Venezuela, el día después del terremoto: “El cerebro registró una amenaza mortal”

La tragedia provocada por el terremoto dejó una profunda huella emocional en Venezuela. La psicóloga Cecilia Salas, especialista en intervención en crisis, analizó con DEF las secuelas del sismo, desde el shock inicial hasta el duelo y el estrés postraumático

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En los días posteriores, cuando el peligro inmediato disminuye, irrumpen la ansiedad extrema, la hipervigilancia, la irritabilidad, el llanto inconsolable y dificultades severas para conciliar el sueño (Foto: Reuters)
En los días posteriores, cuando el peligro inmediato disminuye, irrumpen la ansiedad extrema, la hipervigilancia, la irritabilidad, el llanto inconsolable y dificultades severas para conciliar el sueño (Foto: Reuters)

A medida que pasan los días luego del terremoto de Venezuela, el miedo, la incertidumbre y el duelo se adueñan de las emociones de los venezolanos, que, tras el terremoto, comienzan a sentir el otro impacto de la catástrofe: el psicológico.

¿Cómo se reconstruye una ciudad marcada por el trauma colectivo y qué desafíos supone la recuperación emocional? Para responder este interrogante, DEF consultó a Cecilia Salas, psicóloga, consejera de estrés en Naciones Unidas y directora ejecutiva de la Fundación Casaclub Argentina.

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“​El equipo de respuesta debe mapear con precisión matemática tres conceptos que suelen confundirse, pero que son abismalmente distintos: reacciones vs. experiencias vs. trauma”, explica la especialista en salud mental comunitaria, rehabilitación psicosocial e intervención en crisis.

Para ella, estos conceptos marcan la diferencia entre respuestas fisiológicas y emocionales automáticas (taquicardia, llanto, temblores, insomnio o embotamiento, por ejemplo) en eventos normales. “Son esperables, adaptativas y temporales, duran entre unas horas y cuatro semanas. No son una enfermedad; son la cordura intentando asimilar la locura del entorno”, detalla.

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En cuanto a las experiencias potencialmente traumáticas, Salas remarca que se relacionan con eventos externos y objetivos, como el terremoto, el colapso de la casa o presenciar una muerte. Son potenciales porque, en la mayoría de los casos, los seres humanos logran recuperarse, con tiempo y apoyo social, sin desarrollar un trauma crónico. “El evento es devastador, pero el desenlace depende de la respuesta posterior”, agrega, antes de meterse de lleno en lo que respecta al trauma.

Cecilia Salas es psicóloga, consejera de estrés en Naciones Unidas y directora ejecutiva de la Fundación Casaclub Argentina (Foto: Fernando Calzada)
Cecilia Salas es psicóloga, consejera de estrés en Naciones Unidas y directora ejecutiva de la Fundación Casaclub Argentina (Foto: Fernando Calzada)

“Para que el impacto deje de ser una reacción de estrés agudo y se consolide formalmente como un trastorno por estrés postraumático (TEPT), las manifestaciones deben persistir por más de un mes y cumplir estrictamente con estas cuatro características. En primer lugar, el criterio de exposición, es decir, la amenaza vital, relacionada con haber estado expuesto directamente a la muerte, a una lesión grave o a una amenaza real a la integridad física, o bien ser testigo directo de ello en otros. Esto implica haber sentido de cerca la inminencia del fin. En segundo lugar, también se habla de los síntomas de intrusión: el cerebro pierde la capacidad de archivar el sismo en el pasado. El evento se ‘reproduce’ en el presente en contra de la voluntad de la persona a través de pesadillas recurrentes y flashbacks, en los que siente como si estuviera temblando aquí y ahora, y actúa en consecuencia”.

En línea con las características del trauma, Cecilia también se refiere como tercer factor a las conductas de evitación, los momentos en que la persona altera drásticamente su rutina para evitar cualquier estímulo asociado al desastre, con actitudes como negarse a entrar a edificios, no hablar del tema, aislarse por completo, lo que limita severamente su funcionamiento normal. Y, por último, señala las hiperalertas y alteraciones cognitivas, reflejo de un sistema nervioso atascado: “El cuerpo se queda atrapado en modo de supervivencia. Esto se traduce en hipervigilancia extrema –sobresaltarse exageradamente ante el menor ruido–, culpa persistente distorsionada –¿debí haber corrido más rápido’– e incapacidad para sentir emociones positivas”.

“Para que el impacto deje de ser una reacción de estrés agudo y se consolide formalmente como un trastorno por estrés postraumático (TEPT), las manifestaciones deben persistir por más de un mes y cumplir estrictamente con estas cuatro características", explicó Salas  (Foto: Reuters)
“Para que el impacto deje de ser una reacción de estrés agudo y se consolide formalmente como un trastorno por estrés postraumático (TEPT), las manifestaciones deben persistir por más de un mes y cumplir estrictamente con estas cuatro características", explicó Salas (Foto: Reuters)

¿Qué pasa en la mente humana tras una catástrofe?

