
Las emisiones de gases, como el carbono y el metano, son uno de los grandes problemas ambientales que atraviesa la humanidad. En la COP26, la última cumbre internacional sobre el clima, se propuso el acuerdo de reducir el 30 % de las emisiones para 2030 y erradicarlas por completo en 2050. Según la ONU, la temperatura actual es de 1,1 grados superior a la de la Era preindustrial, lo que conduce a cataclismos varios: incendios, inundaciones y huracanes.
“Las emisiones de gases de efecto invernadero por acciones antrópicas son las que producen un incremento que tiene como consecuencia el calentamiento global, que, a su vez, produce una distorsión del clima y es parte de una problemática mayor: el cambio global”, explicó a DEF Fabián Román, presidente de Fundación Plan21, ONG enfocada en el desarrollo humano sostenible de América Latina y el Caribe.
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Con este panorama, la reducción de las emisiones es un imperativo. Las grandes ciudades, por su cantidad de habitantes y gran nivel de consumo, son especialmente interpeladas por el desafío. En 2018, las emisiones en la ciudad de Buenos Aires fueron de 11.743.110 toneladas de dióxido de carbono equivalente (CO2eq). El 53 % correspondió al sector de la energía; el 30 % al transporte y el 17 % a los residuos. A modo de referencia, vale examinar el desempeño de otras metrópolis del mundo: París emite 5.106.727 CO2eq anuales, la mitad. Madrid, por su parte, emite 10.381.110. En Latinoamérica, Lima emitió 15.789.438, y San Pablo, 15.523.015. Uno de los centros urbanos con mayor emisión de gases de efecto invernadero es Nueva York, con 38.275.608 CO2eq.

El compromiso de la ciudad de Buenos Aires es reducir las emisiones en un 53 % hacia 2030, y en un ambicioso 84 % al llegar al año 2050. Los antecedentes son moderadamente favorables: según la Secretaría de Ambiente de la Ciudad, entre 2013 y 2018 hubo una disminución del 15 %, porcentaje que se explica por una baja en el consumo de gas natural y el reemplazo de los combustibles fósiles para generar electricidad.
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LAS GRANDES CIUDADES: UN PROBLEMA METROPOLITANO
El año pasado, una estadística sacudió el mundo: 25 megaciudades son responsables del 52 % de las emisiones urbanas de gases. La mayoría está ubicada en China, Japón, Rusia, Alemania y Francia. El estudio fue publicado en la revista Frontiers in Sustainable Cities y analizó la producción de gases de efecto invernadero (GEI) en 167 ciudades de todo el planeta.
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“Las grandes ciudades son responsables de buena parte de la emisión de gases de efecto invernadero”, señaló Román, “especialmente ligados a la gestión de los residuos sólidos urbanos, ya que los modos de procesarlos en una gran ciudad están vinculados a energías que tienen algún nivel de emisión”.

En Buenos Aires, de acuerdo con la Secretaría de Ambiente, en el sector energético, las emisiones se explican por el consumo de electricidad y combustibles, sobre todo el gas natural, en viviendas y edificios. En cuanto al transporte, lidera el consumo de combustibles y electricidad por parte de automóviles particulares y transporte público. “En una gran ciudad, es importante la emisión per cápita por el consumo, por la movilidad”, explica Román y agrega: “También está el aporte del consumo de energía eléctrica: en Argentina, la electricidad se produce en parte por la quema de combustibles fósiles, puesto que el consumo eléctrico en las grandes ciudades, que son grandes consumidores, contribuye con la emisión de gases”.
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Otro aspecto crucial es la forma en la que se tratan los residuos. Las emisiones relacionadas con los residuos provienen de los rellenos sanitarios. Y, en menor medida, del tratamiento biológico de tales desechos y las aguas residuales. “Los procesos vinculados a gestión de residuos se hacen a través de rellenos sanitarios que producen una gran emisión de metano, un gas de efecto invernadero mucho más poderoso que el dióxido de carbono”, explica Román.
EMISIÓN DE GASES EN GRANDES CIUDADES: SOLUCIONES A LA VISTA
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Los autores del informe publicado en la revista citada hacen hincapié en el control de las energías estacionarias, las generadas en edificios e instalaciones, y las vinculadas al transporte. En particular, el equipo propone identificar los “sectores clave” en la contaminación de las urbes, y, por otra parte, activar inventarios globales de emisiones para monitorear y registrar en qué medida se cumplen o no los objetivos de reducción de contaminantes.

Para Fabián Román, la clave es tener en cuenta las nuevas formas de consumo. “Consumo consciente, el consumo climáticamente inteligente, la producción responsable. Y políticas públicas alineadas con estas nuevas demandas. Las nuevas generaciones son más sensibles a problemáticas como el cambio climático, y eso debería generar una oportunidad en términos económicos: facilitar políticas que faciliten la aparición de innovación y emprendimiento relacionados a estos nuevos mercados”.
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En cuanto a la ciudad de Buenos Aires, el presidente de Fundación Plan21 reconoce avances e iniciativas, “pero, por el tamaño y la riqueza de la ciudad, por su capacidad para desarrollar políticas que estimulen otras regiones y ciudades, podríamos exigirle mucho más. Por ejemplo, avanzar más rápido con la gestión de residuos sólidos urbanos con plantas de tratamiento que permitan reducir la cantidad de materia orgánica que llega, particularmente rellenos sanitarios, facilitar el uso de energías limpias a nivel doméstico y oficinas, mejorar los espacios verdes y gestionar adecuadamente sus espacios”.
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