Europa Central, encabezados por Polonia, consideran a Rusia, primero y ante todo, como una amenaza política, y al Nord Stream 2 como un caballo de Troya en el mercado energético de la UE".

LA ALTERNATIVA DESDE EL MAR CASPIO
En la búsqueda de diversificación de sus fuentes de aprovisionamiento, una ruta que ha sido ampliamente publicitada y promovida por la Comisión Europea es el denominado "Corredor Meridional" –Southern Gas Corridor (SGC)–, que permitirá transportar el gas del yacimiento azerí Shah Deniz 2 –ubicado en el mar Caspio– al mercado europeo. El sistema está integrado por una red de tres ductos: el Gasoducto del Cáucaso Sur (SGP), el Gasoducto Transanatólico (TANAP) y el Gasoducto Transadriático (TAP). El consorcio operador, encabezado por BP (ex British Petroleum), cuenta con una capacidad de transporte de 6.000 millones de m3 anuales de gas a Turquía, a través del TANAP –recientemente inaugurado–, y sumará 10.000 millones de m3 anuales adicionales, que serán transportados al mercado europeo a través de Grecia, Albania e Italia, una vez que se ponga en marcha el TAP, previsto para 2020.

(Archivo DEF)
(Archivo DEF)

Pensado como alternativa al gas procedente de Rusia, el Corredor Meridional también reforzará el rol de Turquía como nodo energético. Desde 2003 transita, a través del territorio turco, el gasoducto Blue Stream, operado por Gazprom y el grupo italiano ENI; y próximamente lo hará también el TurkStream, proyecto encarado por Gazprom y la compañía turca Botas. Desde una perspectiva estratégica y de costos, la "única ventaja" del TAP es, a juicio de Thierry Bros, la diversificación de las fuentes de abastecimiento y su contribución a la seguridad del suministro de gas a los mercados europeos.

"No implicará un costo adicional para los consumidores de la UE, ya que todo el gas es vendido en los hubs (nodos de distribución) a precios de mercado; es el proveedor el que deberá garantizar que ese gas más costoso pueda seguir siendo comercializado de manera rentable en Europa", concluyó.

Con vistas al logro de una mayor flexibilidad en el suministro y como respuesta a cortes abruptos en períodos invernales, como los ocurridos en 2006 y en 2009 durante sendas crisis protagonizadas por Rusia y Ucrania, una alternativa viable es el gas natural licuado (GNL).

En 2017, el GNL representó el 12 % de las importaciones totales de gas de países extra UE, aunque las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) indican que la demanda europea podría aumentar hasta un 20 % de aquí a 2040. El mayor proveedor es Qatar, país de origen del 41 % de los embarques de GNL destinados a la UE, seguido por Argelia (17 %), Perú (7 %), Noruega (7 %), EE. UU. (4 %) y Trinidad y Tobago (3 %).

"Europa está bien posicionada para importar más GNL", afirma el informe de Atradius, en el que se detalla que la actual capacidad de regasificación en terminales de la UE asciende a 230.000 millones de m3 anuales. Si bien, por un lado, la consultora recuerda que el GNL es más caro que el gas procedente de Rusia y transportado vía gasoducto, también señala que la abundante disponibilidad de GNL funcionaría como "un techo" al precio del gas ruso. Por su parte, luego del encuentro que mantuvo en julio pasado con Trump en la Casa Blanca, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, declaró que "el aumento de las exportaciones de GNL estadounidense, si son a un precio competitivo, podrían desempeñar un papel creciente y estratégico en el abastecimiento de gas a la UE".

HACIA UN MERCADO INTERCONECTADO
En el contexto de la publicitada estrategia de seguridad energética, el dato paradójico es que la infraestructura europea de transporte de gas se encuentra actualmente subutilizada: se usa el 58 % de la capacidad instalada de los gasoductos y apenas el 30 % de las terminales de regasificación de GNL. Los expertos coinciden en que la capacidad ociosa del sistema significa que la UE cuenta con un margen de maniobra suficiente para garantizar el abastecimiento ante cualquier imprevisto. Sin embargo, para aprovechar esa flexibilidad del sistema, se necesita encarar una serie de obras que permitirían mejorar las interconexiones en el continente y reducir su dependencia del gas ruso.

Un trabajador de Gazprom en la planta de Novoprtovskoye, ubicada en la península de Yamal. Foto: AFP.
Un trabajador de Gazprom en la planta de Novoprtovskoye, ubicada en la península de Yamal. Foto: AFP.

Una de las infraestructuras prioritarias es el Conector del Báltico, cuya construcción acaba de iniciarse y permitirá, de aquí a 2020, romper el aislamiento energético de Finlandia, conectar su red a la de Estonia e integrarse, de ese modo, al sistema europeo de gasoductos. Otra es el Interconector Polonia-Lituania (GIPL), que buscará consolidar la integración de los países bálticos al mercado europeo. Por su parte, el Corredor Norte-Sur pretende impulsar el acceso de los países centroeuropeos al GNL procedente de las terminales de regasificación de Swinoujscie (Polonia), sobre el mar Báltico, y Adria LNG, en la isla de Krk (Croacia), sobre el Adriático. En el flanco meridional, las inteconexiones entre Grecia y Bulgaria y entre Bulgaria y Serbia apuntan a diversificar las fuentes de abastecimiento de los Balcanes, al brindarles acceso al gas del Caspio que será transportado por el Corredor Meridional.

Lo que la Unión Europea necesita, en definitiva, es garantizar a sus ciudadanos y a sus empresas la seguridad energética a precios competitivos. Así lo sintetizó el comisario europeo para la Acción Climática y la Energía, Miguel Arias Cañete, en la 4.ª Cumbre Energética, que tuvo lugar en abril de este año en Bruselas: "Si se observa la situación geopolítica y energética en el corto plazo, está claro que Rusia seguirá siendo un proveedor energético clave para la UE. Lo importante es asegurarnos de que sus suministros estén sujetos a la presión competitiva de otras fuentes de abastecimiento y que estas estén disponibles y en condiciones de competir en cualquier punto del mercado".

*La versión original de esta nota fue publicada en la revista DEF N. 123