-Después de un terremoto, ¿cuáles son las reacciones emocionales más frecuentes en las primeras horas y días?

-​En las primeras, horas domina el estado de shock, la incredulidad y la desorientación; el cerebro activa respuestas automáticas de supervivencia, como lucha, huida o congelamiento.

En los días posteriores, cuando el peligro inmediato disminuye, irrumpen la ansiedad extrema, la hipervigilancia, la irritabilidad, el llanto inconsolable y dificultades severas para conciliar el sueño. Es una montaña rusa emocional perfectamente normal ante un evento completamente anormal.

-¿Cómo diferenciar una respuesta normal al trauma de una señal de alarma?

-Una respuesta normal puede ser sentir miedo, angustia o tener pesadillas. Pero eso no impide comer, comunicarse, mantener la higiene y cuidar de sí mismo o de otros a pesar del malestar. Estas reacciones son intensas pero adaptativas, y suelen disminuir gradualmente en las primeras semanas.

En línea con las características del trauma, Cecilia también se refiere como tercer factor a las conductas de evitación, los momentos en que la persona altera drásticamente su rutina para evitar cualquier estímulo asociado al desastre (Foto: Reuters)
En línea con las características del trauma, Cecilia también se refiere como tercer factor a las conductas de evitación, los momentos en que la persona altera drásticamente su rutina para evitar cualquier estímulo asociado al desastre (Foto: Reuters)

En cambio, una señal de alarma requiere atención profesional. Está relacionada con la desconexión total de la realidad, llamada disociación severa; conductas agresivas o autodestructivas; parálisis extrema que impida ponerse a salvo; mutismo, o la persistencia de los síntomas sin ninguna mejoría tras un mes.

“​Las réplicas provocan un fenómeno llamado retraumatización”

-Incluso cuando ya pasó el terremoto, ¿es esperable sentir miedo?

-Absolutamente. El miedo no se apaga con un interruptor cuando la tierra deja de moverse. El cerebro registró una amenaza mortal y permanece en modo de “alerta máxima”.

Cualquier sonido fuerte, la vibración de un camión o una sombra puede activar una falsa alarma, recordándonos que el peligro existió y que nuestra vulnerabilidad es real. El miedo posterior es un mecanismo de protección biológica, no una debilidad.

-¿Qué sucede psicológicamente cuando continúan las réplicas?

-​Las réplicas provocan un fenómeno llamado retraumatización. Cada réplica reinicia el ciclo de estrés físico y emocional e impide que el sistema nervioso se calme y comience a procesar lo vivido.

Psicológicamente, esto destruye la predictibilidad y genera una profunda sensación de indefensión: la persona siente que el peligro nunca termina, lo que agota severamente sus reservas de energía mental y cognitiva.

-¿Cómo viven los niños una experiencia tan traumática?

-​Los niños procesan el trauma de forma distinta según su edad, y sus termómetros emocionales son los adultos que los rodean. Suelen manifestar el impacto a través del cuerpo y la conducta. Pueden existir regresiones, como volver a orinarse en la cama, succionar el pulgar o pedir biberón; apegamiento excesivo, que es el miedo paralizante a separarse un solo segundo de sus cuidadores; y juego repetitivo, es decir, recrear el terremoto o el derrumbe una y otra vez con sus juguetes. Esa es su forma natural de intentar procesar y dominar lo que pasó.

"Una respuesta normal puede ser sentir miedo, angustia o tener pesadillas, pero eso no impide comer, comunicarse, mantener la higiene y cuidar de sí mismo o de otros a pesar del malestar" explica la psicóloga especialista (Foto: AP)
"Una respuesta normal puede ser sentir miedo, angustia o tener pesadillas, pero eso no impide comer, comunicarse, mantener la higiene y cuidar de sí mismo o de otros a pesar del malestar" explica la psicóloga especialista (Foto: AP)

-¿Qué síntomas pueden aparecer en personas que perdieron familiares, su hogar o sus pertenencias?

-El trauma del sismo se cruza con el impacto del despojo absoluto. Suele aparecer la culpa del sobreviviente: preguntarse de forma obsesiva y angustiante “¿Por qué yo me salvé y ellos no?”.

También el vacío y la desolación absoluta, ya que la pérdida del hogar destruye la identidad, los recuerdos y la base de seguridad material de una persona, y la sintomatización física y el embotamiento, que se manifiestan en dolores crónicos, opresión en el pecho, fatiga extrema y un estado de apatía profunda.

Techo, agua y salud mental

-¿Cómo suele actuar un equipo de salud mental en un contexto como este?

-Un equipo de salud mental en emergencias no hace psicoterapia tradicional de diván. Actúa directamente en el terreno ofreciendo “triaje psicosocial”: identifica a las personas en crisis extrema, estabiliza los ataques de pánico, facilita la reagrupación familiar, brinda psicoeducación sobre síntomas normales y coordina con los equipos logísticos y médicos. No hay salud mental posible sin techo, agua y comida asegurados.

-¿Cuál es el rol de los primeros auxilios psicológicos (PAP) durante una emergencia?

-​Los PAP son el equivalente a un vendaje o un torniquete, pero para la estructura emocional. Su objetivo no es curar el trauma ni hacer terapia, sino estabilizar emocionalmente a la persona en las primeras horas para evitar que el daño psicológico se profundice. Se centran en calmar, proteger de mayores estímulos estresantes y conectar a los afectados con sus redes de apoyo.

​Las réplicas provocan un fenómeno llamado retraumatización (Foto: AP)
​Las réplicas provocan un fenómeno llamado retraumatización (Foto: AP)

-Ante la incertidumbre del futuro, ¿qué sucede con la salud mental?​

-La incertidumbre es uno de los mayores desgastantes de la mente humana. Sin un “mañana” predecible (dónde voy a vivir o cómo voy a trabajar), el cerebro se agota intentando planificar para infinitos escenarios catastróficos. Esto cronifica el estrés, eleva los niveles de cortisol y suele derivar en trastornos de ansiedad generalizada, depresión y una profunda desesperanza que paraliza la capacidad de tomar decisiones básicas.

-¿Qué estrategias ayudan a recuperar la sensación de seguridad después de una catástrofe?

-​Para devolverle la calma al sistema nervioso, debemos reconstruir el control en lo pequeño. ​Adoptar rutinas mínimas, como establecer horarios fijos para comer, dormir o asearse, aunque se esté en un refugio temporal; contar con información oficial y limitada, es decir, evitar la sobreexposición a imágenes trágicas o rumores en redes; y promover la acción comunitaria, que ayuda a la persona a sentirse útil colaborando en, por ejemplo, repartir agua u organizar la ropa, ya que esto cambia el rol de “víctima pasiva” a “actor clave” de la reconstrucción.

-En una tragedia de esta magnitud, ¿cómo comienza el proceso de duelo?

-​El duelo por muerte súbita y violenta comienza con una profunda fase de negación y shock. Al no haber una despedida previa ni ritos funerarios tradicionales debido al colapso, el cerebro se resiste a aceptar la realidad. El proceso inicial se centra estrictamente en la contención: acompañar en el dolor en silencio, validar el llanto y la rabia, y ayudar a gestionar con dignidad los trámites de identificación, momentos sumamente desgarradores.

“La resiliencia es un proceso colectivo”

-Muchos argentinos tienen familiares o amigos en Venezuela y viven la angustia a la distancia, ¿cómo pueden manejar esa ansiedad?

-​La distancia geográfica amplifica de forma exponencial la impotencia. Para manejar esta ansiedad, se recomienda, de forma técnica, pactar canales y horarios –acordar señales simples, como un mensaje corto que diga “estamos bien, sin novedad”–, para evitar el colapso de las redes y la desesperación por falta de respuesta instantánea; ​canalizar la energía en acciones proactivas, como organizar recolecciones de fondos, apoyo logístico o difusión de información verificada desde el exterior; y cuidar la propia ecología mental, al reconocer que estar paralizado de angustia lejos de casa no ayuda a quienes están en el terreno. Mantener la propia estabilidad es la mejor manera de ser un pilar de apoyo cuando logren comunicarse.

​El duelo por muerte súbita y violenta comienza con una profunda fase de negación y shock
​El duelo por muerte súbita y violenta comienza con una profunda fase de negación y shock

-¿Qué puede hacer cualquier persona para brindar contención emocional sin ser profesional?

-​Cualquier ciudadano puede aplicar de forma efectiva los tres pilares operativos de los PAP, que son los siguientes.​ Observar, ver quién necesita ayuda urgente, quién está en shock y si la zona es segura; escuchar, acercarse, preguntar qué necesita, permitir que hable si lo desea, sin presionar y eliminando por completo frases vacías como “todo va a estar bien” o “tienes que ser fuerte”; y conectar, ayudar a esa persona a comunicarse con sus seres queridos y dirigirla hacia los puntos oficiales de asistencia médica, agua y refugio.

-¿Qué importancia tiene el apoyo comunitario en la recuperación?

-​Es el factor protector más potente que existe en la psicología del desastre. El tejido social salva vidas y mentes. Cuando los vecinos se organizan, cocinan juntos, se cuidan mutuamente y comparten el dolor, se destruye el aislamiento destructivo que el trauma intenta imponer. La resiliencia no es una virtud puramente individual, es un proceso colectivo. Las comunidades unidas reducen drásticamente las secuelas psicológicas a largo plazo.

-¿Qué aprendizaje dejan las grandes catástrofes sobre la importancia de la salud mental en la respuesta humanitaria?

-​El aprendizaje histórico de la gestión de desastres es contundente: la salud mental no es un lujo de segunda fase, es una necesidad de primera línea. Un cuerpo rescatado de los escombros necesita cirugía y un techo, pero también contención inmediata para soportar el peso emocional de haber sobrevivido.

Si no se integra la respuesta psicosocial desde el primer día, junto a la entrega de agua y medicinas, las heridas invisibles se cronifican, y eso compromete gravemente el futuro, la productividad y la reconstrucción de todo un país.

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